OPINIóN
Actualizado 23/02/2026 20:31:44
Charo Alonso

Aunque la noche deja una pátina de hielo crujiente como azúcar, brillante ante la luz, el sol nos regala ese calor mínimo y consolador tras la lluvia, la niebla, la humedad que nos adorna de verde, el frío que nos ha encogido. Sale el sol y se estira el gato, se sienta en el banco el viejo, se recorta la sombra de nuestros quehaceres y se deja ver, en los árboles de la rotonda, una yema deseosa de abrirse, plena de promesas.

La primavera llegará como siempre, sin aviso, sin más preparación que la tierra que ayer se levantó, mollar como el pan, negra de agua y de agradecimiento. Hay que preparar la siembra del bulbo pero en algunos lugares, todo está estancado, pútrido, agua que corre o se deja acariciar de verdines. Es el invierno que continúa, frío, inusualmente húmedo, inglés, extraño, pero que nos regala la virtud del río henchido, la posibilidad del goce de una primavera esplendorosa.

Agua y agua en las presas de nuestro desaliento. En las carreteras que se hunden, las paredes que se derraman, las vías que se tuercen. No sabemos mantener el trabajo y nos dolemos cuando la materia se rebela contra nosotros. El muro nos cae en la cara y nos preguntamos por qué todo ahora es frágil, por qué no sentimos la seguridad de ese sol que debería calentar al perro que busca la sombra en febrero. Los dichos populares no se cumplen y la cigüeña se olvida de San Blas, como el horario de verano deja a un lado a San Matías, quien iguala las noches con los días. Vivimos ahora un momento extraño en el que nos balanceamos entre lo viejo, lo nuevo y sobre todo, lo desconocido, y a todo le ponemos etiquetas en inglés que usamos sin entender, que entendemos sin compartir, que vivimos sin sentir y sin embargo, ahí vamos, con alegría o no, pero dispuestos a ello.

Porque no hay de otra. Porque hace sol. Porque están los árboles dispuestos a la alegría. Porque es lo que toca. Porque en el fondo somos fuertes y no nos queda más que coger la cruz, la mochila, la obligación y seguir, paso a paso. Aunque cueste, aunque pese, aunque siga el frío y el hierro se hiele para dejar que el sol, caricia consoladora, de nuevo nos caliente.

Charo Alonso. Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.

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