OPINIóN
Actualizado 20/02/2026 23:40:00
Julio Fernández

Los vaivenes de Feijóo y el PP en la oposición destructiva al Gobierno es un boomerang que en algún momento se volverá contra ellos. El odio, el resentimiento y la mala leche con la que actúan sólo denotan que quieren llegar al Gobierno, como sea, sin importar los medios utilizados para conseguirlo. Esa técnica es muy peligrosa, pero también, suicida

Jamás, en la historia política reciente, habíamos asistido a una degeneración tan aberrante en la labor política de oposición que la que está realizando en la actualidad del PP de Feijóo, que está utilizando todas las instituciones con la única finalidad de sacar rédito político en cada una de las confrontaciones electorales autonómicas que se están desarrollando este 2026.

Feijóo sabe perfectamente que su estrategia política es caótica, que sus perspectivas electorales han tocado techo y que, probablemente, nunca será presidente del gobierno y, si lo fuere, será porque se arrodille ante los pies de Abascal, para que le apoye, total, si tiene que decir que su feminismo es el de VOX o si tiene que contratar a Vito Quiles para cerrar campañas electorales o si tiene que derogar las leyes de violencia de género o de memoria democrática, lo hará como un corderito. Feijóo sabe muy bien que sus capacidades son limitadas, que nunca podría estar a la altura del actual presidente del gobierno; de ahí sus “malas artes” utilizando siempre el “juego sucio”, la maldad intrínseca, la manipulación y las mentiras descaradas ante la opinión pública para captar su atención. Pero los ciudadanos están poniendo a Feijóo en su sitio, ya que en la última encuesta de valoración de líderes políticos está ya por detrás de Abascal y a más distancia aún de Pedro Sánchez.

La “maldad intrínseca” como atributo de Feijóo, se manifiesta fundamentalmente en la hipocresía y doble moral que utiliza para atacar sin piedad al gobierno calificando al ministro del interior de “participar, bien como cooperador necesario, cómplice o encubridor de las presuntas agresiones sexuales cometidas por el número 2 de la Policía Nacional, denunciadas por la víctima. ¿No se le cae la cara de vergüenza a Feijóo y resto de políticos del PP cuando el propio abogado de la víctima dice que lo han dado a conocer el mismo día en que ha sido cesado el cargo policial por el ministro del interior?, ¿no le da vergüenza que en PP madrileño de Ayuso haya amparado al alcalde de Móstoles y haya presionado, haya coaccionado a la víctima para que no presentara denuncia por ese presunto delito de acoso sexual y acoso laboral?

Por su parte, la actuación de Feijóo es a la desesperada, con ansiedad, como si no hubiera un mañana, como si vaticinase que jamás será presidente del gobierno y hay que romperle la espinilla a Pedro Sánchez -si se me permite la metáfora futbolística- para lesionarlo gravemente y con las acusaciones gravísimas al ministro de transportes, lo que pretende es hacerlo responsable de las muertos del accidente de tren de Adamuz, es decir, como diríamos los penalistas, de tantos homicidios en comisión por omisión como muertos hubo en el accidente.

Otros ejemplos de actuación a la desesperada de Feijóo y el PP es la utilización exclusivamente partidista, -ya se sabe, quién pueda hacer que haga- del Senado; no olvidemos que es la segunda cámara legislativa nacional, junto al Congreso de los Diputados. Han llamado a declarar en la comisión del “caso Koldo”, a Cerdán, unos días antes de las elecciones de Extremadura, a Salazar, unos días antes de las de Aragón y llamarán a Zapatero durante la campaña electoral de las elecciones de Castilla y León. ¡Qué poca elegancia y cuánta mala leche por parte del PP!

El sentido común sentencia –aunque a veces, como diría Unamuno, sea el menos común de los sentidos- que esta estrategia del PP es absolutamente anormal, suicida, porque tarde o temprano los ciudadanos se darán cuenta de que lo único que les interesa es llegar al poder sin importarles los medios utilizados para conseguirlo. No obstante es una estrategia boomerang, porque en algún momento recibirán todo el daño que quieren infligir a los demás. Y creo que a estos personajes resentidos y perversos –y Feijóo lo es, como ejemplo, su imagen, cambió cuando decidió practicar la miseria moral política, coincidiendo cuando se quitó las gafas- debemos contestarle con la filosofía de Marco Aurelio, en su obra Meditaciones: “la mejor venganza es no ser como el que te ha ofendido”. En lugar de contestar con la ofensa, Marco Aurelio decía que había que contestar con la “virtud, la compasión y la indiferencia ante las provocaciones”. Demostrémosles nuestra superioridad moral, que la tenemos, porque, tanto los que utilizan su complejo de inferioridad para insultar al presidente del gobierno en el Congreso de los Diputados, diciéndole “hijo de puta”, haciendo camisetas con ello y con la frase “que te bote Txapote”, no son moralmente superiores, sino todo lo contrario, aunque tengan el poder para, en un acto claro de “lawfare”, condenar al Fiscal General del Estado, sin pruebas.

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