LOCAL
Actualizado 17/02/2026 21:40:07
Rosa M. García

Dos jóvenes estrenan el piso supervisado de la asociación bajo la guía de un educador; los protagonistas relatan qué supone esta convivencia para aprender a gestionar el tiempo, los conflictos y a construir un futuro autónomo fuera del entorno familiar

Detrás de los recursos y las inauguraciones, están las historias de vida. Desde finales de enero, el nuevo piso supervisado de la Asociación Síndrome de Asperger-TEA Salamanca tiene inquilinos. Miguel Medina y Rodrigo Moreira son los pioneros de esta experiencia, acompañados por la figura del educador Tomás Ort.

No se trata solo de compartir techo, sino de un laboratorio de vida donde se aprende a gestionar el tiempo, a resolver conflictos y a construir un futuro autónomo. No se trata solo de un cambio de dirección postal, sino de un profundo proceso de aprendizaje donde la teoría deja paso a la práctica: hacer la compra, negociar los turnos de limpieza o gestionar la soledad y la compañía.

Para entender la dimensión humana de este proyecto, es necesario escuchar a quienes lo habitan y a quien lo supervisa. Estas son las reflexiones de Tomás Ort, el educador que guía el proceso, y de Miguel Medina y Rodrigo Moreira, los dos jóvenes que están abriendo camino hacia su propia autonomía.

Tomás Ort: “El principal desafío es adaptarse a una convivencia compartida fuera del contexto familiar"

La convivencia en el piso piloto no solo implica un cambio de residencia, sino un profundo aprendizaje vital. Tomás Ort, el educador encargado de supervisar este recurso, analiza las claves de esta transición y el trabajo diario con los usuarios.

El paso a la emancipación conlleva retos inmediatos. Según explica Ort, “el principal desafío para estos chicos es adaptarse a una convivencia compartida, fuera del contexto familiar”. Esta nueva realidad requiere un esfuerzo de negociación constante: “En este caso, a la hora de convivir juntos implica que tienen que aprender a coordinar rutinas y a respetar los tiempos y espacios del otro”.

El educador advierte que pueden surgir dificultades en la organización diaria, como las tareas domésticas o la resolución de conflictos. “Ante un cambio así, pueden generarles inseguridad o ansiedad, por lo que es clave contar con apoyos para facilitar esta transición de forma estructurada y gradual, respetando en todo momento sus ritmos”, señala.

Lejos de una supervisión invasiva, la labor de Ort se centra en el acompañamiento. “El objetivo principal como asistente personal es acompañar, guiar y facilitar la autonomía y que puedan desenvolverse de forma cada vez más independiente”, afirma. Para ello, utiliza herramientas pedagógicas específicas: “Mediante la escucha activa, la observación y la creación de rutinas claras, se trabaja con estos chicos para que, de forma paulatina, se consigan los objetivos”.

El horizonte del proyecto es claro: “Uno de los mayores logros que se esperan es consolidar una vida independiente en un contexto compartido”. Esto implica ganar seguridad y autonomía en las tareas cotidianas, pero también mejorar en el plano relacional. “La convivencia puede fortalecer habilidades sociales como la comunicación o la resolución de conflictos”, asegura Ort, quien concluye que, a largo plazo, “este proyecto puede convertirse en un paso clave hacia una mayor inclusión social.

Miguel Medina: “Vivir de forma independiente te enseña a estructurar el tiempo y a no posponer las tareas”

Miguel Medina es uno de los jóvenes que habita la vivienda supervisada. Para él, el cambio principal reside en la autonomía. “Vivir de forma independiente te da varias ventajas o perspectivas”, asegura y añade que la clave está en la eficiencia diaria: “Por ejemplo, aprendes a organizarte para hacer varias tareas dedicándole tiempo justo a cada una”.

Esta nueva dinámica le ayuda a afrontar las obligaciones menos gratificantes. “Aprendes a sobrellevar mejor las que no te gustan, ya que su ejecución se limita a un periodo de tiempo corto y no te da tiempo físico, a veces, para dudar en hacerla o posponerla”, explica.

Asimismo, destaca el equilibrio entre el deber y el descanso: “Otro ejemplo es la posibilidad de estructurar el tiempo como mejor te convenga para dedicarle al ocio y aprender a emplear el tiempo correcto y adecuado a los deberes y responsabilidades que conllevan las tareas del hogar”.

Al evaluar el impacto de esta experiencia a largo plazo, Miguel se muestra reflexivo. “No tengo muy claro los logros que pueda llegar a conseguir, seguramente ahora no los vea o bien por no ser consciente de haber conseguido algo como logro o puede que eso mismo lo vea más adelante, en algún momento”

Reconoce que el crecimiento personal a veces es invisible hasta que surge un reto: “Normalmente es difícil ver un logro en ese aspecto de vivir de forma independiente a no ser que se presente un problema en concreto y logres resolverlo por la experiencia de haber vivido solo”.

Sin embargo, identifica una clara relación entre el orden doméstico y el éxito en otras facetas. “También están los logros que son consecuencias de vivir de forma independiente, ya que los hábitos y la constancia de tener al día las tareas del hogar pueden influir en tu comportamiento y que se vea reflejado en un mejor rendimiento en áreas educativas, laborales o proyectos personales”, concluye.

Rodrigo Moreira: “El piso lanzadera es una oportunidad sin igual de crecimiento personal”

La adaptación al nuevo piso piloto de la Asociación Síndrome de Asperger-TEA Salamanca tiene diferentes ritmos y voces. Si Miguel Medina analizaba la importancia de la organización, su compañero de piso, Rodrigo Moreira, pone el foco en la dimensión vital del proyecto. Rodrigo, quien cuenta con la experiencia de llevar una semana más viviendo en el piso lanzadera que Miguel, ofrece una visión muy positiva sobre este recurso de emancipación.

Para Rodrigo, el acceso a esta vivienda supervisada no es un simple cambio de domicilio, sino un salto cualitativo en su trayectoria vital. Al ser preguntado por la importancia de residir en este inmueble, el joven se muestra contundente: “Es una oportunidad sin igual, dado todos los beneficios que otorga de crecimiento personal y experiencia”.

Esta valoración subraya el éxito inicial del proyecto en su objetivo principal: ofrecer un entorno real donde las personas con TEA puedan desarrollar sus capacidades fuera del núcleo familiar, contando con el apoyo profesional necesario pero manteniendo su independencia.

La estancia en el piso, supervisada por el educador Tomás Ort, está diseñada como un entrenamiento para el futuro. En este sentido, Rodrigo tiene claras las potencialidades que le ofrece esta etapa de transición. Sobre qué aspectos cree que podrá perfeccionar de cara al mañana gracias a esta convivencia, Rodrigo reitera el valor formativo de la experiencia: “Por supuesto, es una oportunidad tanto de mejora como de crecimiento personal”. Una afirmación que resume el espíritu del ‘piso lanzadera’: un espacio donde el presente sirve para construir un futuro más autónomo.

FOTOS: DAVID SAÑUDO

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