OPINIóN
Actualizado 13/02/2026 07:55:21
Amnistía Internacional Salamanca

Como viene haciendo habitualmente Amnistía Internacional, se pide a las autoridades chinas que no deben seguir aplicando leyes y políticas represivas que restringen y limitan la libertad de expresión, reunión y otros derechos de periodistas o activistas que únicamente lo que pretenden es defender los derechos humanos de sus compatriotas. Estas denuncias, que se hacen cada año cuando se celebra el Año Nuevo Chino, animan a seguir denunciando porque puede contribuir a que muchas de las personas detenidas puedan conseguir su libertad.

Juan Luis Hernández Mira

Defensor de los derechos humanos

El Año Nuevo chino, conocido también como la Fiesta de la Primavera, es la festividad más importante y significativa del calendario lunar asiático y vendría a equipararse con el Año Nuevo en Occidente. Suele situarse entre finales de enero y mediados de febrero (este año es el 17 de febrero) y desde hace siglos representa un nuevo tiempo de renovación. Son, ante todo, unas fechas de reuniones familiares donde se comparten platos tradicionales y sus templos se llenan pidiendo prosperidad para el año que comienza.

El Año Nuevo en China está tradicionalmente asociado a un animal del zodiaco que además se acompaña con cinco elementos: madera, fuego, tierra, metal o agua. Este año corresponde al Caballo de Fuego. El caballo en el horóscopo chino evoca energía, determinación y pasión.

Siendo esta una celebración de gran tradición familiar y comunitaria, este año, como en años anteriores, habrá muchas familias que no lo podrán disfrutar tan alegremente como lo desearían, ya que algunos de sus familiares están encarcelados por defender los derechos humanos. Amnistía Internacional, como viene haciendo desde hace años, quiere recordar a las autoridades chinas la necesidad de respetar los derechos humanos de sus ciudadanos y hacerles llegar los deseos de libertad hacia las personas encarceladas que lo han sido por ejercer o defender los derechos humanos en su país. En esta ocasión y como se ha hecho otros años, Amnistía Internacional pide la liberación sin restricciones de cuatro presos.

Ilham Tohti, intelectual uigur fundador de una web donde denunciaba las violaciones de derechos humanos de personas tanto de la etnia uigur como de la etnia han (mayoritaria y enfrentada a la etnia uigur). Ha defendido el entendimiento entre ambos pueblos y rechazado de forma clara el separatismo y la violencia. Fue condenado a cadena perpetua en un juicio injusto y lleva once años en prisión.

Zhang Zhan, periodista y activista, esta mujer ha sido condenada en dos ocasiones a cuatro años de cárcel por «provocar problemas y peleas». Fue puesta en libertad de su primera condena pero volvió a ser encarcelada por su rechazo sistemático a permanecer en silencio.

Gui Minhai, hongkonés que también tiene la nacionalidad sueca y que dirige una librería especializada en libros (que están prohibidos en el continente) sobre escándalos políticos de dirigentes chinos. Tras varias detenciones, fue condenado por espionaje. Actualmente en prisión en un lugar no revelado, sin acceso a su familia ni a personal consular de Suecia.

Huang Xueqin, activista del #MeToo condenada a cinco años de cárcel por «incitar a la subversión del poder del Estado». Acusada de organizar reuniones con activistas para analizar las dificultades a las que se enfrenta la sociedad civil en China y haber participado y organizado formación en «movimientos no violentos». No está recibiendo atención médica a sus problemas de salud.

Estos son los cuatro presos que Amnistía Internacional presenta este año a los que tendríamos que añadir otro caso que se acaba de notificar y que es, además, un símbolo del periodismo libre. Jimmy Lay, de 78 años, una de las figuras más representativas del movimiento prodemocracia en Hong Kong, ha sido condenado a veinte años de prisión por el Tribunal Superior de Hong Kong por un delito contra la controvertida ley de seguridad nacional. Muchos analistas consideran que este caso es uno más del continuo debilitamiento del marco de libertades y garantías jurídicas que China en 1997 se comprometió con el Reino Unido a mantener en Hong Kong, el principio de un país, dos sistemas, a los cincuenta años del traspaso de soberanía.

Los casos aquí mostrados son solo algunos de los considerados por Amnistía Internacional como «presos de conciencia» por su defensa de los derechos humanos, pero también podríamos añadir los uigures detenidos (comunidad musulmana de la región autónoma de Xinjiang) encarcelados o llevados a campos de internamiento por intentar preservar su identidad cultural y religiosa, o los manifestantes recientemente detenidos en Hong Kong en la vigilia anual por el recuerdo de los hechos acaecidos en Tiananmen, donde centenares de manifestantes murieron o resultaron heridos en 1989 en las protestas en las que se pedían reformas y denunciaban la represión y la corrupción.

Por esto, y como viene haciendo habitualmente Amnistía Internacional, se pide a las autoridades chinas que no deben seguir aplicando leyes y políticas represivas que restringen y limitan la libertad de expresión, reunión y otros derechos de periodistas o activistas que únicamente lo que pretenden es defender los derechos humanos de sus compatriotas. Estas denuncias, que se hacen cada año cuando se celebra el Año Nuevo Chino, animan a seguir denunciando porque puede contribuir a que muchas de las personas detenidas puedan conseguir su libertad.

Que este Nuevo Año —El Año del Caballo— sea para los ciudadanos y ciudadanas chinas un año respetuoso con los derechos humanos lleno de felicidad y prosperidad.

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