Los ataques sistemáticos de personajes de la derecha política y mediática a periodistas que ejerciendo su libertad de expresión se muestran críticos con Feijóo, Ayuso o Abascal, deben ser condenados sin fisuras, aunque en la práctica comprobamos que no solo no condenan, sino que se mofan de la víctima e incluso colaboran y participan en los ataques.
El nivel de degradación al que están llegando algunos periodistas, medios de comunicación y políticos ultra reaccionarios de la derecha española: PP y VOX, es absolutamente delirante. Los ataques sistemáticos de personajes unidos a PP y VOX, a la analista y comunicadora Sarah Santaolalla, son absolutamente aberrantes, emitidos simplemente porque la comunicadora se está convirtiendo en una comentarista política sólida, muy preparada y con una capacidad de comunicación muy importante que, siempre guardando el respeto a la persona, hace críticas demoledoras del comportamiento político de los líderes de la derecha y de la ultraderecha; gentes que no respetan la libertad de expresión y lanzan furibundos ataques a su dignidad personal, su intimidad y su integridad física y psicológica. La persecución por parte del ultra Vito Quiles, que lo ha hecho hasta en su propio domicilio, vigiándola, intimidándola, amenazándola y coaccionándola, debe ser investigado penalmente y sancionado adecuadamente; estas conductas no pueden quedar impunes.
En estos menesteres, como en tantos otros, se divisa claramente la doble moral y la hipocresía que sustentan los líderes ultraconservadores. Aún estoy esperando que Feijóo, Ayuso, Abascal y el resto de líderes ultras de este país –la verdad es que ya no hay diferencia entre ellos, sean del PP o de VOX- condenen estos execrables y repugnantes comportamientos. No sólo no los condenan, sino que los incitan, promueven y participan en ellos, e incluso los financian, como hizo el PP de Aragón contratando a Vito Quiles para organizar una juerga nocturna con jóvenes ultras en el final de la campaña electoral de las elecciones autonómicas aragonesas celebradas el domingo 8 de febrero. Y, claro, de esos polvos vienen los lodos del odio y las manifestaciones de la violencia. No es extraño que luego los jóvenes ultras canten al ritmo musical de Vito Quiles y Los Meconios, aquello de “Pedro Sánchez hijo de puta”. ¿Qué sociedad estamos creando? ¿Es posible que los líderes políticos de la derecha y la ultraderecha y sus aduladores mediáticos actúen con tanta violencia, tanto odio, ensañamiento y resentimiento? ¿Y que lo hagan regodeándose y disfrutando sádicamente de ello? Invito a la reflexión.
Para finalizar con los ataques a Sarah Santaolalla, esta semana pudimos comprobar que en el programa de televisión “El hormiguero” la periodista Rosa Belmonte calificó a Sarah Santaolalla, sobre un comentario que esta había realizado en relación a unas manifestaciones de Felipe González, como “¿esa es la que es mitad tonta y mitad tetas?”. Un ataque despiadado y machista que sólo persigue herir, denigrar, humillar, realizado con saña y repugnante envilecimiento que descalifica gravemente a quién lo hace. Además, fue vergonzoso que ninguno de los personajes que estaban en el plató del programa en ese momento, interviniera para recriminar el comentario de Rosa Belmonte. No sólo no lo recriminaron, sino que con sus risas tuvieron un gesto de aprobación y de complicidad.
Estos mensajes perversos y dañinos de insultos y descalificaciones emitidos por políticos y tertulianos hacia ciertas personas porque piensan de otra manera, se completan con ataques a medios de comunicación que tampoco comulgan con sus ideas reaccionarias. Hace unos meses, un político de VOX dijo que a televisión española había que atacarla con motosierras y lanzallamas. Esta brutalidad es superada cada día, ya que lo último que ha dicho el diputado Figaredo (sobrino de Rodrigo Rato, el delincuente de cuello blanco condenado por graves delitos contra la Hacienda pública, blanqueo de capitales, apropiación indebida, corrupción entre particulares y demás delitos relacionados con la corrupción política y económica) es que al ente público RTVE había que atacarlo con una bomba atómica.
Voy a finalizar este rocambolesco escenario de insultos y descalificaciones con la cruzada que la derecha y la ultraderecha han iniciado contra los inmigrantes. Se están esforzando mucho en identificar inmigración con delincuencia, un etiquetamiento atroz que sólo pretende discriminar, estigmatizar y criminalizar a las personas extranjeras que huyen de sus países porque allí están sufriendo consecuencias de guerras y hambrunas y llegan a los confines de nuestro país buscando un mundo mejor para ellos y sus familiares. Es decir, lo mismo que tuvimos que hacer los españoles en los momentos más duros (política, social y económicamente hablando) de nuestra historia.
Estos políticos mendaces y sin escrúpulos que realizan estas declaraciones son los mismos que no condenan las graves atrocidades, los presuntos delitos de genocidio y contra la humanidad que está cometiendo Israel en Gaza. Es conocida la conexión entre la derecha y la ultraderecha española con fundaciones hispano judías y lobbies sionistas, de quienes reciben ingentes cantidades de dinero. De ahí la defensa acérrima del gobierno de Israel por parte de Aznar, Ayuso, Abascal y Feijóo y el desprecio más absoluto por el pueblo palestino, demostrando un interés desmedido por las ambiciones económicas con las que financiar sus intereses personales y el desprecio más terrorífico por los derechos humanos de las víctimas de estas criminales acciones. A esto luego se une la hipocresía de confesarse tremendamente católicos. Flaco favor le hacen a un gran número de misioneros cristianos que han trabajado siempre en pro de los derechos de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.
Otra manifestación hipócrita de esta derecha intransigente y sectaria la han protagonizado los líderes de PP y VOX cuando se han conocido presuntos casos de acosos sexuales, agresiones sexuales y de conductas machistas de líderes políticos de formaciones de izquierda. Los líderes de la derecha cavernaria han salido en tromba atacando sin piedad no sólo al presunto responsable sino a los líderes de esa formación política. Ocurrió con las declaraciones de Feijóo en el Congreso de los Diputados cuando, a colación de los presuntos acosos sexuales de Salazar, le espetó al presidente del Gobierno que había aprendido feminismo en los burdeles. Y no digamos de Ayuso. Todos ellos, además, fingiendo preocuparse por las víctimas, por las mujeres y el feminismo. En cambio hace pocos días saltó un caso relevante de acoso sexual en las filas del PP, concretamente en la figura del alcalde de Móstoles, quién presuntamente acosó sexual y laboralmente a una ex concejal del ayuntamiento y que ha presentado denuncia ante los tribunales de justicia y todos los políticos de esta derechona han salido en tromba, pero ahora para defender a capa y espada al presunto agresor, el alcalde de Móstoles, quién, como sabemos, es uno de los políticos mimados por Ayuso. ¿Qué hacían cuando los presuntos acosadores eran políticos de izquierda? Culpar de todo ello al presidente, a todo el Gobierno y al PSOE. ¿Qué hacen cuando el presunto acosador es un político de sus filas? Echarle la culpa a las formaciones políticas de izquierda, declarar que todo es mentira y defender la presunción de inocencia del interesado.