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BRACAMONTE
Actualizado 04/02/2026 15:22:39
Vanesa Martins

Ana Isabel y Aurelio han logrado que los mayores de estas localidades rurales comiencen a autogestionar su propio ocio y rompan con el aislamiento

La lucha contra la soledad no deseada en el medio rural tiene rostros y nombres propios en la comarca de Peñaranda. Ana Isabel Chico Morate y Aurelio Ispierto son dos de los voluntarios de Cruz Roja que, con visitas quincenales y mucha constancia, han transformado la rutina de los mayores en localidades como Malpartida y Salmoral. Un programa que, tras tres años de implantación, ha conseguido no solo entretener, sino crear comunidad.

La iniciativa busca ofrecer estimulación cognitiva y socialización en zonas afectadas por la despoblación. Sin embargo, los comienzos requirieron paciencia. Según relata Ana Isabel, voluntaria desde hace cuatro años, la entrada en los pueblos no fue inmediata. "Al principio, claro, todos eran un poco reticentes, no sabían lo que íbamos a hacer, pero luego les ha gustado, porque, por lo menos, salen de casa, se reúnen, cosa que antes no hacían", explica.

El éxito del proyecto reside en que ha trascendido la presencia de los propios monitores. La dinámica generada ha empoderado a los usuarios para organizar su tiempo libre. "Ahora han iniciado la costumbre de que la semana que nosotros no venimos vienen ellas y ellos a jugar, a lo mejor, al bingo o a hacer alguna actividad", señala Chico, quien resume el impacto del programa con una frase contundente: "Les hemos dado un poco de vidilla en el pueblo".

Las sesiones se desarrollan cada 15 días y abarcan un abanico de actividades diseñadas para mantener la mente activa y fomentar la conversación. Entre las propuestas se incluyen manualidades, juegos de mesa, programas de memoria, charlar…

Más allá de la actividad lúdica, el voluntariado ha tejido una red afectiva profunda. Ana Isabel, natural de Palencia, ha encontrado en estos pueblos una segunda casa. "Nosotros les regalamos ratitos, pero ellos nos regalan vivencias muy importantes", asegura, destacando que la relación supera lo asistencial: "Llegas a tener trato familiar, te hablan de sus hijos, de sus nietos, yo les hablo de mi familia".

Junto a Ana Isabel trabaja Aurelio, natural de Peñaranda, cuya trayectoria de servicio abarca décadas. Su historia con el voluntariado comenzó de forma casi fortuita hace 25 años. Desde entonces, y tras una intensa vida laboral, ha continuado su labor altruista, llegando a ser fundador de un centro en Peñaranda.

El reto del relevo generacional y el futuro

A pesar de los buenos resultados, la organización se enfrenta al desafío de la continuidad. El relevo generacional es complejo en la zona rural. "Los jóvenes empiezan con mucha ilusión cuando están en el instituto. ¿Qué pasa? Cuando empiezan a ir a la universidad o a trabajar, es más complicado", analiza Ana Isabel, quien reconoce que la conciliación laboral es el principal obstáculo para el voluntariado adulto.

El objetivo a largo plazo que se marcan ambos voluntarios es la sostenibilidad social de los pueblos. Aurelio expresa su deseo de que la semilla plantada germine en una autonomía total: "Es lo que yo estoy luchando... para que alguna persona se haga voluntaria y ella se encargue de los talleres". La meta es que sean los propios vecinos de Malpartida y Salmoral quienes lideren su dinamización, contando con Cruz Roja para el apoyo puntual, asegurando así que la "vidilla" recuperada no se pierda.

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