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TOROS
Actualizado 10/02/2026 09:55:03
Toni Sánchez

La ganadería salmantina afronta una temporada con la mirada puesta en citas de entidad manteniendo la fidelidad a una filosofía e identidad propia

En el corazón de la comarca de Ciudad Rodrigo, Cabezal Viejo se alza majestuosa en medio del verdor ocasionado tras jornadas de cielos plomizos y agua incesante. La luz de finales de enero, limpia y fría, recorta con nitidez los perfiles de una dehesa que luce un verde insultante, en su máximo esplendor.

Es en este escenario, donde el tiempo parece discurrir con una cadencia diferente, donde se erigen los característicos muros de piedra que otorgan una identidad añeja, casi mística, al entorno. No son cerramientos cualesquiera; fueron levantados con el propio material que la finca fue entregando, piedra a piedra, creando un paisaje de sabor antiguo y bohemio que envuelve al visitante. Entre estos cercados Rafael Iribarren Basaguren, conocido en el orbe taurino como Rafa Cruz, custodia y pule el legado de su padre, el recordado José Cruz.

Desde el txoko taurino de la finca, un rincón que rezuma afición y memoria en cada una de sus paredes, el ganadero se sienta junto a la impresionante chimenea para analizar el momento de la ganadería, donde actualmente pastan unas 200 vacas de vientre y 11 sementales.

Al analizar el estado de salud de la divisa roja y verde, Rafa Cruz describe el momento actual como un periodo de "transformación positiva". Lejos de caer en la autocomplacencia de los éxitos pretéritos, en Cabezal Viejo se ha optado por el movimiento. "Estamos en un momento de cambio, de evolución, porque han entrado sementales nuevos y estamos viendo resultados en plaza que nos ilusionan", asegura el ganadero. Sin embargo, esta renovación no implica una ruptura con el pasado. La sangre sigue siendo "de la casa", una fidelidad genética que busca afianzar una personalidad propia.

Rafa Cruz tiene claro el tipo de animal que busca, y esa búsqueda condiciona toda su estrategia. Su ideal morfológico se aleja del gigantismo desmedido para centrarse en la armonía. "Buscamos un toro bajo, que no se salga de caja, con una cornamenta no exagerada; ese es el gusto de la casa", explica. Esta declaración de principios es fundamental para entender por qué José Cruz ocupa el lugar que ocupa en el escalafón y por qué su propietario gestiona los destinos de la divisa con un pragmatismo envidiable.

Honestidad frente al sistema: la renuncia a Madrid

En un mundo donde a veces impera la vanidad, Rafa Cruz desarma con una honestidad brutal al hablar de su posición en el circuito. Reconoce, sin titubeos, la dificultad y la falta de intención de adaptar su toro a las exigencias volumétricas de las plazas de primera categoría, con Las Ventas como un primer puerto de montaña inalcanzable. "Nosotros intentamos hacernos un hueco en ferias de segundo orden porque sabemos que no criamos el toro para plaza de primera", afirma con rotundidad. "Realmente hay un par de toros que servirían para Madrid, pero al final irían de sobreros y tampoco quiero eso. El camino se hace despacio", matiza el ganadero.

Rafa Cruz asume que, sin una apuesta decidida por parte de las figuras o las empresas para "tirar" de la ganadería, dar el salto a tener cuatro o cinco corridas de toros con el trapío de primera categoría supondría un riesgo económico y genético inasumible. "Si no te tiran de la ganadería, tampoco tú te atreves a dar ese gran salto", reconoce, aceptando que la sartén por el mango, en la confección de los carteles, la siguen teniendo los toreros.

Francia y la Copa Chenel: los bastiones de 2026

Con las cartas sobre la mesa y la estrategia definida, la temporada 2026 se presenta apasionante para la divisa salmantina. Los objetivos están marcados en rojo en el calendario y confirman el prestigio que el hierro ha adquirido en los sectores más exigentes de la afición. Francia, ese territorio donde el toro es el rey absoluto, volverá a ser un feudo clave. La ganadería lidiará una corrida de toros en una plaza de prestigio gala, un examen de responsabilidad máxima, y estará con una novillada de preciosas hechuras en la feria de Mont de Marsan, el coso del Plumaçon, donde la afición torista examina con lupa cada embestida.

Pero la temporada no se juega solo al otro lado de los Pirineos. En suelo nacional, José Cruz afronta el reto de participar en una semifinal de la Copa Chenel. Este certamen, que ha revitalizado la competencia ganadera y ofrece un escaparate mediático de primer orden en la Comunidad de Madrid, es una oportunidad de oro para mostrar el momento dulce de la divisa. "Aquí o vives con ilusión, o mejor lo dejas", sentencia el ganadero. Para él, la ilusión no es un concepto vacío, sino un "motor de vida" necesario para soportar la dureza del campo y la incertidumbre del mercado.

La búsqueda de la bravura: poder y entrega

Más allá de contratos y fechas, lo que realmente quita el sueño a Rafa Cruz es la búsqueda de la embestida soñada. Su concepto de bravura huye de la comodidad y del toro "tonto" que pasa sin molestar. Su ideal es un animal que transmita emoción, riesgo y verdad. "A mí me gusta la embestida en la que el toro desde el principio plantee poder para que después se entregue y para que en la entrega aparezca la clase", define con pasión.

Para el ganadero el toro debe "presentar batalla". Debe pelear en el caballo, empujar, y mantener esa movilidad y duración en la muleta, pero siempre con una transmisión que llegue al tendido. Rafa Cruz es crítico con la excesiva suavidad que a veces se demanda desde el escalafón superior: "Cuando una persona ve un espectáculo taurino y piensa que él mismo puede hacer lo que está haciendo el torero, se pierde la magia. El espectador tiene que sentir qué valor tiene el torero y qué difícil es hacerlo". Esa es la premisa: que el toro exija, que el torero exponga y que el público se emocione.

La relación con la feria de su tierra, Salamanca, se aborda desde una mezcla de pragmatismo y resignación. A pesar de que los resultados pasados con novilladas en La Glorieta han sido positivos y el recuerdo es bueno, Rafa Cruz asume la situación "con normalidad". Confiesa que para este año "los pasos todavía no se han dado" para estar presentes en el ciclo charro. No hay acritud en sus palabras, sino el conocimiento profundo de las reglas del juego empresarial.

Sin embargo, la ausencia en los carteles locales no merman el ánimo en Cabezal Viejo. La figura de su padre, el legendario José Cruz, sigue siendo la brújula moral de la casa. Rafa recuerda con frecuencia los consejos de su padre, recordando que la mediocridad no es una opción y que la aspiración debe ser siempre la excelencia, aunque el camino sea lento y pedregoso.

Una visión de futuro: precios y juventud

Rafa Cruz no vive aislado en su finca; es un analista lúcido de la realidad social y taurina. Califica el momento actual de la tauromaquia como "muy interesante" y destaca su carácter "transgresor" en la sociedad contemporánea. "Creo que los jóvenes han reaccionado", afirma, viendo en las nuevas generaciones una vuelta a los valores tradicionales y una resistencia cultural frente a las corrientes animalistas y ‘progres’.

No obstante, su optimismo no es ciego y lanza una advertencia seria al sector sobre la accesibilidad económica del espectáculo. Para Rafa Cruz, es fundamental "darle un giro a los costes" para asegurar que los tendidos se llenen de savia nueva. Sin accesibilidad, no hay relevo, y sin relevo, no hay futuro.

También aboga por un mayor protagonismo de los ganaderos frente a la burocracia veterinaria, especialmente en lo referente al concepto de trapío. Cruz defiende que el trapío es "un conjunto armónico", un toro rematado y serio, no solo una cuestión de pitones o báscula. Pone como ejemplo el modus operandi de Francia, donde el veterinario se limita a certificar la aptitud sanitaria, dejando la valoración del toro en manos de quien realmente sabe: el ganadero y el aficionado.

Mirando al horizonte, a esos diez o veinte años vista, Rafa Cruz se muestra realista pero esperanzado. Su objetivo es la consolidación de un prestigio ganado a pulso. Sueña con estabilizar la ganadería en "seis o siete corridas de toros anuales en ferias de resonancia”, siempre fiel a esa embestida que emocione y que no sea fácil. Mientras el sol de enero comienza a caer sobre las encinas de Águeda, iluminando el verde intenso de la dehesa tras la lluvia, queda claro que en Cabezal Viejo se sigue caminando. Y como le gusta recordar a Rafa, citando al Papa Francisco: "caminar es vivir".

FOTOS: Pablo Angular

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