La exposición 'San Juan de la Cruz, esperanza de alto vuelo' en Alba de Tormes presenta la 'Vera Effigies', una reconstrucción hiperrealista del rostro del místico
La villa ducal ofrece una oportunidad excepcional para acercarse a la figura histórica del poeta carmelita despojada de idealizaciones artísticas posteriores. La exposición 'San Juan de la Cruz, esperanza de alto vuelo', organizada con motivo de los centenarios del místico, presenta al público la "Vera Effigies" (verdadera imagen), una obra que aúna el rigor de la medicina legal con el arte sacro para reconstruir los rasgos auténticos del patrón de los poetas en lengua española.
Esta pieza única es el fruto de una minuciosa colaboración técnica y artística. La base científica parte de la reconstrucción facial elaborada por el doctor Massimo Benedettucci, sobre la cual el artista Alejandro López Araguez ha aplicado posteriormente una policromía tradicional al óleo. Para definir el color de la piel y los detalles superficiales, el equipo se ha guiado fielmente por la descripción física legada por el primer biógrafo del santo, el padre Jerónimo de San José.
El origen de esta reconstrucción antropológica se remonta a 1992, fecha en la que se procedió a la apertura del sepulcro de San Juan de la Cruz en Segovia, tras la clausura de los actos del IV centenario de su muerte el año anterior. A raíz de este hito histórico, en 1993 se hizo público el informe del reconocimiento canónico dirigido por el doctor Benedettucci, quien lideró la reconstrucción científica del rostro a partir de los restos óseos.
Según detalla el propio Benedettucci, el proceso comenzó con la creación de un molde de escayola del cráneo original. "Esta operación, que podría calificarse de preliminar, es necesaria porque ofrece la oportunidad, además de no manipular la sagrada reliquia durante demasiado tiempo, de fijar las réplicas al soporte", explica el experto forense. Sobre esta base exacta, el equipo reconstruyó los planos faciales y las bandas musculares, evaluando su grosor mediante precisas mediciones antropométricas.
La ciencia forense, sin embargo, tiene límites en los tejidos blandos que no dejan huella en el hueso. Para aquellas partes del rostro donde el soporte óseo no ofrecía información definitiva, como la punta de la nariz o la forma exacta de los labios, el equipo recurrió a las descripciones históricas existentes. El resultado final de esta simbiosis impactó a los propios investigadores, quienes confesaron sentir que se encontraban ante "el verdadero rostro del santo".
El busto de yeso resultante de este proceso fue enviado a la prestigiosa Fundición Artística Cavallari de Roma. En los talleres italianos, utilizando la antigua técnica de la cera perdida, se realizaron varias copias destinadas a los conventos de los Padres Carmelitas Descalzos, una de las cuales puede contemplarse ahora en Alba de Tormes.
Para dotar de vida, color y humanidad a la obra expuesta, Alejandro López Araguez ha seguido estrictamente el texto del padre Jerónimo de San José, considerado el retrato escrito más completo y fidedigno que se conserva del reformador del Carmelo. El biógrafo describió al místico con gran detalle, alejándose de la imagen etérea que a menudo ha transmitido el arte:
"El venerable padre era de estatura mediana a pequeña, de complexión bien proporcionada, aunque delgado a causa de la mucha y rigurosa penitencia que hacía. Su rostro era moreno claro, un poco enjuto, más redondo que largo; venerable calvicie con un poco de pelo por delante. La frente ancha y espaciosa. Los ojos negros de mirada suave. Las cejas bien separadas y perfiladas".
La descripción histórica añade que el santo portaba "una barba ligeramente larga" que, junto a su hábito áspero, le confería un aspecto "venerable y edificante". Esta combinación entre la estructura anatómica recuperada por Benedettucci y la documentación histórica aplicada por López Araguez permite ahora a los fieles y visitantes de Alba de Tormes mirar a los ojos a la imagen más veraz de San Juan de la Cruz.