Saber elegir el camino no solo libre de piedras como el de nuestra foto de portada, sino hacer que las que nos obstaculicen el trayecto seamos capaces de sortearlas. Porque estamos viviendo una época a nivel global de “cierta escasez” de buenos líderes en la política internacional, que más que una sensación es un dato, que están eligiendo caminos equivocados. Esto no es una opinión: es un hecho constatable. Como solemos decir coloquialmente “pruebas al canto”.
Un buen líder es el que tiene la capacidad y también responsabilidad de abrir el camino, mientras que el resto le secunda. Por tanto, él es el que enseña a quitar las piedras del camino y su gente le sigue. Y la fuerza con la que lo hace está en su mente y su actitud. La primera, porque en ella están sus planes e incluso sueños para la mejora de sus compatriotas; en cuanto a la segunda, es que siempre que un buen líder triunfa con la idea que le impulsara a ejecutar una acción o provocar determinado cambio, le ha energizado su firme determinación. Abre el camino porque tiene una mente abierta y adaptable.
Si nos formulamos la pregunta: ¿sabemos abrir nuestro camino?, la experiencia indica que son pocos los privilegiados, en todos los campos del conocimiento, que puedan presumir no solo de señalarlo, sino de abrirlo. Y si la pregunta es: ¿corresponde únicamente a un buen líder saber abrir el camino?, por supuesto que la respuesta es afirmativa.
En la filosofía budista existe un sabio principio milenario que dice “a las ideas no las detienen las piedras”, lo que refuerza nuestra tesis de hoy que son las “ideas provocadoras” las que “quitan las piedras del camino”. Porque no pueden ni los obstáculos ni la adversidad, frenar la energía del pensamiento y la revolución de las ideas.
Como en la física la fricción produce energía, en el pensamiento creativo enlazar unas ideas con otras crean nuevos espacios de pensamiento, los llamados “tough paths” (caminos difíciles). La energía creativa del pensamiento en acción ha sido siempre el común denominador de los buenos líderes. Han moldeado su carácter.
A su vez el Lao-Tzu (o también Lao-Tse) que significa “viejo maestro”, es quién enseña el camino. La filosofía central de esta obra, el Tao (el camino), se considera como la transformación o mutación permanente, porque el cambio está en la naturaleza humana y es la verdad universal.
Los pasos que da un buen líder señalan el camino que siguen los demás. Las historias del liderazgo lo confirman. Uno de los fundadores de Yahoo, Jerry Yang, afirmó en una ocasión “estoy convencido de que nosotros somos los que tenemos que definir nuestro propio camino”. No se entregaba a que los “caminos los abrieran otros”, sino que fuera su iniciativa la que le posicionara a la empresa como precursora.
Porque la corporación de la que él había contribuido a su cocreación, era “el Tao”. No hubo piedra capaz de detener sus iniciativas que estaban perfectamente fundamentadas en ideas que tenían una nueva visión del mundo.
El genio publicitario David Ogilvy estaba especialmente interesado en desafiar todo lo establecido y practicar un pensamiento heterodoxo. A veces, rodaba anuncios que creía no funcionarían, sólo para poner a prueba sus teorías acerca de la publicidad. Vivía abriendo nuevos caminos.
Continuamente desafiaba el conocimiento convencional incluyendo el suyo propio, advirtiendo la velocidad con que el cambio se producía en la sociedad. Su actitud mental hacia el aprendizaje y la crítica le permitió a Ogilvy construir un imperio global en el sector de medios.
Reflexionar, pensar y cultivar la meditación
Una de las características que más destaca en un buen líder es saber reflexionar y tomarse, ni más ni menos que el justo tiempo para pensar cuál será el siguiente paso que tiene que dar. Son pocas las cosas que deja libradas al azar. Tiene por hábito cultivar la meditación. Y su cerebro se convierte en su mejor socio.
Un buen líder nunca mantiene sus acciones en el mismo estado de cosas y menos aún es temeroso por hacer cambios o evitarlos. Sabe cómo encarar el cambio (ese nuevo camino que abre), como transmitirlo a su equipo y cómo formar a su gente para que los potencialmente líderes vayan asumiendo nuevas y más altas responsabilidades que les harán seguir la nueva dirección señalada.
Abre el camino porque tiene una mente abierta y adaptable
Su cerebro está preparado para anticiparse, porque de cada acción valora su posible reacción. Cuánto más flexible es su pensamiento, más capacitado está para reaccionar con rapidez y anticiparse al cambio. Posee una mente abierta y adaptable.
El líder sabio sabe elegir esa dirección a pesar de las dificultades que tal elección entraña. Y acierta porque ha sabido evaluar riesgos y oportunidades, además de ser creativo y ver por dónde hay una salida, una nueva ocasión de crecimiento. En que sitio hay piedras que quitar.
Al buen líder, le caracteriza un estilo de liderazgo que es seguir la idea que le lleva por delante de otros líderes, con frecuencia con la simple ventaja de la anticipación. Y cuántas veces su sabiduría queda totalmente representada, como si de una pintura de un artista se tratase, porque en las formas que ha elegido para dar un paso también radica su creatividad.
De ahí que elige seguir antes que liderar, porque el movimiento hacia delante impulsa toda su filosofía y acción, no quedarse sólo en una posición. Andar el camino (evolución e innovación).
¿Cuándo se convierte un líder en creativo?
En la interacción con los demás, el buen líder sabe cambiar el ángulo de miras, busca siempre una nueva perspectiva al dirigir la mirada sobre el problema y enseña a pensar de manera creativa.
Si se rompe con los habituales patrones de pensamiento la gente se ve obligada a encontrar otros referentes. Y es aquí donde se precisa la formación que hace el buen líder con su gente, habituándolos a pensar de manera creativa. Que frente al problema busquen no solamente la solución, sino alternativas viables para enfrentarlo.