Las razones que justifican la declaración de un bien como conjunto histórico, su valor patrimonial, singularidad y autenticidad, son las mismas por las cuales ese lugar desea ser visitado por los turistas. Pero, si bien el desarrollo del turismo puede contribuir a la revitalización funcional de los centros urbanos, el in- cremento de los flujos visitantes, entre los que tienen un fuerte protagonismo los excursionistas, exige de la puesta a punto de una planificación precisa, a nivel de monumentos y conjuntos, y de una gestión adaptada a sus características.
El aislamiento del problema del centro histórico o de los ámbitos patrimoniales, y su tratamiento al margen de los cambios en las funcionalidades y en las estructuras urbanas y territoriales, quizás hayan sido una de las mayores limitaciones de las políticas de protección y recuperación desarrolladas durante los últimos año. La clave explicativa de los conflictos actuales debe buscarse en el análisis sistemático de los procesos de cambio, en la valoración rigurosa de las respuestas que ante diversos problemas se han ido dando en los distintos momentos históricos y también en un acertado conocimiento de las demandas y necesidades sociales. Para avanzar en esta dirección no queda otra alternativa que instrumentar políticas donde estén mejor conectadas las estrategias, los planes y los proyectos, vía que también permitirá reforzar el compromiso social con la conservación activa del patrimonio cultural
La lectura del patrimonio cultural como fuente de riqueza abre nuevas vías de acción por donde es necesario transitar (Carta de Bruselas, 2009; Greffe, 2010) y, en este sentido, la Declaración de Viena de la UNESCO (2005) brinda una oportunidad para situar la cuestión funcional y económica en el marco del debate sobre la conservación y la gestión de la ciudad y el paisaje urbano histórico, avanzando sobre planteamientos culturales tradicionales. Así, por ejemplo, para lograr una inserción equilibrada y positiva del turismo se requiere, además de tener bien conservados y accesibles los recursos patrimoniales, asumir la singularidad física, simbólica y funcional de los paisajes urbanos. En una coyuntura de crisis inmobiliaria como la actual es necesario, reformulando los planteamientos del urbanismo de la austeridad que propugnaba Campos Venuti en la década de los setenta del siglo pasado (Álvarez; Castrillo, 2004), impulsar estrategias consensuadas para recuperar, en la medida de lo posible, la ciudad compacta mediterránea.
Imagen. Santiago Bayón Vera