La periodista de Onda Cero Ciudad Rodrigo dio un pregón largo, cargado de emoción, recuerdos de niñez y vivencias de adolescente a mayor. Un viaje en el cual peregrinó buena parte de la sociedad mirobrigense y del público que abarrotaba el Teatro Nuevo Fernando Arrabal
PREGÓN PEÑA PUERTA DEL DESENCIERRO
MARTES, 10 DE FEBRERO DE 2026
Buenas noches
Porteros mayores, Lauren y Tato, Peñistas de la Peña Puerta del Desencierro, Reina y Damas, componentes del Botón Charro de Miróbriga, Corporación municipal, amigos y amigas, gracias a todos por acompañarnos. Gracias Geño por tus palabras, se nota que compartimos apellido.
“Agranda la puerta padre, porque no puedo pasar, la hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame por piedad, vuélveme a la edad bendita en que vivir es soñar”
Miguel de Unamuno
Aquí estoy, frente a esta vuestra puerta, cual niña en la noche de Reyes, con zapatos nuevos, esto es literal, y con la misma ilusión, nervios parecidos y casi el igual temblor de emoción en el cuerpo que, aunque pasen los años, siempre se vuelve a sentir al recordar esas noches mágicas de niñez, esa noche de enero… noches tan especiales como esta noche de febrero. Aquí me encuentro soñando junto a vosotros y vengo a dejar mi voz, también temblorosa hoy, a ponerla a vuestro servicio, vengo con el corazón en reparto, listo para entrega sin posibilidad de vuelta y con el alma un poco en vilo. Vengo en agradecimiento a una Peña de tradición, solera e historia como la vuestra, por haber pensado en mí para esta honrosa y difícil tarea de pregonar el Carnaval del Toro de Ciudad Rodrigo ante los verdaderos conocedores y artífices del milagro y la magia del Carnaval, ustedes, los propios mirobrigenses, es todo un honor.
Lo decía Don Miguel de Unamuno en esta petición tan acertada, la puerta es como la vida misma. Sólo cruzar este umbral, esta puerta del teatro, esta entrada, sólo pisar este escenario, asomarse, mirar y hasta respirar impone el mismo respeto, imagino, que una espera a portagayola. Aquí, sobre estas tablas, una se hace pequeña ante este enorme encargo frente al que me encuentro yo como quien busca su primera Puerta Grande, llamando a las puertas del cielo, o a la del Desencierro en este caso, una puerta que se agranda y no se achica, que da paso seguro a la Gloria para quienes se atreven a atravesarla sin pensar, sin mirar atrás. Pues, a pesar de los miedos, finalmente, hoy me toca a mí pasar de puertas para adentro. Vamos allá.
Decía Alejandro Gándara en su pregón para esta Peña en el Carnaval del año 2004… que “que se acuerden de uno es algo que se agradece menos de lo que se debiera”…pero creo que el agradecimiento ha estado siempre muy presente en todos los que desde aquí, y antes que yo, os han venido a pregonar, así que yo, una más, me uno a todos ellos y ellas y os doy las gracias de corazón por nombrarme y sobre todo por conseguir convencerme para ser vuestra pregonera.
Cada mañana, cuando llego a la radio, veo enfrente de mi escritorio la misma frase que yo misma coloqué allí hace años, que sigue pegada con celo en la madera de la pared que tengo delante y que dice “Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe”, una frase del grupo humorístico argentino Les Luthiers que me pareció entonces cuando la descubrí muy reveladora y que daba la dimensión exacta del conocimiento de algunas cosas y que he comprobado en todo este tiempo que es muy cierta y muy adecuada a mi labor profesional, para mí es como un mantra. Y así es… cuando necesito hablar de las coplas de la Rondalla Tres Columnas o de la Cabalgata de Reyes de los Amigos de la Ilusión, tengo el teléfono de Julio Sánchez “Julete”, o el de Miguel González “Cristalero”, cuando quiero hablar del farinato, de la morucha, de gastronomía o de iniciativas turísticas, tengo el teléfono de Eugenio Bernal, “Geño Bodega”, para hablar de la Cofradía de San Sebastián o de la historia de esta Peña, el de Julián, “Cuqui Segovia” , cuando quiero hablar de la banda Esperanza de Ciudad Rodrigo, o de la orquesta SMS, tengo el teléfono de Cristian González, cuando quiero hablar de la tradición, de folclore, de la gaita y el tamboril, de la Charrada, tengo el teléfono de José Ramón Cid, para hablar de la Peña de Francia el de Ángel Rodríguez, para hablar del campanazo o del toro del antruejo tengo el teléfono de Iván Ramajo, para hablar de toros, pañuelos y globos tengo también el de Emilio Hernández, “Emilio Estudio” incluso me puede hablar de la feria medieval, de fotos, de drones, …el teléfono de la farmacia de Dorado no lo tengo apuntado porque la tengo más a mano en la plaza mayor para acercarme como me ocurrió nada más designarme pregonera, que tuve que pasarme la mañana siguiente con el susto en el cuerpo por este y por otros motivos personales y allí fuí en busca de unas recetas que me dispensó Adrián Dorado que comparte con su hermano Chema la herencia de uno de los fundadores, su padre, José Mª Dorado, Chema Dorado. Quizá me falta algún teléfono del resto de los actuales peñistas, los de tercera generación, los nuevos, Arturo Cruz, Maxi Corral y Óscar Gonzalo “Molanchín”, pero sé que si tuviera que llamarles creo que todos ellos atenderían igualmente mi llamada, igual que seguro también lo harían los más veteranos, los de primera y segunda generación. Fundadores también como Alberto Fernández, “Alberto el de la Óptica”, y continuadores como su sobrino Rubén Blanco, igual me dejo a alguno que se ha quedado por el camino, en todo caso, estoy convencida de que estarían disponibles.
Y si quiero saber de la Felicidad auténtica o de cómo ser feliz en estos tiempos, sólo tengo que llamar a Tato, para saber de caramelos, de su autobús, de su bici, de la Peña Gutemberg, de San Sebastián, de las Conferencias de San Vicente de Paúl, de la Peña el Umo, esa Unión de Maridos Oprimidos de la que fue el más joven socio fundador, de Los Amigos del Alguacillo, de contrataciones artísticas, de su cámara de vídeo …y podría seguir y seguir preguntándole por cosas o por personas un rato largo… y si no me lo cogiera podría llamar a Lauren y preguntarle por muchas de estas mismas cosas también, además de por sus canciones, sus conciertos, sus disfraces, su defensa heroica, su despedida de los escenarios, ( no sé si como Sabina o como Morante) de sus memorias, del Club Fantasma, del festival del Águeda, de su amor eterno a Ciudad Rodrigo…y todos ellos, peñistas y porteros, aceptarían gustosos ayudarme y me dirían que sí encantados porque siempre lo han hecho, así que por eso estoy yo hoy aquí, no podía decirles que no cuando siempre he tenido su sí, he tenido la suerte de tener sus teléfonos y de contar con su infinita disposición cuando yo les he llamado a ellos. Así que ahora me tocaba a mí, me tocaba corresponder y atender esta llamada.
Pero hubo algo que me hizo no poder rechazar esta proposición, fue en especial conocer el nombre de los dos Porteros Mayores, imagínense Lauren y Tato, Tato y Lauren, qué les voy yo a decir de ellos…quién no los conoce, quién no los quiere, quién no les ha saludado, escuchado, quién no ha compartido amor por Ciudad Rodrigo como ellos. Para mí, tenerles como porteros, hacía que no me pudiera negar, imposible, no podía haber sido mejor la elección para compartir y vivir este momento sin duda, una suerte, porque la emoción y la felicidad estaban servidas de manera innegable, el sentimiento en la voz de Lauren y el entusiasmo en la de Tato están a partes iguales y son siempre merecidos homenajeados por haberse ganado a pulso y a base de cercanía y buen humor el cariño de todos nosotros, de su pueblo, de sus amigos, de sus vecinos, de todos los mirobrigenses, que es el mismo amor y el mismo cariño o más que ellos le tienen a su ciudad, a toda su gente y a su Carnaval y que es una satisfacción que muy pocos pueden tener y contar con ella, por eso los dos comparten la distinción de Mirobrigenses Ilustres. Y por eso, como ellos mismos dirían, para mí estar hoy con ellos aquí es un fenómeno, una maravilla, una gozada, lo que ellos son.
Y no podía decirle que no a mi abuelo, Antenor Bernal, portero mayor en el año 1999, el último del siglo veinte, junto a mi abuela, Beatriz Caballero, madrina de la peña, ni a mi padre, ni a mi familia, a los Bernal, a Los Foros, algunos de ellos también nombrados Porteros Mayores en diferentes ediciones, a lo que ellos representan, a lo que me enseñaron como tantos y tantos mirobrigenses que pusieron sus manos, su trabajo, su ánimo, sus sentidos, sus vidas, sus desvelos, sus ideas, sus pensamientos y sus sentimientos, al servicio del Carnaval y que son quienes desde hace 45, casi 46 años ya, se convierten en los protagonistas de este pregón con todo el mérito y el reconocimiento de quienes de verdad mantienen viva la esencia más pura del Carnaval, la de sus gentes, ustedes. No hay duda que son, que sois, quienes habéis hecho posibles muchos Carnavales.
En el pregón que pronunció para esta peña nuestro hoy portero mayor Lauren Risueño, el 9 de Febrero del año 2010, hace 16 años ya, os decía “Seguid y encontrad a quienes os sigan en el camino que hace ya treinta años, (ahora serían 46) empezasteis para bien de nuestra fiesta y de nuestro querido Ciudad Rodrigo”
Y yo creo que le han hecho mucho caso a Lauren. Generación tras generación, desde la primera en 1980 hasta la actual, ya van por la tercera, casi como los móviles y las nuevas tecnologías, los fundadores e integrantes de la Peña Puerta del Desencierro han venido siendo guardianes fieles como nadie de esa esencia carnavalera, testigos de su memoria, han ido evolucionando sin perder de vista ese arraigo que se transmite de padres a hijos, ese sentimiento, esos recuerdos que se guardan profundos de una fiesta que para muchos es más bien una forma de vida. Pero lo más importante, han sabido continuar casi cincuenta años después de sus comienzos, reivindicando la cercanía de lo sencillo, como lo era el reunirse en aquel portal de Abarca después de los encierros para comentar las incidencias del recorrido. Esa simple intención, convertida en ritual, fraguó los comienzos de esta Peña con la sola intención de ayudar y dar un mayor realce y protagonismo al Carnaval. Y a ello le sumaron la decisión de homenajear, llegado el Carnaval, a personas que hubieran alcanzado la edad de jubilación y que durante su vida laboral se hubieran comprometido y así lo dice la Peña de forma literal “por su trabajo, farinatismo, gracejo, simpatía y saber estar, en dar un mayor realce a estas fiestas”. Y el cuadro de honor de porteros mayores desde entonces es alargado.
Y aquí les quiero hablar de otras puertas, las puertas del taller de mi abuelo, Antenor Bernal, de ese taller de los Foros, que también generación tras generación, como esta Peña, no sólo se dedicaban a hacer carros y artesanía en madera o artesanía en chico como recogió en una ocasión el diario La Gaceta de Salamanca, sino que hacían también crónica social pero en este caso a lo grande. Era el taller, como el portal de Abarca, lugar de encuentro, de reunión, de comentario, donde se conocían detalles e informaciones de todo lo que pasaba y de todos los que pasaban. Puede que venga de ahí esta vocación periodística mía. Lo cierto es que por esta condición y por mi trabajo en los medios cuando contaba algo en casa de algo que hubiera sido noticia o hubiera sucedido mi abuelo a mí siempre me decía lo mismo, “Tú no sabes”,… “tú no sabes” y me lo decía porque seguro que él ya tenía mucha más información de la oficial, más de la que se puede contar, muchos pormenores aportados seguro por los muchos corresponsales que se acercaban con novedades y última hora a las puertas del taller. Y claro, frente a ese nivel de conocimiento yo poco podía decir. Un taller que conocieron también nuestros porteros, Tato me ha confesado que allí comió las mejores patatas meneás que hubiera nunca probado en una de sus muchas visitas junto a su tío Alipio. Un taller que a la vez guardaba también otros secretos, los de uno de los tesoros más valiosos de la familia, las tablas y tablones. Algo sobre lo que escribí un artículo en una breve aventura en la prensa escrita publicado en el Día de Salamanca en febrero del año 2017. El artículo se titulaba Entre Tablas y venía a decir esto:
ENTRE TABLAS
Así han crecido muchos de los actuales constructores de los “tablaos” que dan forma a la inconfundible Plaza de Toros del Carnaval. Entre tablas y tablones, puntas y martillos, observando en su niñez y ayudando después. De padres a hijos ha pasado esta tradición que pervive tras una historia centenaria. Una historia que se viene repitiendo desde tiempos inmemoriales, un ritual con el que cumplen familias y sagas de gentes del pueblo que se han encargado de mantener esta riqueza arquitectónica y efímera hecha de forma artesanal. Artesanos, carpinteros, carreteros, constructores, diferentes gremios pusieron sus manos al servicio de la fiesta de Miróbriga. Lo han llevado en la sangre hasta ser parte de su adn, y así han transmitido e inculcado este oficio ancestral a sus actuales herederos. Familias, peñas, mirobrigenses, farinatos de pro que han hecho ellos mismos, con su esfuerzo, sin alardes, una labor callada y admirable por distinguir su fiesta de las demás. Tabla a tabla, tablón a tablón, punta a punta, mano a mano y hombro con hombro, a base de maderas, de golpes, a base de pasión, amor y oficio puede hacerse realidad cada carnaval este milagro de plaza. Haciendo y gastando carnavales, montando y desmontando el engranaje de los sueños del toreo. Un rectángulo mágico posible gracias al espíritu de colaboración, a la ilusión, al buen hacer y al buen humor de unos cuantos carnavaleros de corazón.
No hay dos tablaos iguales, ni dos formas idénticas de construirlo, sus peculiaridades y entresijos se transmiten por la sabiduría tradicional de generación en generación, de unos adjudicatarios a otros con la experiencia de cientos de años.
Los más antiguos montadores han ido desapareciendo, ellos fueron los mejores maestros y ejemplos para quienes hoy en día continúan con la fiel costumbre de modelar el coso. Como los miembros de la familia Bernal, “Los Foros”, una de las más conocidas, veteranos constructores de tablaos con más de 80 años de historia familiar ligada a esta plaza. De sus padres y de sus tíos aprendieron cómo dar forma a un tablao. Algunos llevan toda su vida, “desde chiquininos”, viviendo el montaje. Algunos han asistido a todas las subastas de tablaos desde los 6 años de edad. Recuerdan que les ha tocado pasar muchas tardes enderezando puntas para utilizarlas de nuevo. Antiguamente, en otros tiempos, contaban muchas veces con la madera justa y tenían que pedirla prestada a la serrería de “Los Chorlos”. De esas vivencias atesoran muchas anécdotas familiares, incluso que un año, hace mucho, en los años sesenta, hasta las puertas del taller familiar de carpintería tuvieron que quitarlas y subirlas para hacer los tablaos con ellas. “Por tradición, por ilusión y por familia sobre todo, por colaborar con el Carnaval”, por eso siguen cada año al pie de sus tablaos. Algo de esto me contó entonces mi primo Javi Foro.
¡Qué felices hemos sido en ese tablao de Los Foros!
Volvería siempre a esa talanquera, la del tablao de mi abuelo, a ese recuerdo, el de mi abuelo y su boina y el de mi abuela y su pañuelo, con mis tías, con mi familia, con las piernas apretadas, los pies fríos, o las manos heladas, encogidos, pero con el corazón contento, sujetando la postura, con risas y alboroto, con aplausos, gritos, sustos, meneos, sueño, con la merienda, las mantas, las horas, el frío, el tiempo de tardes que nos enseñaron a querer lo que es parte de los nuestro, nos enseñaron de Carnaval, de la vida, del mundo que conocemos…somos nuestras raíces.
Pregonar es sin duda volver a vivir el Carnaval, así lo reconoció el pregonero de ese año en que mi abuelo fue portero mayor 1999, Mario Gaztañaga.
Pregonar esta noche es volver a ese tablao y recordar por ejemplo cuando mi abuela escondía botes de espuma en el capazo que llevaba a los toros y cuando menos lo esperabas, en medio de la faena, nos rociaba de nieve blanca al tablao entero…y no sólo mi abuela, la juerga duraba un rato entre spray de nieve o de serpentina lanzado por unos y por otros, una batalla de spray que teñía de blanco o de colores la grada y te dejaba el pelo con una mojadura pringosa y olor a ambientador durante un buen rato. Pero cómo nos divertimos aquellos años…
Es volver a la mañana del lunes de Carnaval de aquel año 99, yo tenía 17 años, era una mañana despejada, de cielo limpio, frío y sol, en que casi por primera vez sin resaca ni sueño vi salir de manera perfecta el encierro con la manada completamente hermanada subiendo por los pinos, …me pareció tan bonita y diferente aquella imagen de aquella mañana y aquel encierro que desde entonces la tengo grabada como una de esas estampas ideales que se quedan en el escritorio de la mente y cada Carnaval vuelven…y terminado el encierro, recuerdo atravesar el Registro para acompañar a mis abuelos a ese portal de Abarca en su homenaje como Portero y Madrina de esta Peña. Guardo las fotos de familia del momento, me acuerdo de mi bufanda de cuadros gris y mi cazadora vaquera, y guardo fuerte el recuerdo de ese día que vuelve hoy 27 años después como si ahora mismo pudiese estar en el inicio de la calle Madrid en medio de ese jolgorio, en la estrechez de la multitud entre vino, altramuces y alegría compartida.
Ciudad Rodrigo entero da cada año en la calle Madrid su popular veredicto. La Peña Puerta del Desencierro es parte integrante e imprescindible, por méritos propios, del Carnaval. Así lo sentención José Marcos Casamar, Pepe Casamar en su pregón allá por 1987.
De cuantos momentos habrá sido testigo esta calle, esta puerta, sus portales y balcones, de cuantos toros y cuantas carreras, sin poder remediar esa llamada que solamente se responde al que lo prueba.
Pregonar es volver al primer Carnaval… como pregonera, mi alternativa en estas lides de un pregón de Carnaval fue hace 20 años, como pregonera de las Casetas de la Plaza del Buen Alcalde en 2006, el año de Las Edades del Hombre, …yo recién llegada a la emisora…no sabía dónde me metía…vestida de chulapa en homenaje a la Peña Verbenera, no sé si se acuerdan de una asturiana vestida de madrileña en una plaza andaluza….era yo…Así comenzaba aquel mi primer pregón importante. Pasé muchos nervios aquella noche, mucha emoción después, juré que no volvería a pregonar, Flori, nuestra Lorenza Iglesias particular lo sabe bien… y ya ven, veinte años después, quién me hubiera dicho que estaría aquí esta noche teniendo el honor de hacerlo para esta insigne Peña, en este imponente teatro y después de haber visto y escuchado ya unos cuantos pregones desde entonces, de los tantos que desde aquel momento he tenido la ocasión de vivir y de cubrir, sobre todo en aquella época de mis primeros comienzos, desde el pequeño túnel de entrada de este teatro, tras las cortinas, escondida, en algún palco de prensa o entre el público, pregones aquí en el teatro de todo tipo, más formales o más serios, más sentidos o menos, pregones que me parecieron maravillosos, como el de Carmen Calvo para el Bolsín Taurino sin un papel, o los pregones mayores especiales para mí como el de Lorenzo Díaz “El mítico Llorens” y especialmente el del año pasado, el pregón de Rubén Amón, un pregón emocionante, de frente y sin perder la cara al público. O pregones que no llegaron a ser, que me hubiera gustado tanto poder escuchar y ver, como el de José Pinto…recuerdo la tristeza, el silencio de la plaza entera recordándole. Recuerdo también los muchos pregoncillos desde el ayuntamiento viendo la plaza llena desde lo alto del ayuntamiento…qué imagenes y qué momentos.
Y recuerdo muchos, los recuerdo todos, pero recuerdo, no sé porqué, de manera especial, el pregón para esta Peña en aquel año 2006 de Joaquina Pérez Bromfield. Me llamó la atención porque no la conocía, no me sonaba de nada y me pareció encantadora por su acento, su elegancia, tan dulce y pausada, refinada, por su historia y sus palabras, por cómo hablaba, se me quedó también grabada la imagen sobre este escenario de aquella mujer rubia y menuda, bien peinada, que seguro había tenido una interesante vida en Inglaterra pero que nunca jamás olvidó su anhelada ciudad y su raíz farinata, Aquí quiero vivir, aquí quiero volver a revivir…nació en la calle Peramato, muy cerca del Árbol Gordo.
Antes, en el año 2000, el poeta Tomás Acosta, vuestro pregonero entonces, definió la estatua del maletilla ubicada en vuestro venerado Árbol Gordo como un Bello homenaje a los que en sangre llevan la antiquísima aventura de vencer al toro, una frase que bien podía valer también para definir la nueva escultura recién inagurada este sábado con sello mirobrigense, el del escultor Sergio Alonso, en honor al Carnaval del Toro y yo diría que en especial al corredor mirobrigense, con las figuras que nos faltaban en el Árbol, en el Gordo, no en el de Navidad, un toro y un corredor, como no podía ser de otra forma, para completar este museo al aire libre del Carnaval.
Yo no sé si mi padre nació para ser torero, imagino que cuando te envuelve y se te mete dentro esa aventura de querer vencer al toro ya no hay remedio y más si has nacido en Ciudad Rodrigo o a las puertas como él en El Bodón y más si te han salido los dientes en un tablao. Desde luego que lo sabrán bien desde luego quienes fundaron esta peña siendo todos corredores empedernidos del encierro, lo sabrán también bien sus mujeres. Mi padre, Juan Mari, también lo fue, fue corredor, asiduo del Registro sobre todo, del tiempo en el que tenía arena, aficionado de llevar la chaqueta cogida en mano o de arrastrarla por debajo de una aguja, sujeto a un árbol en los pinos o a una escalera o a una farola. Soñó con ser torero, amaba todo lo que guardara relación con lo taurino, pero sobre todo, por encima de muchas cosas, amaba el Carnaval, amaba Ciudad Rodrigo, amaba su sitio en la barrera, la aguja y su tablao, sus lugares seguros… y en esa aventura de querer vencer al toro, el toro de la vida le venció, y hoy vuelvo también a aquel viernes de Carnaval del año 2003 cuando desde otra de las puertas de la plaza, la de la calle Sánchez Arjona a las 12 de la noche me asomé a mirar su sitio en la barrera al fondo en la esquina de la plaza y ya no estaba…lloré de rabia aquella noche, lloré durante mucho rato y sentí en aquel momento de verdad por primera vez lo difícil que era no poder volver a vivir el Carnaval ni la vida de la misma manera cuando te falta alguien a quien quieres tanto.
Pero llegan otras emociones, las muchas por compartir, las de los que están aquí, las de la emoción en la voz de Lauren y la Felicidad en la voz de Tato, sentimiento y entusiasmo en estado puro, hechos personas, hechos porteros mayores. Quien no ha escuchado interpretar una canción a Lauren o gritar un Viva a Tato…Cómo voy a atreverme yo a intentar descubrirles a ustedes quienes son ambos, cuando han sido y afortunadamente son historia viva de esta ciudad. Cuantas anécdotas, que tiempos…
Yo no sé si Laurentino Risueño Pérez nació para ser cantante, pero lo cierto es que me imagino que igual que ocurre con los toros, cuando la música y el arte te tocan, te llegan, pues no puedes hacer nada en contra. Lauren ha sido la persona que más veces ha subido a este escenario, entre conciertos, actuaciones, pregones o representaciones desde sus comienzos y hoy suma también este acto y esta distinción que junto con la de Mirobrigense Ilustre le avalan sobradamente en sus méritos para nombrarle embajador de Ciudad Rodrigo o darle su nombre a una calle. Porque pocas cosas le podrían hacer más feliz a alguien a quien se le iluminan los ojos y la voz cuando habla de su ciudad, de su Ciudad Rodrigo. Pocas personas como él tienen ese sentimiento, Lauren ha triunfado y lo ha hecho sin salir de su ciudad, ha triunfado en ella, ha sido algo raro, profeta en su tierra, la ha querido, la ha reivindicado y la ha defendido literal y teatralmente sobre este escenario, no hay amor más grande al lugar donde naciste que dedicarle tu obra y tu vida. Le ha dedicado a Ciudad Rodrigo sus canciones, sus conciertos, su defensa heroica, toda una heroicidad con mayúsculas, sus muchos disfraces, su humor, sus imitaciones, su tiempo, sus días y sus noches…le ha dedicado toda su vida a su ciudad. Lauren ha demostrado de sobra que a veces que no hace falta irse muy lejos para lograr el éxito. Para Lauren, la Pesquera es mucho mejor que Benidorm o el Festival del Águeda mucho mejor que Eurovisión. Y quizá el secreto de ese éxito de Lauren esté en su coherencia, la que tuvo muy clara cuando le nombraron pregonero de la Semana Santa en el año 2014 y la que como consejo también me ha transmitido a mí estos días, recuerdo que me dijo: no podría pregonar algo que yo no siento o que yo no hago…y así es…Lauren ha hecho todo y de todo por y para Ciudad Rodrigo desde esa coherencia, ese respeto, esa convicción y ese sentido amor a Miróbriga. Lo ha sentido y lo ha hecho. Lauren es mirobrigense del todo practicante y fiel devoto.
Y no sé si Joaquín Sánchez Martín nació para ser feliz pero sí que nació para hacernos felices a los demás. Mi abuela lo cuidó de pequeño, a él y a sus hermanos, vivían en las cocheras del Señor Alipio y aún hoy lo recuerda. Recuerda que era travieso, revoltoso, que no paraba quieto…y así ha seguido, así ha sido su vida dedicada a no parar, a no dejar de participar, fundar, colaborar, organizar o ayudar al prójimo. “He intentado ser bueno en la vida… ha contestado en alguna entrevista…y creo que lo ha conseguido con creces. Estaríamos hasta pasado el Domingo de Piñata enumerando la infinidad de asociaciones, peñas, cofradías, festivales, iniciativas sociales a las que Tato ha pertenecido y pertenece o de las que ha formado parte o fundado…pero si hay una con la que yo descubrí y conocí a Lauren y a Tato en mis comienzos en la radio, entre otras muchas, fue a través a la Asociación Amigos del Alguacilillo. Su pregón era diferente a todos los anteriores. Un pregón con sus prolegómenos, divertido en la forma, bizarro, sencillo, cercano, pero serio, muy serio en el fondo…como seria e importante era entonces y sigue siendo para la agrupación la tarea del despeje de plaza realizada por el alguacilillo o alguacililla por la que nació la Asociación hace unos veinte años. Ese paseíllo desde el Restaurante la Mimosa hasta el Centro de Capacitación agrarias en El Puente con la pancarta morada, el caballo Romero y la Yegua Morenita después y toda la comitiva, parecía sacado de una escena propia de una película de Berlanga pero en esencia era la expresión del respeto a la fiesta y a la tradición del pueblo junto también a la sana diversión que hacía participar y formar parte de ella a la gente más sencilla, más humilde, más normal, más popular, con ganas de vivir también su particular Carnaval. No me puedo olvidar del comienzo de cada pregón rezando el Padre Nuestro, Tato conseguía acallar la algarabía de la sala que se quedaba pequeña y faltaban las sillas y el espacio. De pie, junto a la pared o pegados a las ventanas, escuchábamos sus indicaciones en la sala engalanada siempre por Agustín Moriche. ¡Que pase el pregonero!, decía Tato solemne. Y como pregoneros, han pasado ilustres del toreo como Santiago Martín el Viti, antes incluso de ser pregonero mayor del Carnaval, impresionado por el cariño que le brindaron en el acto, al igual que pregoneros como Miguel Cid, Carlos García Medina, miembro también de la Asociación y mi más veterano colaborador, o el doctor Enrique Crespo, que también sería después pregonero mayor del Carnaval. Y con la ayuda de Mateo Carreño y la intermediación de Lauren, Tato y Adolfo Esteban “Fito” hicieron posible conseguir traer en 2009 al diestro Luis Francisco Esplá, un gran maestro, uno de los toreros preferidos de mi padre. Aquel día me acuerdo perfectamente, abarrotó el barrio, la gente lo rodeaba en su llegada y en su paseíllo hasta Agrarias, causó gran expectación y se llenó a reventar el pregón para escucharle, y es que no fue para menos, con sus palabras claras y directas y su mensaje de agradecimiento reconociendo que venía sin cobrar, cuando no solía hacerlo, rendido ante el débito contraído con la afición que le esperaba en Miróbriga, reconociendo que eran ellos, la afición, quienes precisamente le otorgaban esa dignidad, él se llevó a cambio por miles el cariño desprendido de todos los mirobrigenses que le arroparon aquella mañana del domingo previo al Carnaval.
Una Asociación muy digna y muy original con la que yo he pasado momentos muy felices y muy divertidos…muchos…especialmente haciendo otro de sus recorridos, el que va desde las cocheras del señor Alipio hasta la plaza acompañando al alguacilillo o a la alguacililla para hacer cada tarde esa entrada al coso en su llegada a los festivales, haciendo parada en la iglesia de San Agustín para pedir la protección del santo. Algunos años hemos hecho ese camino, como una peregrinación. Comenzábamos en las escaleras de las cocheras donde Tato, megáfono en mano, dirigía unas palabras tras agradecer las perronillas de Isabel, hermana de Pilar Pastor, tías de mi marido y activas integrantes del Alguacilillo junto con sus maridos Abdón y Chan, éste pendiente siempre de servir el aguardiente de Félix. Reconozco que en más de una ocasión hemos hecho el recorrido algunos y algunas que igual están por aquí con algún aguardiente o licor de hierbas de más acompañando a la guardia real, tanto o más templados que nosotros, portando la pancarta y el pañuelo morado y escoltando a Tato que seguía megáfono en mano cantando A la Caridad Señores, marcando el paso y cogidos del brazo…Nos moríamos de risa tratando de ponernos serios al entrar a la plaza…Algún año, también con la familia Pastor, familia de mi marido, mi otra familia,hemos hecho el trayecto disfrazados, como en las varias ocasiones en que las que hemos pasado por la plaza desfilando y donde alguna botella de orujo de hierbas se escondía entre los aparejos que llevábamos como la réplica del carro de La Ramona un año…Incluso llegamos a disfrazarnos del bolsín con representación de la reina y damas, Petri Salicio y alguacililla incluidas.
Con un traje de alguacilillo prestado también con la ayuda de Mateo Carreño pasó de ser arenero a ser el primer alguacilillo de la plaza de Ciudad Rodrigo, Julio Pérez “Pirolito”. Así comenzó su andadura la Asociación. Tato fue a buscar a Salamanca a La plaza de toros de La Glorieta el traje de alguacilillo con el compromiso de devolverlo puntualmente nada más terminar el Carnaval. El traje le hubiera valido a Lauren, así que imagínense si le sobrara traje por todos lados a Pirolito. Se lo tuvieron que ajustar, a la chaqueta hubo que darle tres vueltas con una correa para ceñírselo y en las botas Tato le tuvo que meter 3 adelantos en la bota izquierda y 3 gacetas en la derecha y aún así, no podía andar…Pirolito tenía a Fito como asesor por sus conocimientos como novillero y él era el encargado de darle las debidas indicaciones de lo que tenía que hacer en la plaza minutos antes de la salida, y en alguna ocasión lo hacía vigilando que Pirolito no meneara mucho el bigote y evitara el aguardiente previo…Pirolito abrió plaza tras negarse en un primer momento a montar al caballo Pío, como le propuso Lauren en las primeras conversaciones para fundar la asociación, ¡a ese lo montas tú!, le dijo Pirolito, porque da más patadas que los caballos de los indios.
Ya con el tiempo, con traje propio y con el paso de diferentes alguacilillos y alguacilillas como la actual, Patricia, la Asociación ha ido asentando esta singular figura taurina sin la que no entenderíamos ya el Carnaval y que se merece sin duda un lugar destacado en el futuro museo del Carnaval de Toro en Los Toriles del Ayuntamiento.
Pero confieso que uno de los días que más me he reído en mi vida no fue en Carnaval, era casi pleno verano, fue el día que subí por primera, y de momento única vez, al Autobús de la Felicidad y ese día sí que lo pasamos como los indios. Fue no hace mucho, a primeros de Mayo de 2023, un domingo, era el día de la madre. Los equipos benjamín A y B del Ciudad Rodrigo Club de fútbol habían ganado los dos la liga provincial ese año en su categoría, algo histórico para el club y para los jugadores, aquel día celebrábamos por todo lo alto la victoria de los dos equipos y para sorpresa de todos allí en la Muge apareció el Autobús de Tato como en las grandes celebraciones…una ocasión perfecta para subir a bordo junto a una treintena de chavales preadolescentes todos desatados, descamisados, sudando, cantando a voz en grito…y lo vimos claro, allí nos metimos algunas madres aficionadas…Lucía, Raquel, y yo…el viaje fue un no parar, una experiencia para los sentidos…entre artilugios como un pollo de plástico, estampitas, folletos y bolsas y bolsas de caramelos nos sentamos junto al conductor, Tato, tratando de calmar a los chavales que saltaban de pie detrás a lo largo del autobús gritando como locos, a empujones pegándose por el micro, voceando y chillando y bailando cual Real Madrid celebrando la Champions, niños y entrenadores, saludábamos todos por las ventanas mientras el autobús botaba y botaba, iba a tirones, y Tato nos advertía que la marcha no iba muy bien, que algo le pasaba, no sé si era el volante, los cambios, el embrague o los frenos pero todo el camino hasta el Árbol Gordo teníamos la sensación de que no llegábamos al destino o que nos estampábamos, tendríamos que haber ido rezando…Pero en ese trayecto, desde los campos de Toñete a las Tres Columnas por la calle Santa Clara, nunca me reí tanto, lloré de risa, mucho rato, todo el camino, que felicidad la de aquel día, la de todo el equipo, la de los chicos, la de los míos, Juan y Martín, también metidos los dos en el bus, con todos sus compañeros y amigos y la de aquel inolvidable viaje a la fuente del Gordo con baño incluido algunos…no me extraña que lo llamen el autobús de la Felicidad…es real, por suerte lo hemos comprobado y vivido. Bajamos de allí muy felices, que buenos ratos como éste, qué alegrías y qué buenos momentos y buenas amistades nos ha dado el fútbol a los sufridores padres y madres, y a los jugadores. La familia futbolera que hemos formado creo que no olvidaremos nunca este histórico día en el Árbol Gordo. Y desde ese Árbol hemos subido hoy hasta el teatro.
Pero otro momento especial, que tampoco olvidaré nunca, y que fue el primer recuerdo que me vino a la cabeza al saber que iban a ser estos mis porteros y yo su pregonera, fue el del día en que mi abuela cumplió 88 años, un martes de Carnaval, 28 de febrero de 2017, y en pleno tablao, después de los toros de muerte, durante la capea, en una sorpresa que no imaginábamos, con la colaboración de mis primas, las foritas como yo, con ramo de flores y reparto de pasteles, la celebración terminó sin haberlo preparado con Lauren y Tato, mano a mano los dos, con megáfono uno y a viva voz otro desde el tablao de al lado, el tablao del bolsín, cantándole juntos el cumpleaños feliz a mi abuela Bea. No se me puede olvidar. Y después de las palabras de Tato y sus Vivas a la abuela de Los Foros, y a los foritos, Lauren como regalo entonó la conocida canción “Miróbriga en Fiestas” como colofón. Les aplaudimos y jaleamos a rabiar a los dos por su animación e interpretación y en especial a mi abuela, que también saludaba al tendido con el pañuelo que brindaba a todos y cada uno de los toreros habidos y por haber, mujer farinata y carnavalera como ninguna, ejemplo de buen humor y de buen corazón. ¡Qué Felicidad! Dentro de unos días, si Dios quiere, cumplirá 97 años y creo que tampoco nunca olvidará lo feliz que fue y que fuimos todas aquella tarde cuando ya terminaba otro Carnaval.
De ese momento hemos recatado estos días los vídeos, guardo también las fotos en el móvil y pero sobre todo en la memoria del alma. Algo que la Inteligencia artificial afortunadamente nunca podrá reemplazar, lo emocional, lo que surge en un momento, lo espontáneo, la inteligencia natural, como la que poseen los dos porteros, que durante muchos años fueron también reporteros y pioneros en dedicarse en los años 80 a inmortalizar a muchas generaciones de mirobrigenses en sus vídeos y grabaciones.
Algo que hay que agradecer al padre de Tato, siempre innovador e interesado por las cosas modernas, es que decidiera regalarle una cámara de vídeo allá por los años 80, la primera que hubo en Ciudad Rodrigo. Y con ella, Tato como cámara y Lauren como locutor, fueron los primeros en hacer reportajes de entrevistas desde la primera grabación en el Café Moderno con la Peña La Mosca, una peña de pescadores, no se piensen los más jóvenes que de otra cosa. Fue la primicia y la primera de muchas en la época en que nació Interpeñas y llegaron a reunir un Domingo de Piñata en la Caridad a las cincuenta peñas que formaban aquella histórica agrupación, entrevistando a todas, una por una, según estaban allí situadas y terminando muchos, entre ellos el propio Tato o el presidente Ferino, llorando de la emoción de aquel momento, donde todo el mundo quería salir en el vídeo. Y Llevaron el Carnaval retransmitiendo encierros y corridas a las residencias de ancianos grabando desde el balcón de Dorado en plena plaza, o los primeros reportajes de la romería de la Hermandad de la Peña de Francia, o las celebraciones de San Sebastián, o entrevistas a toreros como Julio Robles o Manzanares, ganaderos como Eduardo Miura o Victorino Martín o el doctor Zumel, todas con sus correspondientes anécdotas. Documentos, algunos perdidos, otros guardados y recuperados con ayuda me cuentan de Jesús Vegas, tío de un Vegas que tengo cerca, que ha rescatado la historia de esta colección de joyas audiovisuales del Ciudad Rodrigo de toda una generación entre años 80 a los 90, aunque parte de sus protagonistas ya no estén entre nosotros. Y todo de forma altruista.
Ambos, Lauren y Tato han sido y siguen siendo inseparables, más que muchos matrimonios hoy en día, compañeros de actuaciones, de grabaciones, socios, como reconoce Lauren en sus memorias: Tato fue durante mucho tiempo mánager, chófer, apoyo y amigo en sus apariciones cara al público. El báculo que en algún momento necesita cualquier artista cuando los nervios aparecen según se aproxima el instante de alzarse el telón.
Nervios que dejaban paso a su pasión por la interpretación que ha llevado a Lauren a convertirse en su principal protagonista, Juan, ese labrador de la Socampana que combatió a los franceses, todo un reto que afrontó viviendo y metiéndose tanto en el papel como lo hacía con sus diferentes disfraces como el de charlatán con Julete con el que incluso la gente alrededor al verles advertía convencida del posible timo a quienes les escuchaban hablar, o de doña Croqueta, también acompañado de Julete y con una imitación tan conseguida que hasta el propio creador del personaje vino a verlos a Ciudad Rodrigo. Con Tato, al que solía gustarle disfrazarse con falda de escocés, a pesar del frío, también ha compartido disfraces como el de encantador de serpientes, y mientras recuerda que aún guarda por ahí la serpiente, le dice a Lauren que con su vena artística bien podría haber sido millonario si hubiera querido. Se habría forrado.
Les confieso que, como la rondalla este año, yo también he tenido la tentación de probar y preguntar a la IA por algunas cuestiones relativas a este pregón por pura curiosidad…y de Tato dice esto tal cual:
Joaquín Sánchez, conocido popularmente como Tato Galerías, es un querido mirobrigense destacado por su vitalidad, afición taurina y labor social en Ciudad Rodrigo, y destaca varios datos de su trayectoria y entre ellos como uno de los aspectos más relevantes de su perfil este: Aparición en medios: en abril de 2025 ganó notoriedad a nivel nacional tras aparecer en el programa deportivo El chiringuito de jugones, donde se le presentó como el abuelo de Ciudad Rodrigo y se dio a conocer su concepto del Asiento de la Felicidad. Como ven no se le escapa nada a la IA y para finalizar añade una aclaración importante a modo de nota: esta información se refiere a Joaquín Sánchez “Tato” de Ciudad Rodrigo, no a Joaquín Sánchez exfutbolista del Betis. De todas formas también la IA reconoce que sus respuestas pueden contener errores…Mi abuelo le diría a la IA, tú sí que no sabes….
De Lauren dice que es un emblemático artista, cantante y figura cultural de Ciudad Rodrigo y que recientemente ha sido noticia por el cierre de su etapa sobre los escenarios y la publicación de su biografía que cuenta ya con una segunda edición en las librerías…y ¡qué buen prólogo Alcalde!
Pero en conjunto poco puede saber la IA del cariño mutuo de ambos, de su amistad, de todo lo que les une, de sus vivencias, sus correrías de juventud, de alguna que otra juerga, de sus secretos compartidos, de su afición futbolera, de toda una vida de anécdotas juntos, de historias que al contarlas las completan entre los dos, de ese compañerismo que define a la perfección a dos amigos que han contado también cada uno con sus respectivas compañeras de viaje en el camino de sus vidas, Angelita y Tere, ellas sí que seguro conocen como nadie la parte más desconocida y personal de cada uno de estos conocidísimos porteros.
El Carnaval es el descubrimiento del primer amor de unos adolescentes que buscan un rincón al resguardo de las casonas acariciadas por el sol, para robar un beso interminable que quedará grabado a fuego en sus corazones para siempre
¿Saben de quién son estas palabras? Las pronunció Nicolás de Elías en su pregón para esta Peña en 2017…¡Ay Nico, qué razón!…cómo se nota que es rondallero… Y no sólo el descubrimiento del primer amor, sino del amor que te cambia la vida, la mía me cambió precisamente un lunes de Carnaval, un 11 de febrero de 2002, mañana mismo…me pasó como a Lauren, con su disfraz de Jorge Negrete, que se le fue la mano con el maquillaje negro, a mí también me pasó, disfrazada de masai, iba con la cara negra como un tizón, pero yo acabe sin maquillaje, y mi ahora marido, Alberto, Cuye, entonces ligue, que no iba disfrazado, acabó con la suya negra. Tampoco me olvido de ese lunes. Nos ha cambiado mucho la vida en todos estos Carnavales, porque no hay dos Carnavales iguales, ustedes que seguramente muchos han vivido muchos más carnavales ya que yo lo saben bien. Desde entonces hemos tenido Carnavales por la calle toro, por la colada y ahora sobre todo ya más por las ferias.
Estos días he hilado este pregón estrujando recuerdos entre tendales de ropa, lavadoras, listas de la compra, deberes, goma eva, disfraces, entrenamientos, viajes a Salamanca, cafés, noches de insomnio, whatsapps sin contestar, dudas, trabajo, niños…entre lo habitual…eso de lo que tantas veces al cabo del día o de la semana nos quejamos, de esa rutina de la que renegamos pero que al final acabamos aceptando como un acto de fe, como ese refugio que nos asegura y que nos garantiza que a veces, casi siempre, lo importante está precisamente en poder volver a hacer, todos los días, lo mismo, lo cotidiano.
Como en la radio…unas puertas, las de mi otra casa, Onda Cero Ciudad Rodrigo, que tal cual, me abrió un 22 de diciembre de 2005 mi jefe, Mundi a las 8 de la mañana y desde entonces y sin saberlo, me han traído hasta aquí hasta este teatro donde Lauren se despidió este año precisamente acompañado por Mundi, se cierra el círculo, esta mañana me ha entrevistado él a mí…y cuando una puerta se cierra siempre se abre una ventana… Para mí estas puertas de la radio han sido ventanas que me llevaron no sólo a contar noticias, sino a conocer a tantas y tantas personas que han ido formando parte de una actualidad cotidiana que revindica como hace Lauren la importancia de lo cercano, de lo más inmediato, del lugar donde vives, de su historia, tradición, de sus gentes, su talento, su realidad y sus oportunidades, peculiaridades, las cosas únicas que nos diferencian de todo lo viral, global, de lo nacional o internacional, como este Carnaval, como este pregón. Se puede también conseguir el éxito a nivel local, sin salir de casa, el éxito de lo nuestro, se puede ser profesional y estar a la altura de cualquier lugar, no tengo duda, si haces las cosas bien y amas tanto como Tato ama a todo lo farinato. La radio de Miróbriga, Onda Cero Ciudad Rodrigo, lleva sonando y haciendo radio local 33 años en Ciudad Rodrigo, hacemos radio a diario desde aquí, con la gente de aquí, desde la calle Colada, donde comenzó, cada día, con programación local como la que hace esta emisora, esta casa, Onda Cero en las principales capitales, a nivel provincial, regional, la tenemos también aquí, la nuestra y eso sin duda hoy en día es para recordar y para valorar. Esa radio cercana en la que muchas veces, la mayoría, ya conoces bien a los entrevistados, conocidos, vecinos, amigos, familia… la radio y la vida misma de una ciudad donde todos nos conocemos. Pero la radio en Ciudad Rodrigo ya existía antes, y eso lo saben muy bien los porteros, Lauren comenzó como contable ayudando a su padre, entre otras, con la contabilidad de Radio Juventud de Ciudad Rodrigo, ubicada en la Casa Municipal de la Cultura, donde nació el primer Festival de la Canción del Águeda y allí se celebraron las primeras eliminatorias, la final fue en el cine Madrid y Lauren no consiguió pasar a esa final pero actuó como artista invitado. Luego fue el presentador hasta en tres ediciones del festival cuando se celebraba en la Plaza del Buen Alcalde, donde también tuvo varias actuaciones. La relación de Tato con Radio Juventud es distinta, es más anecdótica, como pionero que fue en muchas cosas lo fue también en ser una de las primeras personas en tener dentadura postiza en Ciudad Rodrigo, a pesar de ser muy joven, a los 17 años tuvieron que sacarle toda la dentadura de arriba…y se la pusieron postiza…jugaba con ella, la cogía, la sacaba, la tiraba y la perdía, era un momio decía,…iba a las fiestas de los pueblos y si bebía algo la perdía, iba donde su madre y esta le preguntaba que dónde está la dentadura, y Tato decía, está en Robleda, y volvía y la encontraba donde había devuelto, allí estaba, le pasó más de una vez, en Águeda también. Cuando la perdía en Ciudad Rodrigo, la gente la cogía y la llevaba a la emisora de Radio Juventud, se la daban a Poldo, que estaba de locutor y le decían, seguro que es la de Tato, y Poldo lo llamaba y le decía, Tato, otra vez tengo aquí tu dentadura, ven a buscarla…ya ven, la radio como servicio público desde siempre.
Y da la casualidad que este Carnaval, 20 años después de mis comienzos aquí en la radio, este viernes de Carnaval es 13 de febrero, día mundial de la radio, y el sábado 14, día de San Valentín…así que no me digan que no se han podido alinear los astros sobre Miróbriga en este 2026, nada comparable con el famoso eclipse de agosto, el cielo también nos ha elegido a nosotros…
Podría contarles muchas anécdotas más pero llevo ya aquí un buen rato y me quiero despedir en homenaje a esta peña y a los sonidos de la memoria de todos, a las palabras, a las emociones y recuerdos que se unen como en la radio compartiendo unas líneas así de lo que a mí me suena a Carnaval:
Carnaval me suena a fiesta, a tradición, a ancestral, a rito que se venera, a vida, a felicidad. Carnaval me suena a amor, suena a don, a campana, a emoción, a sentimiento en la piel, palpitante corazón, a júbilo, a expectación, a alegría, diversión, a pasión desenfrenada, a lamento y a oración, a miedo, angustia, ansiedad, a agitación…
Carnaval me suena a Toro, a sube y baja, a todo pasa, a todo llega…Carnaval suena a familia, a amistad, a amigos y a forasteros, a gente y a celebrar, a ganas, disfrute, a momento, a vivir la intensidad, a inmenso, a lo pequeño, a lo grande, a eternidad…
A una mano en la barrera, a un beso en la oscuridad, a un pie en la arena del coso, a un grito en la soledad, una risa a escondidas, un susto que no se va, a ese nudo en la garganta que empuja para saltar…
Suena a madera que cruje, a tablas, punta y compás, a golpear de martillos, a serrín, a inmemorial…
Carnaval me suena a manta, a chaqueta y a girón, a disfraz y a maquillaje, a purpurina y cartón. A hombros que arriman y cuidan y manos para salvar.
Carnaval me suena a madres, abuelas, a brasero, a café, a rosquillas recién hechas, a churros a lo que más. A aguardiente y a bar, a copas, vinos, cervezas y a resaca al despertar…me suena a hambre a deshoras, a huevos con farinato, y a hornazo, a queso y a pan.
A esperas, encuentros, distancias, bailes, jaleos, locura, canciones, olvidos, gestos y a la calle con la luna. A máscara, carcajada, a grito, a libertad, a charanga y pasodoble, a música celestial.
Carnaval me suena a cama, a sábanas de franela, a calor y a humedad, a frío sol de febrero y lluvia primaveral, a hogar, a casa, a verdad.
A encierros y desencierros, a capeas, capas, capotes, subir por la catedral, a plaza, revuelo, a naranja, a ciudad, a pases, oles, pañuelos, a redoble y a trompeta, pitidos y griterío, a alboroto y vitoreo. A frases, saludos, tristezas, a lágrimas sin cesar, al abrazo decidido, a un te quiero nada más, a suspiro, beso, anhelo, deseo, a sangre, sudor y miedo, a peligro, fatalidad, a destino, trabajo, tiempo, a noticias y actualidad, apuntes, notas, palabras, a reloj suelto al sonar. Y a coplas, rondalla, corte, pregones y pregoneros.
A niños, feria y azúcar, caramelo y algodón, a dulce, a tiovivo, a luces, a bingo y coche chocón.
A juventud y a recuerdo, sorpresas que no se olvidan, amores que a veces se van, a ilusión, a desengaño, horas, desvelo, a ausencia, despedidas, a un adiós, a olvidar, a portales, balcones, casetas, peñas y más y hoy sobre todo me suena a puertas que se abren de par en par… como esta Puerta del Desencierro. Seguro que a esto y a mucho más también les suena a ustedes el Carnaval.
Ser de Ciudad Rodrigo y sentirlo es ser de una categoría aparte, ya lo dice la impasible aguja de la calle Madrid, más que un evento, un sentimiento. Gracias Lauren y Tato y Gracias Peña Puerta del Desencierro porque alguna vez me imaginé aquí sin atreverme a soñar y creo que ya nunca podré salir por esta puerta, ni cerrarla, ni olvidarla. Gracias por este impensable regalo de Carnaval.
Si se dan cuenta, mi abuelo Antenor tenía toda la razón, yo no sé nada, esta pequeña chica de la radio sólo tiene el teléfono de todos los que de verdad saben. Feliz Carnaval.
Beatriz Bernal Córdoba