El acuerdo para el alto al fuego encabeza la esperanza sobre un futuro sin conflicto. Amnistía Internacional urge a las autoridades a que lleven a cabo los acuerdos y medidas necesarias para garantizar la paz en Gaza.
Yaser Bedar Sosa
Defensor de los derechos humanos
El viernes 10 de octubre del año pasado ha sido una fecha clave para los derechos humanos gracias a la entrada en vigor del alto al fuego en Gaza. El plan confeccionado por la Casa Blanca y las partes implicadas da lugar a un acercamiento entre las autoridades israelís y palestinas, siendo esto visto con esperanza de que llegue a dar frutos y se mantenga la paz tras esta primera fase del plan. Este ha comenzado con la devolución tanto de presos como rehenes israelíes y palestinos. Los rehenes liberados han denunciado haber sido sometidos a golpizas, aislamiento, desnudez forzada, agresión sexual y otras formas de tortura, siendo esto prohibido por la Cuarta Convención de Ginebra aplicable. Las leyes de derecho internacional humanitario obligan al trato humano de prisioneros de guerra o detenidos civiles. Amnistía acusa a las autoridades israelíes de detenciones arbitrarias, muchas sin cargos ni juicio, así como a ambos bandos de retener rehenes, presos y cadáveres para utilizarlos como instrumentos de negociación, instando a que se deje de usar personas como monedas de cambio.
Las autoridades palestinas califican estos tiempos de reconstrucción como complicados porque su pueblo «ha emergido de una guerra de exterminio, cerco, hambre y destrucción masiva», aunque afrontan esta fase con «un espíritu de responsabilidad nacional y humanitaria». La imagen de esperanza se vio reflejada por el regreso de miles de personas para reconstruir sus vidas y por la llegada de la ayuda humanitaria. Amnistía declaró que toda la población palestina que ha sido desplazada debe poder regresar sin injerencias de Israel e insta a las autoridades a actuar con diligencia.
En la última cumbre en Egipto se discutió cómo se gobernará Gaza, en gran parte destruida, así como el desarme de Hamas y la retirada de Israel de la zona. Desde el grupo palestino se ha declarado que Estados Unidos ha ofrecido una serie de garantías tras el desarme y aseguran que la guerra ha terminado de manera definitiva, mientras que por parte israelí se celebró el regreso de los rehenes y el fin de la guerra. Amnistía Internacional declaró que para que el alto el fuego sea efectivo y permanente, debe basarse en el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos, lo que implica detener de inmediato las acciones genocidas de Israel contra la población palestina en Gaza y adoptar medidas reales para poner fin a la ocupación ilegal de los territorios palestinos y al sistema de apartheid existente. Pero el Plan de Paz actual no contempla justicia y reparación para las víctimas ni establece una rendición de cuentas para los perpetradores de estos crímenes en ambos bandos. Y parece claro que ni el genocidio ni los crímenes de guerra pueden quedar impunes.