CULTURA
Actualizado 06/02/2026 12:19:05
Charo Alonso

Una de las voces más originales del panorama actual reflexionará sobre literatura, viaje y memoria personal en un libro excepcional, editado por Candaya, que incluye un hermoso recorrido por Salamanca

Dice el insigne poeta de Plasencia, Álvaro Valverde, que la del viajero es una actitud, aunque el viaje nos lleve a esa parte tan remota que es el interior de uno mismo. Y cuando el viajero, escribe sus impresiones, la cartografía emocional de su vuelo es para el lector inmóvil aventura vicaria que nos hace llegar lejos. Tanto como quiera llevarnos Alex Chico con su nuevo libro “Cartografía escrita”, que presenta en Letras Corsarias, Rector Lucena 1 y Plaza de San Boal, este viernes 6 de febrero, a las 19:30 horas, con la sabia mano al timón de la profesora Paqui Noguerol.

Pero no solo se dejen llevar por la brújula del viaje. El de Alex Chico es un itinerario literario. Para él, los lugares son los escritores, y paralelos y meridianos, versos y renglones. En esta mezcla suya de memoria, ensayo, crítica literaria, carta de relación y escritura cuidadísima, el autor de Plasencia, narrador, poeta, guionista y tantas cosas más, nos embarca en un recorrido amoroso por autores y libros relacionados con su itinerario vital. Ese que recorre sus viajes y los lugares donde ha vivido y que tan caros nos son a quienes los conocemos: el norte de Cáceres y sus rincones que ahora se anegan de agua, la Granada silenciosa, la Barcelona cosmopolita… y sobre todo, la Salamanca en la que estudió que anuncia como un territorio inagotable. Si hay esperanza en el trazado joven de nuestra literatura, no está en las polémicas absurdas, sino en las páginas magistrales de un maestro de la escritura que se llama Alex Chico y que contesta, en la lejanía que es cerca y presencia, a nuestras preguntas.

Charo Alonso: El género de viajes tiene un apartado de viajes literarios y me gustaría saber si, cuando escribiste estos textos publicados por entregas, eras consciente de ello o quizás solo apuntabas reflexiones a vuela pluma de lo que te iba surgiendo.

Alex Chico: No era consciente, ni siquiera lo soy hasta que he terminado un libro y charlo con algunos de los lectores que se han acercado a él. Normalmente no tengo ningún criterio previo de escritura. Lo que tengo son ideas, historias que me llegan. Al principio, trato de tirar del hilo para ver hasta qué lugar me conducen. Si esa historia consigue ramificarse, es decir, si es capaz de ir tejiendo una tela de araña, la continúo, tenga la forma que tenga. Como normalmente son historias con personajes fronterizos, intento que el género también lo sea. Un género igual de híbrido y limítrofe que las historias que narro o las ideas borrosas que van saliendo al paso. En literatura, y me atrevería a decir que en la vida, no deberían existir ni las certezas ni las verdades absolutas.

Ch.A.: Lo he sentido como un libro de geografía de la memoria tuya. Recorres Plasencia, la Vera, Yuste y su bellísimo cementerio alemán que opaca el palacio del rey emperador. Salamanca de estudios, Granada de quietud, Barcelona de vida actual…

A.Ch.: Es curiosa la suma de azares que se han de concatenar para que escribamos sobre un lugar. Pensar en visitarlo, viajar hasta él, recorrerlo, tomar notas, interiorizarlo. Y luego, pasado el tiempo, esperar que emerja un recuerdo durmiente que nos haga regresar hacia ese territorio y nos empuje a escribir sobre él. Todos los lugares que mencionas, además, son geografías familiares. Lugares demasiado íntimos, porque he residido en ellos. Hablan mucho más de mí de lo que yo pueda hacerlo. Son mi fe de vida, la constatación de mi paso por el mundo. Porque eso es lo que son para mí los territorios: la demostración de que durante un momento breve, minúsculo, hemos existido.

Ch.A.: En todos tus libros practicas esa mixtura de géneros, pero aquí se impone el libro de viajes como descripción, recorrido, memoria. Es un espacio no espacial, pero sí iniciático.

A.Ch.: Todos estos lugares tienen un origen, un punto de partida que se encuentra en la escritura de diarios de viaje. Por pereza o por falta de imaginación, nunca he conseguido mantener un diario personal. Quise, en su momento, iniciarlos, pero me fue imposible. Sin embargo, esa constancia creativa sí la encontré mientras viajaba, porque me permitía interiorizar mejor lo que estaba viendo, como cuando uno lee un libro y siente la necesidad de escribir sobre él para tratar de entenderlo un poco mejor. Al principio esos diarios solo se componían de hojas sueltas. Nunca pensé que eso me condujera algún día a comprar cuadernos para registrarlos con un poco más de orden. Y pensé aún menos que en algún momento guardara en mis estanterías más de veinte diarios. La escritura que surge mientras viajo supone para mí un doble desplazamiento: uno real, tangible y concreto y otro que me despersonaliza cuando describo lo que acabo de ver. Es emocionante.

Ch.A.: ¿Cómo es la vuelta a Salamanca, Alex? Por cierto, emocionante el apunte sobre los poetas actuales de la ciudad y esta librería en la que vas a presentar tu libro.

A.Ch.: Siempre me alegra volver a Salamanca. Igual que me alegra regresar a los lugares de los que nunca has salido. Salamanca, por si fuera poco, es una ciudad que forma parte de mi biografía y, sin embargo, no es un lugar heredado. Es el primer espacio personal elegido. Por eso es tan intenso. Siento en sus calles una autonomía mayor que en otros territorios familiares. Porque mi estancia en Salamanca no dependió de mi familia ni de mi trabajo, sino por voluntad estrictamente propia. Por eso, en cierta forma, me genera algo muy positivo, como si me dijera “aquí estoy y es justo aquí donde quiero estar”. Los autores que conocí mientras estudiaba y los autores que no conocí hasta más tarde completan mi visión de una ciudad a la que amo.

Ch.A.: Salamanca es para ti el lugar literario por excelencia, pero leyendo tu libro uno se asombra de que conozcas tan bien la literatura de cada una de tus más variadas geografías y la manejes con absoluta soltura.

A.Ch.: Me alegran tus palabras, porque yo, en ocasiones, siento lo contrario. A veces creo que acumulo demasiados nombres y otras veces pienso que estoy olvidándome de muchos autores, como si fueran omisiones imperdonables y vergonzosas que acabarán pasando factura a lo que escribo. Siento que esos nombres no citados dejarán incompleto el lugar del que hablo. En fin, qué sé yo, uno llega hasta donde puede. Al menos me consuela pensar que esa búsqueda imposible es la que construye nuestras vidas y la hace inagotable.

Ch.A.: ¿Un viajero retorna a los lugares donde ha sido feliz o busca otros nuevos?

A.Ch.: Los lugares que verdaderamente le importan al viajero siempre son lugares de regreso, aunque no los haya pisado ninguna vez ni los visite nunca. El azar no es más que encuentro pospuesto. Esas geografías forman parte de nosotros mucho antes de que nos hayamos decidido a conocerlas. Estaban en las películas que nos han emocionado, en los libros que son decisivos en nuestras vidas, en los paisajes de los cuadros que hemos admirado. No hay novedad en el viaje. Solo retorno, vuelta al origen, regreso a la semilla.

Ch.A.: Que hermoso y cierto, sí. Dices que todo viaje tiene un momento clave, crucial. A quien no le pasa ¿es porque no sabe viajar o porque es un turista accidental?

A.Ch.: No sabría responderte, entre otras cosas porque a mí también me ha sucedido eso, tener la impresión de que no he experimentado ese momento decisivo que, por pequeño que sea, logra activar una parte de mí. Hay lugares que tal como vienen se van y otros que continúan en nosotros mucho tiempo después. Es lo que comentaba antes de la suma de azares. Esos eslabones son fundamentales, porque si uno de los eslabones falla, el viaje también lo hace. Se olvida, se pierde. Por otra parte, creo que la mirada se puede educar. Se le puede añadir experiencia para lograr remover todos tus sentidos si no quieres pasar nada por alto. Todo cuenta porque todos nos cuenta. Da igual dónde nos encontremos, si en un viaje a la otra punta del planeta o en una calle de tu ciudad por la que transitas mil veces al día. El viajero enciende sus sentidos; el turista solo enciende su teléfono móvil.

Ch.A.: El tuyo es un trayecto emocional, que no físico. Me ha emocionado el dedicado a una casa, la de Dulce María Loynaz, que, en realidad, es un viaje por toda la isla literaria y su absoluta decadencia.

A.Ch.: Tanto en los viajes como en la literatura, si al cabo viaje y literatura no son la misma cosa, valoro mucho la metonimia. Me refiero a esas historias, a esos lugares que por sí solos pueden definir un conjunto más amplio. Emplazamientos que son únicos y a la vez representativos de una ciudad, de un pueblo y de su memoria. Reconozco que me obsesiona perseguirlos. Voy detrás de ellos de forma casi compulsiva. A veces los encuentro y otras veces no logro identificarlos. Esa casa de Loynaz es uno de los lugares que mejor definen a la isla, igual que el edificio medio en ruinas en el que vivió tanto tiempo atrás Luis Cernuda. Territorios poéticos, en su sentido más amplio: alojaron a escritores y con ellos dieron cobijo también a todas las luces y las sombres de su generación.

Ch.A.: Al final, te encuentras en una habitación que contiene todos los viajes y todos los lugares donde has vivido ¿Ese viaje sobre la página es más rico, más complejo, más intenso? Una habitación que contiene todas las que has habitado.

A.Ch.: Parafraseando un verso de Álvaro Valverde, una habitación puede ser todas las habitaciones. Una habitación es el lugar solitario menos solitario del mundo, porque a pesar de su silencio, su sobriedad y su mansedumbre en él se logran convocar todas las voces del mundo, todo su nervio. Si lo piensas, tiene algo mágico. Esa habitación puede estar en cualquier parte. No es necesario que esté contenida entre cuatro paredes. El lugar de escritura es líquido y precisamente por su condición voluble y movediza lo que genera también es inestable. Por eso ese viaje hacia el blanco de la página es más rico, intenso y complejo, porque desde una mínima porción del mundo puedes alcanzar cualquier rincón del universo.

Ch.A.: El viajero, relata el viaje y tú, escribes sobre los escritores que viajan en su paisaje. Cada estancia y trayecto tiene su escritura, y tus cuadernos de bitácora son una buena prueba de ello.

A.Ch.: A menudo pienso en una cosa que me sucede: cuando hablo de Lisboa, por ejemplo, mi tono de voz es más tenue, más melancólico, que cuando explico cosas sobre mis viajes a Berlín o a Londres. Siento que no somos los mismos cuando evocamos un lugar u otro. Hasta nuestro cuerpo cambia, nuestra postura corporal adapta formas distintas, como si tuviéramos para cada geografía una banda sonora diferente que estuviera sonando en nuestra cabeza mientras hablamos. La escritura inevitablemente también refleja esas trasformaciones. Cualquier territorio es único. Por eso cada trayecto tiene su escritura, como bien dices.

Ch.A.: Vámonos, inmóviles de viaje, decía mi amigo, el poeta Jorge Díaz-Vélez ¿Te cansas de viajar?

A.Ch.: Si uno piensa, reflexiona, analiza o, en fin, siente, nunca va a dejar de viajar. Nunca. Tanto da que ese viaje te lleve hacia lugares exóticos o simplemente te proponga doblar una esquina de tu barrio. Nunca me cansaré de viajar porque nunca me he cansado de caminar.

Ch.A.: Con trenes detenidos y aviones caros ¿Acabaremos considerando el viaje un lujo lejos de nuestro alcance?

A.Ch.: Depende de qué viaje esperemos. En ocasiones el verdadero viaje no se encuentra en el lugar que uno cree, sino en el pueblo de al lado. Muchos viajes que no hemos hecho tienen un recorrido mayor que otros que hemos realizado. Al final solo es cuestión de perspectiva. Eso es lo que he comprendido estos últimos años: que el viaje puede emprenderse en cualquier parte. La mirada es capaz de ampliar cualquier territorio, sin depender de jornadas maratonianas en un tren o de precios abusivos. El viaje, como la vida, nunca se detiene.

Ch.A.: Y por cierto, Alex ¿cuál será el próximo viaje?

A.Ch.: A Salamanca. Y no imaginas lo feliz que me hace.

Y nosotros tenemos la posibilidad de acompañarle en este trayecto el viernes 6 de febrero, a las 19.30 en la Librería Letras Corsarias. Bienvenidos al viaje de la geografía escrita de Alex Chico.

Fotografías Editorial Candaya.

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