Los escritores del grupo se unen, de la mano del poeta y profesor de escritura creativa Raúl Vacas para ilustrar las imágenes del fotógrafo Ismael Marcos.
Todo empezó en el Taller de Escritura Creativa del poeta Raúl Vacas en la Biblioteca de la Casa de las Conchas y una cita que se fraguó, precisamente, un viernes trece. Desde entonces, Alfredo Pérez Berciano, Eugenio Sánchez Redondo, Maxi Moreno Arce, Toñi Martín del Rey, José Lorenzo Blanco, Tomás García Merino, Luis Jaraquemada Bueno, Jaume Castejón Martí y Jorge Martín Peribáñez se han dedicado a juntarse para publicar libros de relatos -“SecRetos 1”, en el 2022 y “SecRetos 2” en el 24-, hacer tertulias, encuentros, concursos literarios, lecturas… es decir, para disfrutar y difundir la literatura. Esa nuestra que, en la ciudad letrada debemos conocer, disfrutar y privilegiar ¡Y no por nada, sino porque es buena y de aquí!
Y este invierno que parece interminable con sus vientos y sus lluvias nos deja, con una portada hermosísima, este conjunto de “Historias reveladas” que vuelve a nacer, de nuevo, de la mano de Raúl Vacas. El fotógrafo Ismael Marcos participa en el Taller y es quien ha lanzado estas imágenes que sirven para que los autores escriban un relato. El resultado es este libro prologado por el poeta, maquetado por Josefa García Bernal, con el fantástico diseño de portada de Esther García e impreso por Max Ferlam. Un libro que puede encontrarse en la Librería Víctor Jara y que juega en su título con ese “revelado” que muestra la fotografía, pero también la realidad tal cual es y hasta se “rebela” contra la vida acomodaticia. Porque las buenas gentes del Club Viernes 13 lo hacen todo de forma diferente.
Son tiempos de individualismos y estos autores se juntan en igualdad de condiciones para escribir y compartir. Para disfrutar y solazarse de la diferencia. Porque estos nueve escritores son muy diversos, van del costumbrismo a la ciencia ficción, de la descripción al diálogo, y sin embargo, tienen algo en común: la constancia, el empeño tenaz de seguir escribiendo, aprendiendo, uniendo. Y aunque practican la crítica con cierta saña –hablan de sesión “cuchillera o navajera”- su espíritu, se ve enseguida, es de una alegre constelación de egos bien avenidos. Y mira que es difícil, vivimos tiempos de hablar de mi libro y nada más… pero estos nueve mosqueteros parecen felices en la foto de grupo, en la presentación multitudinaria, y, sobre todo, en su ramillete de relatos. Relatos que se revelan tras una fotografía determinada de Ismael Marcos, que sirve de estímulo a los autores.
Recuerda en su prólogo Raúl Vacas que Marcos se define como “un voyeur de lo efímero”. Y es ese instante decisivo, en la calle, el que arma sus casuales “performances”, sus hallazgos visuales que plasma en blanco y negro, narrativos y estimulantes. De ahí que para los autores la imagen sea tan fecunda que parece contar el relato, y ambas cosas, texto e imagen se hacen instantánea, se unen a la perfección, se ilustran y se explican. El niño que juega con el charco, magnífica portada, defiende su castillo, las niñas ante el escaparate, dialogan sobre brillantes futuros, el rasgo de denuncia social tiende la ropa en el barrio obrero, incluso el interior misterioso que parece un cuadro de Magritte tiene su relato cuya intriga revela el final sorprendente.
Cuando el lector voraz encuentra un libro de relatos que merece la pena, se relame. No tiene una historia que llevarse a la boca, sino un puñaó. Y disfruta mucho más. Y más cuando la fotografía es tan adecuada. Y después, uno no sabe si el texto vino después o fue el autor el que disparó el obturador de un fotógrafo que escribe con la luz la historia. Así de bien imbricados están el relato y la imagen, de ahí que sea un libro tan atractivo. Y una propuesta tan generosa para el lector. Y habida cuenta de que siguen las borrascas, una tras otra, nada mejor que estar a la intemperie con un buen libro esperando el momento de recorrer las calles, esas que tienen gentes que hablan por teléfono en cabinas que no existen, o que llevan una cabeza de maniquí como equipaje. Esas que son, en suma, la aventura que relata un fotógrafo enamorado de la casualidad y un grupo de escritores con muchas ganas y mucho que narrar. Los de Viernes trece, por supuesto.