LOCAL
Actualizado 28/01/2026 11:58:06
Toni Sánchez

El encargado de un conocido local de ocio nocturno de Salamanca detalla su modelo de gestión, basado en la flexibilidad horaria para una plantilla de jóvenes estudiantes. Además, ofrece un análisis crítico sobre la 'guerra de precios' en el sector, que considera perjudicial para la calidad y la rentabilidad del negocio.

La maquinaria del ocio nocturno en Salamanca funciona con una precisión que a menudo pasa desapercibida entre la música y la fiesta. Detrás de las barras, una legión de jóvenes estudiantes sostiene el servicio mientras los responsables de sala hacen malabarismos para cuadrar horarios académicos y picos de afluencia. Antonio, encargado de uno de los locales más conocidos y con mayor trayectoria de la capital, desgrana la realidad de un oficio que exige "mano izquierda" y ofrece un diagnóstico crítico sobre un sector que, asegura, "va para atrás" debido a la devaluación de los precios.

El perfil del trabajador en la noche salmantina es homogéneo y responde a una necesidad clara: estudiantes de 18 y 19 años que buscan su primera experiencia laboral para obtener ingresos extra. La gestión de estas plantillas no sigue las normas de una empresa convencional; la clave del éxito reside en la flexibilidad total.

"La ventaja principal es la adaptación del horario", explica el encargado del local, quien detalla que no existe una obligación rígida de trabajar días fijos. El objetivo es blindar la prioridad académica de los empleados: "Deben poder estudiar, sobre todo en épocas de exámenes, y cuando no tienen esa carga, disfrutar también". Esta fórmula permite que, aunque el local abra cuatro días a la semana, los camareros roten trabajando habitualmente entre una y tres jornadas.

De la plantilla a la "familia": fidelizar frente a la rotación

Uno de los mayores retos de la hostelería nocturna es la alta rotación de personal. Sin embargo, el modelo de gestión basado en el clima laboral parece dar frutos en este establecimiento. Antonio insiste en que el trabajo debe trascender el simple cumplimiento de horas: "Siempre he intentado inculcarles que no es venir, trabajar y pirarte a casa, sino crear un buen vínculo con los compañeros".

Esta apuesta por un ambiente que el encargado define como de "familia" ha logrado una estabilidad poco común en el sector. A pesar de que los trabajadores suelen abandonar el puesto al finalizar sus carreras universitarias, el núcleo duro se mantiene. "Siempre tengo una base de unos cuatro o cinco camareros fijos, y van rotando otros tantos", indica. Las cifras de este curso avalan la estrategia: de una plantilla base de ocho personas, este año solo ha sido necesario incorporar a dos nuevos empleados.

El reto de la responsabilidad y la logística

Coordinar a un equipo joven conlleva desafíos logísticos inevitables, especialmente cuando la vida social de los empleados choca con las necesidades del negocio. Antonio reconoce con franqueza las dificultades que surgen cuando varios trabajadores solicitan librar el mismo fin de semana. "Hay veces que se ponen de acuerdo y ahí hay que cubrir el puesto; no podemos quedarnos tres personas cuando el servicio requiere cinco o seis", señala.

Para la mayoría de estos jóvenes, servir copas supone su primera toma de contacto con el mercado laboral, lo que añade un componente formativo al rol del encargado. Antonio valora este aspecto como una escuela de madurez: "Al final, ejercen una responsabilidad que, si no empiezas a trabajar ahora, quizá no adquieras hasta que termines la carrera".

Alerta por la "guerra de precios" y los nuevos hábitos

Más allá de la gestión de recursos humanos, el responsable ofrece una visión crítica sobre la deriva económica del ocio nocturno en la ciudad. Lejos del triunfalismo, Antonio muestra su preocupación por una competencia que considera mal entendida.

"Creo que, en vez de evolucionar, vamos un poco para atrás", lamenta con contundencia. Según su análisis, el sector está "acostumbrando a los estudiantes a pagar muy barato" por las consumiciones, lo que genera una dinámica peligrosa donde cualquier incremento, por pequeño que sea, se percibe como "un escándalo". Esta situación provoca, a su juicio, que "los hosteleros se pisen unos a otros" en una carrera por bajar precios que termina afectando a la rentabilidad y calidad del servicio.

A esta situación económica se suman unos hábitos de consumo arraigados que condicionan la operativa de los locales. El fenómeno de las reuniones previas en pisos sigue marcando el ritmo. "Intentamos llenar a primera hora, pero a veces se hace muy difícil porque la gente prefiere estar en pisos con amigos", explica Antonio. Esta tendencia retrasa la afluencia masiva a los bares hasta bien entrada la madrugada, habitualmente hacia las 2:00 horas.

Antonio, que comenzó en el sector a los 19 años y actualmente compagina la noche con un empleo diurno, conoce bien el sacrificio personal que implica este ritmo de vida. "Acostarte a las 4:00 de la mañana y levantarte a las 9:00 va costando cada vez más", confiesa, aunque su compromiso con el proyecto y su lealtad al propietario le mantienen al frente de una de las salas de referencia de Salamanca.

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