Es frecuente que al ritmo acelerado al que vives el día a día, se te pasen inadvertidos por delante de tus ojos esos momentos de tu vida que pueden guiarte al éxito. Porque estamos enfrentándonos en los tiempos actuales a que los grandes paradigmas que nos rodean están cambiando con demasiada frecuencia.
¿No te sería de interés conocer cuál podría ser uno alcanzable para que guíe tus logros personales? Desde ya que sería un muy buen comienzo.
Nos esforzamos cada día en querer que las cosas nos vayan bien. Pero no valoramos los pequeños momentos, justamente esto es lo que nos ocurre a todos. ¡Nos creemos que no tenemos tiempo…que no podemos perder un minuto en esto o en aquello! Y en las pequeñas cosas que rodean nuestras vidas -aunque con frecuencia no nos damos cuenta- se encuentra, aunque no sea el éxito en valores absolutos…al menos…momentos que nos reconfortan. Que nos dan nuevo impulso para seguir luchando.
Pero yo…que soy un espíritu inquieto y que estoy recorriendo el mundo de las ideas, especialmente de las historias reales, del conocimiento en general, pero muy especialmente, el que podemos aplicar en nuestras vidas para mejorarlas, te voy a llevar a un terreno que te será común y que estoy seguro que te va a atrapar. ¡Eso es lo que espero!
Se trata de un hombre que reflexiona sobre su vida y se dio cuenta que había momentos de alegría en su experiencia vital, que le pasaron desapercibidos. No nos damos cuenta, pero dejamos pasar minutos y horas cada día en los que no le damos alternativa a la alegría para que se convierta en un momento concreto. Puede que esté rondando en nuestra cabeza (pensando, por ejemplo, qué bien lo vamos a pasar el próximo fin de semana si vamos a hacer senderismo), pero no es suficiente para sacarnos de esa tensión (casi negativa) que invade nuestro cuerpo por las tareas y responsabilidades que tenemos, de las cuales nos esforzamos con todas nuestras fuerzas, pero últimamente no nos salen como quisiéramos.
Pues muy bien…este hombre que encontré en ese espacio de las experiencias personales (o sea que es un hecho real) decía como sigue:
“Esta mañana, me reuní a tomar un café con un buen amigo que está pasando por un momento difícil en el trabajo. En uno de esos momentos que lo hacen plantearse a uno quién le da cuerda al reloj de la vida”. Magnífica expresión la que ha utilizado, como si no fuésemos nosotros los que damos a nuestras vidas el impulso para estar vivos cada día.
Y seguía diciendo: “mientras estábamos allí sentados me vibró el teléfono. Era un correo electrónico de otro amigo, Ryan, y lo único que vi fue el asunto de ese mail solo con una palabra: éxito”.
En realidad, se conocían de hace años, porque habían sido competidores en su profesión de periodistas en la sección de deportes de dos pequeños diarios que “competían” entre sí, en Virginia, Estados Unidos. Pero más allá de la fuerte, y, por otro lado, lógica competencia entre ambos, finalmente terminaron siendo amigos.
En el instante en que Mike (el que relata la historia) recibe el mail de Ryan, lo define como “un momento curiosamente oportuno”, en el cual le explicaba (de ahí el envío del correo) que estaba preparando un discurso para la semana siguiente, en la que tenía una cita especial para dar una charla que se titulaba “¿Cómo se define el éxito?”. O sea, que lo que su viejo amigo Ryan quería de Mike que estaba tomando un café para ayudar a su amigo por el mal trance que estaba pasando, era saber qué opinión le merecía la palabra éxito. Y más bien: cómo la definiría. ¿O es que quería transmitir a su auditorio cómo darse cuenta de que el paradigma estaba cambiando y había que saber surfear a tiempo esta nueva ola?
Y entonces, Mike pensó que justo en la conversación que estaba teniendo con el amigo al que estaba ayudando era más que una coincidencia.
Decidió entonces Mike responderle a Ryan en estos términos:
“Hola, amigo.
Me alegra recibir noticias tuyas. Y en un momento oportuno. Recibí tu correo electrónico justo cuando estaba hablando con un buen amigo, que está pasando por un mal momento en el trabajo. Quisiera haber podido aconsejarlo mejor”.
Y entonces continúa relatando aspectos de sus vidas (las de Ryan y Mike) en los que recordaban momentos de aquella época, y después los caminos que siguieron cada uno en otras ciudades.
Entonces Mike le dice a Ryan que “hace más de un año, escribí una historia y ningún lector me criticó por ella, lo cual, hoy en día, es un éxito. Pero nadie dijo nada bueno tampoco… entonces, ¿es un fracaso? No lo sé.
“Cada tanto, y aunque no lo creas, estudiantes universitarios me piden consejos. Tal vez eso es el éxito. Pero anoche, el editor de una publicación en la que moriría por escribir me respondió a una propuesta de trabajo que le había hecho con las crueles palabras: “Esto no encaja con nosotros”, así que me puse a leer anuncios de empleo para buscar una nueva línea de trabajo”.
Y me parece que llega al punto álgido de su mail, en el que dice:
“Tal vez el éxito no se mida en logros, ni en “ser feliz con uno mismo”, ni en ninguno de los clichés al respecto que se encuentran en los libros de autoayuda. Los objetivos y la paz con uno mismo son indicadores egoístas, y no quiero decir que el egoísmo sea algo malo, para nada. El egoísmo es el eje de la humanidad, desde los tiempos de los hombres de las cavernas hasta la era de los astronautas, pasando por los santos en vida. Los logros individuales traen aparejados logros comunitarios, que, a su vez, traen logros mundiales. Pero todos los logros del universo tal vez no lo hagan sentirse exitoso a uno mismo, ¿no es cierto?”.
¿Supongo que has comprendido el mensaje? ¿Le damos la importancia que requiere cada pequeña cosa que hacemos, y muy en particular, aquellas que compartimos, como la del encuentro café de por medio para ayudar a un amigo de nuestro relato?
¡Me parece que no! Creemos que si algo no se materializa no puede darnos satisfacción. La cultura de lo material por encima de cualquier otra consideración, por ejemplo, la de darle valor a esos momentos de alegría, que como dice el héroe de nuestra historia de hoy, “terminan pasándonos desapercibidos”. ¡Qué pena!
Decía el genial Chaplin, que “cada día sin una sonrisa es un día perdido”, lo que siempre he considerado que es un pensamiento absolutamente genial. Y en línea con nuestro héroe del cine mudo, que supo relatar la vida en blanco y negro como nadie, porque sabía describir las emociones, esos pequeños momentos que nos pasan desapercibidos es como la sonrisa de Chaplin que nos ha hecho perder ese día en el que no reímos. No debemos perder más momentos de esos que nos hagan reflexionar y sentir que estamos vivos, como los de Mike con su amigo tomando un café y los recuerdos que comparte con Ryan por mail, al que también le preocupaba el éxito porque tenía que definirlo para su discurso.
Cuando te formules preguntas tales como ¿si realmente sabes cuál es la clave del éxito?, te sugiero que te detengas unos minutos y verás un comienzo! ¡Dime que he acertado y que le estás dando unos minutos a esa reflexión sobre los momentos tuyos, de hoy…de ayer…de siempre, que te han pasado desapercibidos, pero que en realidad han sido importantes para ti…te han ido dando el sentido de tu vida…han estado describiendo fielmente cómo te conduces en tu vida…por qué eres una buena persona…por qué no te obnubila solo lo material y la satisfacción que de tu interior aflora cuando tiendes la mano a un amigo, a un familiar o a ese acto de generosidad que has hecho en el día de hoy, como ayudar a una persona que necesitaba esa pequeña ayuda.