LOCAL
Actualizado 27/01/2026 21:09:56
Rosa M. García

Los índices oficiales son satisfactorios, aunque persisten las discrepancias sobre la medición de la contaminación en las vías de mayor tráfico; el Ayuntamiento viene implantando distintas medidas para que el aire sea más limpio

Hoy, 28 de enero, se conmemora el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2, una fecha designada por la ONU para concienciar sobre el impacto del cambio climático. En este contexto global, cabe preguntarse cuál es la realidad atmosférica más inmediata para los salmantinos: ¿Qué aire respiramos realmente en la ciudad?

La efeméride busca impulsar políticas de descarbonización, el uso de energías renovables y combustibles más limpios. Es un recordatorio de que la reducción de gases de efecto invernadero no es solo una cuestión de grandes cumbres internacionales, sino de la gestión diaria de las ciudades y de la movilidad urbana.

Datos oficiales y en tiempo real

A fecha de finales de enero de 2026, los datos oficiales arrojan un balance positivo para la capital charra. Según los registros de la Junta de Castilla y León y plataformas de monitorización global como IQAir, la calidad del aire en Salamanca se considera generalmente buena y satisfactoria.

Los medidores oficiales, ubicados en la calle La Bañeza y en La Aldehuela, reportan actualmente niveles bajos en el Índice de Calidad del Aire (AQI). Esto implica que:

  • La contaminación atmosférica representa poco o ningún riesgo para la salud de la población general.
  • Los niveles de material particulado (PM2.5) se mantienen dentro de los rangos considerados seguros por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
  • Es seguro realizar actividades al aire libre sin restricciones especiales.

Aunque la tónica general es de normalidad, los históricos indican que la ciudad puede sufrir picos puntuales de contaminación, especialmente de partículas PM2.5 y PM10, durante episodios de inversión térmica o condiciones meteorológicas adversas que impiden la dispersión de contaminantes.

Para aquellos ciudadanos interesados en monitorizar esta situación al minuto, es posible consultar los datos de la Junta en tiempo real aquí , así como comparar la situación de Salamanca con el resto de ciudades del continente en el mapa de calidad del aire de la Agencia Europea de Medio Ambiente.

La otra cara de la moneda: el tráfico y el NO2

Frente a los datos de "excelencia" de los medidores oficiales, organizaciones como Ecologistas en Acción han matizado históricamente esta realidad. El principal argumento del colectivo es la ubicación de las estaciones de medición: al situarse en zonas abiertas o residenciales (La Aldehuela y La Bañeza), los datos no reflejarían la realidad que se respira en las arterias con mayor carga de tráfico.

Estudios independientes realizados por la organización en años anteriores mediante mediciones propias detectaron concentraciones más elevadas de dióxido de nitrógeno (NO2), un gas tóxico ligado directamente a los tubos de escape de los vehículos de combustión. Las zonas señaladas con mayores índices de contaminación fueron Paseo de Canalejas (donde se registraron los niveles más altos), Avenida de Mirat., Gran Vía, Avenida de los Maristas, Avenida de Alemania, Paseo de Torres Villarroel y calle Peña de Francia.

El NO2 es un contaminante que afecta a la capacidad respiratoria y, a largo plazo, puede derivar en problemas pulmonares crónicos. La OMS establece un valor límite horario de 200 µg/m³ que no debería superarse más de 18 veces al año para proteger la salud humana.

La respuesta municipal: 32.000 nuevos árboles y movilidad sostenible

Para combatir el efecto isla de calor y reducir la huella de carbono, el Ayuntamiento de Salamanca continúa desplegando su Estrategia de Infraestructura Verde (Savia). La medida más reciente y ambiciosa es el inicio de una campaña histórica de reforestación urbana.

El Consistorio ha puesto en marcha la plantación de 32.663 árboles con una inversión superior a los 631.000 euros. El objetivo es incrementar la masa arbórea para que actúe como sumidero de carbono natural. Actualmente, la ciudad cuenta con 18 metros cuadrados de zona verde por habitante, duplicando la recomendación de la OMS.

Zonas de actuación inminente

Los trabajos de naturalización se dividen en tres grandes bloques:

  1. Zonas urbanas (1.110 árboles): Se intervendrá en 51 ubicaciones, incluyendo avenidas principales como la de Salamanca, San Agustín o Reina Berenguela, y espacios como la biblioteca Torrente Ballester o el Cerro de San Vicente.
  2. Zonas forestales y periurbanas (29.250 árboles): Es la actuación de mayor calado, destinada a crear un anillo verde exterior. Destaca la creación de un bosque de 21.755 ejemplares en el Polvorín de Tejares, además de intervenciones en la ribera del Zurguén y el parque del Baldío.
  3. Refuerzo en parques (2.303 árboles): Actuaciones de mantenimiento y reposición en jardines existentes.

Se utilizarán hasta 57 especies autóctonas y adaptadas, como encinas, robles, almendros y fresnos, para fomentar la biodiversidad y evitar plagas.

Movilidad: hacia una flota ecológica

Más allá de la infraestructura verde, la reducción de emisiones pasa por el cambio en el modelo de transporte. Salamanca ha registrado recientemente un récord de usuarios en el transporte público, y el uso de la bicicleta sigue creciendo gracias a los más de 125 kilómetros de carril bici que conectan la capital con el alfoz.

En el ámbito institucional, la Policía Local está en proceso de renovación de su flota con la incorporación de 28 nuevos vehículos (22 SUV y 6 furgonetas) con etiqueta ECO o Cero Emisiones. Con esta medida, el 72 % de los vehículos municipales serán ecológicos, sumándose a los servicios de autobús urbano y limpieza, que ya operan con criterios de sostenibilidad.

El reto global del calentamiento terrestre

El Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2 recuerda que el calentamiento global es un aumento exacerbado de la temperatura terrestre provocado, principalmente, por la actividad humana. Entre sus causas principales destacan:

  • La quema de combustibles fósiles.
  • La deforestación de bosques y selvas.
  • El uso excesivo de fertilizantes.
  • La producción descontrolada de residuos.

En Salamanca, la combinación de datos oficiales positivos y la vigilancia ciudadana sobre los puntos negros del tráfico dibujan el mapa de una ciudad que, aunque respira un aire aceptable, sigue teniendo el desafío de reducir las emisiones en sus arterias principales.

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