Las fotografías recorren la herencia de Francisco de Vitoria en la ciudad de Salamanca
Las primeras fotografías que vi de Vicente Sierra Puparelli, profesor del instituto donde estudié, fueron un magnífico ensayo de veletas salmantinas que alzaban al espectador a la sorpresa de lo inesperado. Y así ha sido como hemos asistido siempre a las diferentes muestras y libros del fotógrafo salmantino, un lector atento de la Salamanca de a pie en la que a veces no reparamos. Una Salamanca que mantiene su historia viva y que debemos aprender a leer a cada paso.
Era Don Vicente un profesor de temple sereno y cultura humanística como la que ornaba a tantos grandes nombres de las ciencias en Salamanca. Matemáticos, físicos y químicos han sido grandes fotógrafos, su laboratorio de los milagros tenía mucho, en tiempos de alquimias y tiempos medidos, de ciencia exacta que se mezclaba con el talento de la mirada, con la seguridad del instante decisivo aprendido de Cartier-Bresson, con esa intuición de la que nos habló Puparelli en una charla en su querido Casino en la que aprendimos de la paciencia, la geometría del encuadre, la herencia de Núñez Larraz y el gusto por la arquitectura. Ejerce como entregado a la cultura en El Casino de Salamanca Sierra Puparelli como trabaja en el Centro de Estudios Salmantinos, con rigor, con creatividad, con generosidad. Y buena prueba de ello es, que en un tiempo record, de su fecundo archivo sale toda una exposición para festejar la efeméride de los 500 años de la Escuela de Salamanca, magníficamente comisariada por Chema Sánchez.
En ella, como en tantos de los trabajos del fotógrafo, el encuadre original, la visión frontal y directa, el paseo por los espacios que nos recuerdan a Francisco de Vitoria, actúa como testimonio divulgador, como una forma de enseñanza. Ahí donde el dominico catedrático de teología enunció el Derecho de Gentes proclamando la dignidad de los habitantes del nuevo mundo, se pone la mirada de Sierra Puparelli para recordarnos la importancia de las ideas que avanzan en una iglesia que toma partido. No podemos por menos que aprender de la historia del derecho –somos una ciudad puntera desde siempre en esa disciplina- y recordar que siempre hemos vivido a la sombra de la estatua del dominico, admirados por el edificio insigne de la orden, y si lo hemos olvidado, ahí está Vicente Sierra Puparelli para ofrecérnoslo.
Honor a quien honor merece, y no está de más que recordemos la herencia recibida. Y lo hacemos con un paseo fotográfico impecable que nos sirve de brújula. Dice el artista que la fotografía es algo muy íntimo, una mezcla de pensamiento e intuición que ofrece a la mirada del otro. Y en esta ocasión, lo hace a mayor gloria de una de nuestras principales figuras, y lo hace, como siempre, con maestría, con la elegancia de esa aparente sencillez que tanto importa. Y todo para celebrar la grandeza de una efemérides, ahí, donde la cultura tiene su sitio, en la delicada, recogida, hermosa sala de exposiciones del Casino de Salamanca.
Fotografías: Carmen Borrego