La imagen recorre las calles desde la Basílica de la Anunciación hasta la iglesia de San Juan de la Cruz en una celebración marcada, de nuevo, por la participación familiar y el viento
Alba de Tormes celebra este domingo, 25 de enero, la tradicional procesión del Niño Jesús de Praga, una cita que se repite con el mismo esquema que en ediciones anteriores y que vuelve a tener a los niños como principales protagonistas. El acto da comienzo tras la misa celebrada previamente en la Basílica de la Anunciación de Nuestra Señora del Carmen, desde donde parte la procesión a las 13:30 horas.
La imagen del Niño Jesús de Praga es portada por los más pequeños, acompañados en todo momento por sus familias y numerosos vecinos, en un ambiente de recogimiento y devoción. A pesar del viento, la procesión se desarrolla con normalidad, recorriendo las calles habituales y pasando por la Plaza Mayor, uno de los puntos centrales del itinerario.
El recorrido finaliza en la iglesia de San Juan de la Cruz, donde, como es tradición, se procede al reparto de naranjas y bollos entre los asistentes. En total, se distribuyen 42 kilos de naranjas y 200 bollos, poniendo el broche final a una jornada festiva y religiosa muy arraigada en la villa.
La procesión del Niño Jesús de Praga vuelve así a reunir a varias generaciones en torno a una celebración que combina fe, tradición y convivencia, manteniendo vivo un acto que cada año refuerza el protagonismo infantil dentro del calendario religioso albense.
En el mes de enero, el Carmelo vuelve la mirada al Niño Jesús de Praga, el Pequeño gran Rey. En su pequeña imagen, vestida de majestad y ternura, contemplamos el misterio más grande de nuestra fe: Dios se ha hecho niño para salvarnos.
En el Carmelo, esta devoción es un tesoro. Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz amaron profundamente la humanidad de Cristo, y de modo especial su infancia. Santa Teresa de Jesús llevaba siempre consigo una imagen del Niño Jesús, como quien lleva a un amigo querido. Sabe que en el Niño se esconde la fuerza del cielo.
La imagen venerada en Praga nos presenta al Niño vestido de Rey. Porque en su pequeñez se esconde su gloria. Él es verdaderamente niño y verdaderamente Dios. Y desde esa pequeñez nos promete algo grande: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”.
A lo largo de los siglos, su imagen ha sido fuente de consuelo, de conversión y esperanza. El Pequeño Rey sigue derramando bendiciones sobre quienes lo invocan con corazón sencillo.
Hoy, también nosotros queremos que Él reine en nosotros.
Que el Niño Jesús de Praga nos enseñe a ser pequeños, para que Dios pueda ser grande en nuestra vida.
Oración al Niño Jesús de Praga
Oh Niño Jesús,
Pequeño gran Rey,
que en tu ternura escondes la fuerza de Dios
y en tu pequeñez nos revelas su amor,
te adoramos y te bendecimos.
Ven a nuestro corazón como viniste al mundo:
sin ruido, sin violencia,
con la suavidad del amor que salva.
Tú conoces nuestras necesidades,
nuestras heridas y nuestras esperanzas.
Nos ponemos en tus manos pequeñas
y confiamos en tu promesa:
“Cuanto más me honréis, más os favoreceré”.
Haznos humildes como Tú,
confiados como niños,
sencillos y abiertos a la gracia.
Reina en nuestras familias,
en nuestras comunidades
y en lo más profundo de nuestro corazón.
Oh Niño Jesús de Praga,
Pequeño gran Rey,
bendícenos, protégenos
y llévanos siempre al amor del Padre.