Groenlandia, ¿Qué es? Para un niño de escuela, como hemos sido todos, es lo que el maestro o la maestra señala, en la parte más alta del Mapa Mundi, cercano al Polo Norte, de color blanco por el hielo y la nieve existente, cuyas bajas temperaturas hacían difícil la vida en el lugar. Dejando escapar la imaginación infantil, se podía intuir que estaba más allá de los ya lejanos países escandinavos de donde procedían los míticos vikingos.
Más del 84 % de esa basta superficie está ocupada por una gruesa capa de hielo que en el centro de la isla llega a alcanzar los 3.000 metros de espesor sobre el nivel del mar. El 87 % de su pequeña población, 57.500 habitantes, son de ascendencia indígena diversa, aunque la mayoría son inuit, viven en la costa rodeada de fiordos, sin hielo. Su idioma oficial es el Groenlandés y su moneda la Corona danesa. Su capital es Nuuk.
Ahora resulta que Groenlandia es mucho más que eso y que no está tan lejos. A pesar de que en el Foro de Davos 2026 que se está desarrollando en Suiza, Donald Trump, presidente de Estados Unidos, dice (a fecha 21 de enero) referido a sus ganas de anexionarse Groenlandia, que total lo único que quiere es “un trozo de hielo”, cuando sabe que no es eso lo busca.
Lo dicho hasta aquí puede que tenga algo que ver con el hecho de que, hasta hace pocas décadas, ciertamente era difícil llegar al Ártico. Consecuentemente, las reivindicaciones territoriales de aquellos parajes que, geográficamente están en América del Norte, carecían de interés para nadie.
Pero con la agresiva geopolítica de nuestros días estas situaciones tranquilas se han convertido en polvorines de alto riesgos. Entonces ¿Cuáles son las razones por las que antes Groenlandia era insignificante y ahora todo el mundo se interesa por ella? La razón profunda viene dada por el cambio climático, el calentamiento global y el consiguiente derretimiento del hielo. Esto pone al descubierto su abundante riqueza mineral (tierras raras se llaman ahora) su posición estratégica para el control de nuevas rutas comerciales entre Eurasia, Norteamérica y la zona del Ártico; el control militar y tecnológico en el Ártico. Todo ello en el marco del nuevo imperialismo estadounidense, el dinero y la ambición desmesurada del señor Trump.
Es como si, de repente, surgiera un nuevo continente (por sus dimensiones lo parece) en medio de la carrera por el interés y el control del Ártico donde confluyen grandes potencias como Rusia, EE. UU. (con Alaska) Canadá y la Unión Europea. Las pretensiones de Estados Unidos de anexionarse Groenlandia tendrán repercusiones de hondo calado y será una prueba de hasta dónde llegará Trump en su intento de trastocar el orden internacional, acabar con la democracia estadounidense y erigirse en emperador mundial, porque, el poder está limitado solo por “mi propia moralidad”, dice él de sí mimo.
Además de su ubicación estratégica, el tamaño de Groenlandia también cuenta. Es la isla más grande que existe en el Planeta Tierra, con una superficie de más de dos millones de kilómetros cuadrados, más grande que Francia, Reino Unido, Italia, Alemania y España, juntos. Si Trump consiguiera apoderarse de ella, sería la adición territorial de Estados Unidos más grande de su historia, superando las de Luisiana, California y Alaska. Eso elevaría aún más su ego.
En lo político, actualmente Groenlandia funciona como un país autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Cuenta la historia que exploradores nórdicos liderados por Erik el Rojo llegaron y se asentaron en Groenlandia en el siglo X, pero esos asentamientos desaparecieron 500 años más tarde, hacia el siglo XV. En 1721, el misionero Hans Egede llegó a la costa oeste, donde estableció una misión y el comercio. Este reinició de la presencia europea en la isla fue el inicio de la colonización danesa-noruega.
Por el Tratado de Kiel en 1814, tras las guerras napoleónicas, Noruega se separó de Dinamarca. Groenlandia, junto con Islandia y las Feroe, permaneció bajo la corona danesa como colonia, hasta 1953 que se integró como provincia. En 1979 logró la autonomía y en 2008 amplió su estatuto de autonomía, dejando abierto el derecho de autodeterminación. Sobre la mesa está una posible independencia completa de la corona danesa y la formación de un nuevo Estado independiente. Por el momento, Dinamarca maneja la defensa y la política exterior de la isla.
Hoy, Groenlandia está en el candelero, no por circunstancias propias de poder, autoridad, fama o éxito desbordado, sino porque alguien con mucho poder se ha encaprichado de ella, dice que le pertenece, que tiene derecho a ella y que la tomará, por las buenas o por las malas, comprándola o por la fuerza.
Amenaza que, desde el punto de vista de la comunicación pública, ya se está cumpliendo. Donald Trump ha publicado en su red social Truth, y multiplicada inmediatamente de forma automatizada por otras redes sociodigitales como X, (antes Twitter) una imagen falsa, creada con Inteligencia Artificial (IA) en la que aparece él mismo (flanqueado por su secretario de Estado, Marco Rubio, y su vicepresidente J. D. Vance) plantando una bandera estadounidense en un paisaje nevado en el que se puede ver un cartel que dice “Groenlandia, territorio de Estados Unidos” fechado en el 2026. Todos sabemos que la puesta de una bandera simboliza la toma y posesión del territorio sobre el que se planta. Ahí está el mensaje para el mundo.
Por si quedara alguna duda, también divulga Trump en su red social un fotomontaje generado por IA, manipulando una imagen real tomada el 18 de agosto de 2025 en el Despacho Oval del presidente y luego distribuida por la Casa Blanca. La fotografía original refleja una reunión de Trump con líderes europeos por el asunto de Ucrania, pero ha sido sustituido el mapa de este país por otro con el que simula estar presentándoles sus conquistas de Groenlandia, Canadá y Venezuela, cuyos territorios aparecen cubiertos con la bandera de EE. UU.
Lo que acabamos de comentar contempla una parte de realidad y mucho de virtualidad, ambas mezcladas y manipuladas. Mas, en estos tiempos en los que las medias verdades o las noticias falsas tienen tanto predicamento en una parte de la opinión pública, algunos lo tomarán como real, aunque sean imágenes falsas y, para otros muchos, será como el anuncio de lo que hay en la mente de Trump, junto con su determinación de llevarlo a cabo. La cuestión es ¿cuándo será realidad? En el caso de Venezuela ya es una realidad y en el de Groenlandia el propio Trump dice que “ahora es el momento”.
Ante la reacción de firmeza opositora por la UE, parece que Trump ha dado marcha atrás y dice haber negociado con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, un “gran acuerdo” (del que no hay documento alguno) por el que no atacará militarmente Groenlandia ni aplicará los salvajes aranceles a los países europeos que han decidido mandar tropas a la isla. A cambio, se le cedería la explotación de minerales, se le facilitaría la posible ampliación o nuevos asentamientos de bases militares y se le entregaría casi un millón de euros para cada residente de Groenlandia. Es decir, no puede comprar la isla porque no está en venta, pero, si así fuera, compraría a los groenlandeses que son quienes votarían la posible vinculación a EE. UU. en un hipotético referendo. El dinero siempre gana.
El reto de Groenlandia ante tal situación parece que es el de llegar a un acuerdo que combine la seguridad con el desarrollo económico, respetando la soberanía de la isla. Pero nada se puede predecir ante un volcán impredecible.
Escuchemos la Sinfonía del Nuevo Mundo:
https://www.youtube.com/watch?v=r9RH0HrzWqw
Aguadero@acta.es
© Francisco Aguadero Fernández, 23 de enero de 2026