OPINIóN
Actualizado 23/01/2026 16:48:57
Julio Fernández

El excentrico comportamiento del presidente norteamericano Donald Trump pisoteando la normativa internacional, no respetando la soberanía de los diferentes países y actuando al margen de Naciones Unidas, esta calando en algunos políticos de la derecha extrema y de la extrema derecha de muchos países, entre ellos España. Ayuso es el más claro ejemplo de seguidismo de esa estupidez política que practica Trump y que, si nada ni nadie lo remedia, caminaremos directamente hacia la destrucción.

Cuando se cumple un año de la investidura de Trump como presidente de EEUU, la inmensa mayoría de la gente sensata percibe que la degeneración de la democracia, la violación del derecho internacional, el desprecio por la racionalidad y la sensatez y el triunfo de la estupidez, la grosería, la incultura y la barbarie está calando en el tejido social. Es tal la degradación moral y formativa que, por desgracia, los jóvenes conocen más a manipuladores de la información y líderes de las “fake news”, como Vito Quiles o Bertrand Ndongo que a filósofos como Aristóteles, Kant o Rousseau, escritores como María Zambrano, Machado o Rosalía de Castro o personajes relevantes como Juana de Arco, Mandela o Victoria Kent. Y no digamos de líderes políticos que llevaron al mundo al precipicio como Hitler, Stalin o Franco. Es más, cada vez los héroes del nazismo y del fascismo tienen más adeptos. Increíble, pero cierto. Quizá desconozcan los jóvenes que siguen a estos personajes y a los líderes “fake”, que esto puede ser el principio del fin de nuestra civilización, tal como la conocemos y volvamos a la ley de la selva, a la venganza privada y al “ojo por ojo”, épocas que afortunadamente habíamos superado.

Qué lejos parece quedar aquélla célebre frase de mi querido profesor Tomás y Valiente, artífice máximo de la construcción del Estado de Derecho y que está grabada con un Vítor en una placa en el frontispicio de Paraninfo del edificio histórico de la Universidad de Salamanca, cuando nos decía que hay que “edificar con la razón, la experiencia histórica y la tolerancia como instrumentos”.

Jamás podía imaginar que ya cubierto el primer cuarto del siglo XX pudiéramos retroceder casi una centuria en el tiempo, porque lo que el mundo consiguió después de las mayores atrocidades cometidas por el ser humano a lo largo de la historia por el nazismo, el fascismo y el estalinismo; es decir los juicios de Nüremberg, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la constitución de Naciones Unidas y la Comunidad Económica Europea y el resto de las reglas que promueven el diálogo, la negociación y el consenso entre todos los pueblos del planeta, está a punto de desvanecerse, de evaporarse.

El efecto Trump está teniendo mucha repercusión en España, sin duda alguna y lo tiene tanto o más en las estúpidas algaradas, en la ignorancia supina y en el sentimiento cainita de políticos del PP, como Ayuso, que en algunos dirigentes de la extrema derecha de Abascal. Y este efecto es, además, muy peligroso, porque los que lo están llevando a sus últimas consecuencias están enviando constantemente mensajes contradictorios e hipócritas, porque, por un lado, son personajes políticos que defienden a capa y espada la Constitución Española y, por otro, con su seguidismo “Trumpista”, están atacando vilmente los principios y valores establecidos en la Carta Magna. Respetar la Constitución es suscribir la defensa y el reconocimiento de los derechos humanos de todos, incluidos los inmigrantes que la derecha y la extrema derecha vituperan constantemente. Respetar la Constitución es impulsar los principios rectores de la política social y económica, potenciando la educación, la sanidad y los servicios sociales públicos, el derecho a una vivienda digna y no a la especulación que hace la derecha de este derecho social. Respetar la Constitución es garantizar y actualizar constantemente las pensiones de los jubilados y no oponerse al incremento de sus retribuciones que ha promovido el Gobierno y que no apoya la derecha y la ultraderecha. Respetar la Constitución es reconocer las peculiaridades de las “nacionalidades” y regiones, su lengua, costumbres y tradiciones y no considerar –como hace Ayuso- que Madrid tiene que ser el epicentro de todo, incluso para el funeral de Estado que se hará en Andalucía por el gravísimo accidente ferroviario de Córdoba en el que han fallecido 45 personas. El argumento de Ayuso es que “Madrid es la capital de todos”. ¡Qué obsesión enfermiza tiene este personaje por el poder!. Quiere llegar a él a cualquier precio, sin importarle los medios utilizados, incluso pisoteando a sus compañeros de formación política.

Y comprobamos lo que hizo con Casado y, el tiempo dirá, pero seguramente hará lo mismo con Feijóo, puesto que es un líder de cartón piedra, incoherente, sin criterio, pusilánime y principal seguidor de la filosofía implantada por M. Rajoy, de la “zorrería política”, porque cuando tiene que dar la cara, se esconde y si tiene que mentir lo hace sin parpadear ni despeinarse y si tiene que embrollarse en su discurso, lo hace, con su soflama de “meio dito”, siendo claramente “un fado” (los gallegos me entienden perfectamente). Ejemplos paradigmáticos de esta afirmación los tenemos en sus respuestas a las preguntas de las fotografías existentes sobre su relación con el condenado por narcotráfico Marcial Dorado. Cuando todo el mundo conocía la relación de este con el narcotráfico y el contrabando, Feijóo alegaba que “desconocía sus fechorías”. Lo mismo que cuando la periodista Silvia Intxaurrondo le corrigió en una entrevista en la que dijo que el PP siempre había revalorizado las pensiones “conforme al IPC”. ¡Qué hipocresía!. Y lo peor es que mantiene la mentira como sea, al estilo de quién sorprende a su pareja “in fraganti” con su amante en la cama y, a pesar de ello, la pareja o cónyuge lo sigue negando. E igual que cuando dijo que “Mazón le tuvo informado de lo de la DANA en todo momento”, aunque, como hemos comprobado por los whats app que le pidió la jueza que está instruyendo el proceso judicial, su preocupación por los muertos y desaparecidos era muy escasa y estaba más atento a “liderar la comunicación”, aunque fuera falsa, claro.

Señora Ayuso y señores Feijóo, Abascal y resto de miembros de la derecha extrema y la extrema derecha española: ¡memoricen la frase célebre de Tomás y Valiente y dejen de frivolizar con la defensa de la Constitución y el Estado de Derecho, palabras que no están presentes en su quehacer político y de gestión, aunque se les llene la boca con su defensa.

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