OPINIóN
Actualizado 23/01/2026 08:14:39
Ángel Lozano Heras

Ya hace más de 89 años que falleció el escritor en Salamanca, dejando entre muchas de sus obras una novela, Niebla, de cuya lectura se revela que todos somos entes de ficción. Pero no todos somos, o valemos, para ficcionar o documentar. Últimamente sobre la vida y muerte de D. Miguel, se están disparatando vetustos y noveles escribientes o escribidores, imitando serlo. Pero eso es otra historia e histeria: tener que soportar tales patrañas y el vil desprecio a todo lo unamuniano.

Caía ya el año 1936, con varios meses de guerra civil entre españoles, o incivil como decía Unamuno. Una guerra entre los "hunos y los otros". Unamuno, ya anciano y agotado -tenía ya más de 72 años- seguía siendo aún un intelectual incómodo y crítico para el nuevo régimen del sublevado dictador Francisco Franco contra la II República española.

Y en las primeras tardes de esas Navidades del 36, Unamuno contemplaba, apoyado en la barandilla del balcón de su casa en la calle Bordadores, la espesa niebla que no le dejaba ver los castaños del campo de San Francisco, ni las piedras de Oro de las clerecías de la calle Compañía, ni siquiera la tan cercana y soñada torre del palacio Monterrey. Solo divisaba entre neblinas, enfrente, el viejo torreón, agrietado, del convento de las Úrsulas. Niebla negra y helada que cubría también sus pensamientos y su corazón debilitado de tantas peleas.

Dialécticas: Niebla negra en su vida: Unamuno moriría (¿asesinado?) ese mismo atardecer. Esperaba una visita, inquieto, y se había levantado de su sillón frailero para caminar unos metros y estirar sus cansados pies. En la mesa camilla tenía un ejemplar antiguo de su nivola Niebla. En ella se narra la historia de un personaje "nivolesco" (Augusto Pérez), con un prologuista ficcionado (Víctor Goti), que se rebela, enfrentándose a su creador literario -Unamuno- porque le quiere hacer morir. Por eso le va a visitar a Salamanca para que le cambie el destino fatal. De la misma manera que le vendrá a ver esta misma tarde del 31 de diciembre, el profesor falangista B. Aragón para conversar de la guerra -incivil- y de la muerte personal y de la muerte de España.

La publicación (1914) de esa novela hace ahora más de cien años. Pero Niebla vuelve a la actualidad literaria por su postmodernidad y su empaque del juego narrativo. En esta novela, Unamuno puso lo mejor de sí mismo, de su apasionamiento literario y vital.

Son múltiples las propiedades que los críticos otorgan a las ficciones posmodernas; pero sobresale aquella que pone en entredicho el límite existente entre la propia ficción y la realidad externa. Así parece que se está invitando al lector-espectador a debatir el contrato de su propia realidad. Algunas veces, el personaje de la ficción toma conciencia de su propia naturaleza de personaje ficticio que existe sólo en una obra ficticia y se enfrenta al creador de la misma -convertido entonces también en personaje de ficción-, para pedirle las oportunas aclaraciones.

En la Niebla de Miguel de Unamuno ese descubrimiento por parte del personaje (Augusto Pérez) suele estar acompañado del consabido sobresalto, cuando no verdadera angustia, ante la evidencia de su controvertida existencia. La lectura que se deduce de este argumento de Niebla es la de que todos somos entes de ficción, todos somos criaturas de un creador, sea este Dios, o Unamuno, o el prologuista ficcionado Víctor Goti (alter ego de Unamuno).

Y es por eso que la Niebla de Unamuno representa una de sus innovaciones narratológicas más importantes al reclamar el papel activo del lector.

Pocos días antes de la Nochevieja del 36, Miguel de Unamuno escribió una carta al director del diario ABC de Sevilla protestando con indignación, en respuesta a una información sesgada de ABC sobre su postura ante la guerra civil, la rebelión militar de Franco y la universidad.

En esa carta afirmaba D. Miguel: "…la más feroz tiranía nos amenaza. Y lo escribo desde mi casa, donde estoy encarcelado disfrazadamente; me retienen como a un rehén, no sé de qué ni para qué. Pero si me han de asesinar, como a los otros, será aquí en mi casa…Entre los ´hunos, los rojos, y los hotros, blancos´ (color de pus)- están desangrando, ensangrentando, arruinando, envenenando y –lo que para mí es peor- entonteciendo a España."

En la tarde-noche de Año Nuevo, recibí un marconigrama desde Salamanca, comunicándome la muerte de D. Miguel de Unamuno y Jugo. ¿Muerto Unamuno? ¿Fue asesinado; le envenenaron…?

Y se disipó en la niebla negra, en una nube tenebrosa. Todo es, ahora, negrura y frío. Quizás algún día le soñaré otra vez, y volverá a ser mi personaje, mi hijo espiritual más lúcido, más entrañable… mi cuáquero unamuniano…

"Mételo, Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar; dormirá allí, pues viene deshecho del duro bregar…"

Etiquetas

Leer comentarios
  1. >SALAMANCArtv AL DÍA - Noticias de Salamanca
  2. >Opinión
  3. >La negra niebla de Unamuno