El guitarrista de La Maravillosa Orquesta del Alcohol analiza el vínculo especial con la ciudad antes de su doble cita en el CAEM este viernes y sábado, donde presentarán 'San Felices' con una escenografía renovada y todo el aforo vendido
La Maravillosa Orquesta del Alcohol -La M.O.D.A.- regresa a lo que definen como una "ciudad hermana" para presentar su disco 'San Felices'. Tras un año de parón, el grupo afronta su doble cita en el Centro de las Artes Escénicas (CAEM) con el cartel de 'entradas agotadas' y la certeza de que la conexión con el público charro sigue intacta.
La expectación es máxima ante el regreso de La M.O.D.A. a los escenarios salmantinos este viernes 23 y sábado 24 de enero. Este éxito de convocatoria disipa los temores de la banda tras su descanso estratégico en 2024 y confirma la fidelidad de una audiencia que ha acompañado a la banda burgalesa durante sus 14 años de trayectoria.
El grupo llega inmerso en la gira de presentación de su último trabajo discográfico. En una entrevista concedida a este medio, el guitarrista Nacho Mur analiza en profundidad el momento actual de la formación, las novedades escénicas que traen al CAEM y los recuerdos que les unen indisolublemente a Salamanca.
La relación entre La M.O.D.A. y Salamanca trasciende la habitual parada de gira. Mur destaca un momento clave en su historia ocurrido en 2017, durante la gira de presentación en acústico del álbum 'Salvavida (de las balas perdidas)'.
"En Salamanca es donde nos dimos cuenta de que algo estaba pasando con ese disco", rememora el músico. La afluencia de seguidores fue tal que desbordó las previsiones: "Se quedó un montón de gente fuera del sitio donde tocábamos y tuvimos que salir a la calle a tocar porque había cientos de personas, muchas más de las que esperábamos". Aquel episodio marcó un antes y un después en la percepción que el grupo tenía de su propio alcance: "Ese fue el día que dijimos: Oye, igual esto se está haciendo más grande de lo que pensábamos".
El nuevo álbum toma su nombre del barrio burgalés de San Pedro y San Felices, donde la banda tiene su local de ensayo, pero también refleja el estado anímico del septeto tras su parón. "Representa un sentimiento; creemos que hemos vuelto con más ilusión y estamos más contentos y más felices que nunca", señala el guitarrista, quien compara la sensación actual con la de presentar "un primer disco de verdad".
Para esta cita en el CAEM, el grupo promete novedades técnicas importantes. "Llevamos un escenario nuevo, hemos dado un salto en cuanto a la propuesta en directo y estamos sonando mejor que nunca", asegura Mur. Aunque el auditorio cuenta con butacas, señala: "Es difícil estar sentado en un concierto así. Nosotros salimos a darlo todo y esa energía se comparte".
Mur reconoce con honestidad que el descanso generó incertidumbre: "Teníamos miedo de que al volver la gente se hubiera olvidado un poco de nosotros". El músico reflexiona sobre la velocidad de la industria actual, donde "todo cambia muy rápido". Afortunadamente, la respuesta del público ha demostrado que "las canciones mandan".
Esta nueva etapa viene marcada por un cambio en la gestión: es el primer trabajo que lanzan bajo el sello de Universal tras años de autoedición. La decisión buscaba "probar si se conseguían cosas diferentes y llegar a más gente", además de intentar delegar parte de la carga extra musical.
"En la música no se meten, por supuesto, eso nunca lo permitiríamos", matiza Mur. Aunque confiesa que la carga de trabajo no ha disminuido tanto como pensaban, sí valora los resultados: "Trabajando lo mismo, el resultado es un poco mejor y vemos que ha llegado a más personas".
Al analizar el éxito que les ha llevado a ser uno de los grupos más importantes del panorama nacional, Nacho Mur destaca la progresividad. "Nunca nos ha cambiado la vida de un mes para otro; ha sido ir a una sala y en la siguiente gira ir el doble de gente". Esta evolución paulatina les ha permitido mantener los pies en la tierra.
"Nos ponemos las camisetas de tirantes en el escenario, bajamos y somos chavales normales", asegura. La convivencia entre los siete miembros, se encuentra en un punto de equilibrio óptimo. Una estabilidad que Mur atribuye a su modelo de giras, muy diferente al concepto de viajes interminables. "Salimos los jueves y volvemos los domingos; entre semana podemos trabajar en cosas del grupo desde casa, es un privilegio", explica el guitarrista, diferenciando su rutina de las bandas que pasan "tres meses en un autobús sin pasar por casa".
Sobre la competencia en el sector, el guitarrista se muestra optimista y niega rivalidades. "Hay un nivel brutal, proyectos increíbles. No hay competencia, hay hueco para todo el mundo y es un buen momento para la música en directo", afirma.
La banda también ha consolidado su presencia internacional, especialmente en Latinoamérica. Mur describe al público de países como México, Colombia o Argentina como "superpasionales". "Es una locura, cantan como si se les fuera la vida en ello; tienen una manera de afrontar la vida y la música con una intensidad brutal", relata sobre sus experiencias al otro lado del Atlántico.
Preguntado por el nombre del grupo tras 14 años, Mur bromea sobre la referencia al alcohol: "Es de esas cosas que no te planteas cuando empiezas. Ahora decimos de broma que somos la 'Maravillosa Orquesta del Agua', porque antes de un concierto nadie bebe, nos lo tomamos realmente en serio".
Sin embargo, la denominación no solo ha traído anécdotas, sino también obstáculos burocráticos. El músico revela que han tenido "problemas con algunas legislaciones" que no les han ayudado debido a la inclusión de la palabra "alcohol" en su nombre, una barrera legal que han tenido que sortear a lo largo de su carrera.
El propio Mur recuerda su entrada en la banda en 2017 como una anécdota de fan a miembro: "Yo les iba a ver, les descubrí con la canción 'Hijos de Johnny Cash'. Justo coincidí en un estudio con Jacobo cuando Adán salía del grupo y me lo propusieron. No me lo pensé".