Trump dice y hace en voz alta lo que muchos líderes han practicado en silencio durante décadas. El derecho internacional solo funciona mientras coincide con el equilibrio de poder, y colapsa cuando se convierte en coartada para la inacción, la impunidad o la complicidad.
La historia es implacable. El nazismo no cayó por declaraciones jurídicas, ni el stalinismo tampoco la, s dictaduras americanas terminaron por declaraciones de expertos jurídicos. Cayeron porque el poder cambió de manos o cuando el costo de sostenerlas superó al beneficio.
La pregunta incómoda no es si Trump viola el derecho internacional, lo incómodo es preguntarse ¿qué hizo el derecho internacional cuando millones de personas han sido exiliadas, torturadas, empobrecidas y silenciadas durante décadas?
Cuando la norma protege al opresor deja de ser derecho y se convierte en un formalismo vacío. Trump no propone un mundo mejor sino un mundo más honesto en su brutalidad. La legalidad no puede ser un lenguaje para tranquilizar conciencias sino para proteger a los seres humanos. Cuando el derecho no actúa, el poder ocupa su lugar.
Se ha tenido en muchas ocasiones la importante tarea de regenerar a la sociedad, pero en las épocas del dinero fácil los desheredados y los trabajadores que personas que se levantan por la mañana que se visten por los pies y por la cabeza, que no se dedicaban a los negocios sólo han podido sentarse a ver subir año tras año como los precios de las tres cosas de primera necesidad, el dinero, la vivienda, y la energía, y ver cómo iba descendiendo el poder adquisitivo de los salarios. Frente al final o la diaria destrucción del estado del bienestar parece inevitable pensar que la famosa lucha de clases, indiscutible, durante la revolución industrial y en el anterior cambio de siglo, está obsoleta visto lo conseguido por la supuesta composición de la clase política que nos gobierna. El actual momento social y económico tiene otros condicionamientos y se mueve bajo otras preocupaciones y signos de falsa bandera.
Es posible que, ahora, degradada en gran parte la dignidad física e intelectual de las personas, algunos empiecen a darse cuenta que sí en verdad existe algo que defender o perder en el nivel ético y moral de nuestra sociedad. Frente a la violencia que agita el planeta promovida por motivos cada vez más económicos hay que acordarse nuevamente del poeta y volvernos a llenar de contenido, abandonar las chanclas y el chándal, para afrontar un futuro incierto y para que nadie le dé por llenarse de nuevo las alforjas y no sea capaz de protegernos de las penurias que están por llegar y nos las toque cargar y pagar de nuevo.
La UE va mal, cada día peor. Mercosur acabará de hundir el sector primario. Vonderbrujen, o los poderes que la manejan, pretende abrir una oficina de la UE en la India para ofrecer cauces legales a la inmigración masiva desde el país más poblado del mundo, donde se falsifican titulaciones por tres pesetas. Acaba de efectuar un efecto llamada masivo para traer culturas incompatibles, ignorando el impacto en la cohesión de nuestras sociedades. Se desplaza al autóctono y se borra nuestra cultura. La única que ha construido catedrales, civilizado al mundo y creado el arte y la música clásica, entre otras proezas. Esto ya no va de izquierdas o de derechas va de gente que nos dirige que no tienen cerebro o es imbécil frente a ciudadanos que queremos vivir tranquilos, prosperar y ser libres.