OPINIóN
Actualizado 04/01/2026 18:53:48
Manuel Rodríguez García Marogar

Podríamos aportar unas cápsulas aforísticas que nos convenzan aún más:

  1. “Automatizar sin pensar es una forma moderna de no entender nada”.
  2. “El patrón no manda: la situación corrige”.
  3. “Dos jugadores coordinados engañan más que cuatro obedeciendo”.
  4. “La repetición perfecciona el gesto, no el contexto”.
  5. “Cuantos más participan en un plan, más fácil es que alguien lo rompa sin querer”.
  6. “La memoria colectiva es de lectura, no de obediencia”.
  7. “El mecanismo solo sirve si deja respirar al jugador”.
  8. “Las jugadas de laboratorio fallan por exceso de laboratorio”.
  9. “El fútbol premia la claridad, no la ornamentación”.
  10. “Todo automatismo es vulnerable a la primera improvisación rival”.
  11. “El buen entrenador sabe parar antes de estorbar”.
  12. “La simplicidad es una decisión táctica, no una renuncia”.

Cuando en un partido se consigue un gol de estrategia y los periodistas se vuelven locos repitiendo: “Estaba ensayada” tratan de darle un plus a dicha ejecución con el énfasis de la narración. Como si la jugada hubiese sido un acto de ingeniería infalible. Como si fuera una especie de sello de calidad que evita explicar lo que realmente pasó. Por ejemplo, en televisión la simplicidad nunca vende; vende el relato épico del taller táctico. Lo cual no significa que dicha jugada fuera ejecutada por los jugadores como si fueran “robots”, sino que coincidieron la lectura, la intención y la situación.

Mitos del balón parado. “Si todos lo hacen, debe ser bueno”, mito universalizado en el fútbol, sobre todo en los libres a balón parado lanzados. Pongamos por ejemplo el último invento llamado “El cocodrilo”. Una rareza del fútbol moderno convertido en una solución estándar. Poner a un jugador tumbado detrás de la barrera para cubrir un posible tiro raso si la barrera salta se transforma en dogma instantáneo.

Pero es un dogma ridículo: si tu barrera salta mal, el problema no se arregla con un cuerpo en el suelo; se arregla entrenando la barrera. Y, sobre todo, si necesitas un hombre tumbado, estás perdiendo un recurso defensivo más útil en cualquier otra línea. El “cocodrilo” es más un gesto de miedo que de inteligencia.

Se confirma de nuevo el “mito de la invención táctica”, como es la expresión entendida desde siempre “Es moderno, luego es bueno”. Son jugadas que se consagran porque alguien decide bautizarlas. La “barrera con cocodrilo” suena a ocurrencia brillante… hasta que se observa su rendimiento real: la mayoría de faltas peligrosas se deciden por ejecución, no por trampas defensivas. El rival que tira bien por arriba te da igual el cocodrilo. El rival que tira por abajo no necesita que tu barrera salte para colártela. El nombre es más efectivo que la acción.

Otros mitos aparecen a partir del dicho “Si lo hace la estrella, debe ser necesario”. Me pareció demoledor que Messi hiciera de “cocodrilo” en cierta ocasión, lo cual me resultó como la mayor humillación simbólica del fútbol moderno: obligar al genio a hacer un gesto que contradice su dignidad táctica y su jerarquía en el campo. Cuando un equipo decide que Messi debe tumbarse detrás de la barrera, no está protegiendo la portería: está demostrando que confunde obediencia con sentido. Un jugador así no puede rebajarse a “pieza” de un invento de laboratorio.

Fue decepcionante no solo por la imagen, sino por lo que revela del pensamiento contemporáneo de dar más importancia al mecanismo que al jugador.

“Si salió bien una vez, vale para siempre”, lo cual denota el mito del ensayo perfecto. El balón parado tiene una falacia muy extendida:

la primera vez que una jugada marcada funciona, queda canonizada. A partir de ahí, equipos de todo el mundo copian la coreografía sin comprender el contexto original. El “cocodrilo” nació por una combinación puntual:

un lanzamiento raso de un pateador concreto, una barrera mal entrenada y un cuerpo técnico que buscó una solución inmediata. Pero el fútbol vive de tendencias que se fosilizan: lo que fue parche se transforma en liturgia.

Y seguimos presumiendo del “mito del control total”: “Todo gol de libre viene de un plan milimetrado”. De ahí la “babosería” de la expresión “Estaba ensayado”. Como si hubiesen revelado la verdad táctica del universo. En realidad, casi siempre entra porque el ejecutor es bueno y el portero vio llegar el balón tarde. El fútbol resiste el mecanicismo. Por eso los grandes lanzadores no buscan el “cocodrilo” ni la coreografía defensiva: buscan la sutileza, el ángulo, el pie abierto o cerrado según el momento.

Otros mitos aparecen también como el del “peinador universal”. También el mito del “segundo palo como ciencia exacta”. Igual que el mito de la “pantalla” que siempre es legal. Casi idéntico al mito de los “dos bloqueos”, una táctica NBA adaptada al césped del campo de fútbol. Por supuesto, el mito de que “todas las jugadas salen del laboratorio”. Recordemos que el “Peinador Universal” es ese pensamiento en el que creen todos los equipos que teniendo a uno que “peine” en el primer palo resolverá el 80% de los balones parados.

No olvidemos el mito del “Segundo Palo”, considerada como ciencia exacta. “Al segundo palo siempre genera peligro”. Otra mentira por repetición. Porque sería útil si coincide con un rival desajustado, una carrera limpia del rematador, un timing perfecto del centrador… El segundo palo no es ciencia: es coyuntura.

Por supuesto, es difícil escapar al mito del “Laboratorio Total”, o sea, cuando el cuerpo técnico presume: “Tenemos 17 jugadas ensayadas”. Pero luego, en el partido, los jugadores recuerdan dos y con suerte.La realidad del campo es que cuantas más coreografías, más interferencias mentales. Se nos olvida que con las rotaciones de jugadores actualmente, a la hora de tirar las faltas pueden no estar los jugadores designados para la ejecución. Los equipos que mejor funcionan en balón parado trabajan principios, no ficheros infinitos.

Por añadir aún más, citemos los “Bloqueos al hombre clave y listo”, a modo de NBA. Los equipos siguen creyendo que copiar bloqueos como en baloncesto acabarán obteniendo ventajas sacando remates limpios. Luego la realidad del Reglamento, el caos del área también, limita esa traslación directa. El bloqueo sin balón parado claro es falta el 60% de las veces, salga o no salga.

Se sigue mitificando aquello de que a “Balón parado decide títulos”. Es como ocultar la pobreza del juego de muchos equipos.

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