Desde la asociación salmantina ATRA y Obesidad desgranan la compleja naturaleza de estos trastornos mentales que afectan tanto al cuerpo como a la relación con la comida
La realidad de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en Salamanca dibuja un escenario preocupante que exige la atención de toda la sociedad. La edad de inicio de estas patologías ha descendido drásticamente hasta situarse en el entorno de la preadolescencia, mientras las familias se enfrentan a una enfermedad que, lejos de remitir, continúa siendo una de las principales causas de mortalidad juvenil.
Desde la asociación salmantina ATRA y Obesidad, desgranan la compleja naturaleza de estos trastornos mentales que afectan tanto al cuerpo como a la relación con la comida. “Es una enfermedad que miente, más que enseña”, han asegurado con contundencia, explicando que la mayor trampa de estas patologías reside en la capacidad de las pacientes para ocultar su comportamiento, esconder alimentos o fingir que han comido, lo que dificulta enormemente la detección temprana en el hogar.
El perfil mayoritario sigue siendo muy definido: el 97 % de los casos afecta a chicas. A menudo se trata de jóvenes con expedientes académicos brillantes, ordenadas y con un alto nivel de autoexigencia y perfeccionismo, rasgos que, sumados a la adolescencia, pueden actuar como caldo de cultivo para el trastorno.
Uno de los datos más alarmantes es el cambio en el patrón de edad. Si hace unos años el inicio se situaba en torno a los 15 años, la situación actual es distinta. “Ahora con 12 y medio o 13 años están ya las niñas con el tema”, lamentan desde ATRA y Obesidad.
Esta evolución choca con la realidad asistencial. Aunque Salamanca cuenta con una unidad de trastornos alimentarios en el Hospital Clínico —lograda tras la recogida de 15.000 firmas en 2007 por la anterior asociación Astra—, los recursos se muestran insuficientes ante una demanda creciente. “No dan abasto, porque cada vez hay más gente con menos edad”, advierten.
Actualmente, en Castilla y León solo existen tres unidades reconocidas: la de Salamanca, una en Valladolid (infanto-juvenil) y otra en Burgos. Esta escasez obliga a muchas familias a buscar tratamiento fuera de la región o en la sanidad privada, enfrentándose a procesos largos y costosos.
Las redes sociales se han convertido en un factor de riesgo añadido en pleno siglo XXI. Existen comunidades virtuales, que fomentan estos trastornos lejos de la supervisión adulta. “Ahí le enseñan a las niñas cómo tienen que devolver sin que se enteren los padres”, ha denunciado el portavoz, calificando esta realidad como una “lacra”.
A esto se suman los cánones de belleza actuales y la presión social, que junto a factores afectivos o problemas escolares como el acoso, actúan como desencadenantes. La gravedad es extrema: los TCA representan la tercera causa de muerte en jóvenes menores de 25 años, situándose solo por detrás de los suicidios y los accidentes de tráfico.
Para ilustrar la severidad de la anorexia, un integrante de esta asociación ha compartido su experiencia personal como padre. Su hija, con una estatura de 1,73 metros, llegó a pesar tan solo 36 kilos. “Se veía gorda, es un proceso, yo pensaba: ‘¿Pero qué dices? Si estás en los huesos’”, ha rememorado con dolor.
La situación llegó a ser crítica, recibiendo un ultimátum médico: “O la entubamos o se muere”. Afortunadamente, el mensaje final es de esperanza. Tras un largo proceso que implicó a nueve psicólogos diferentes y un tratamiento integral, su hija ha logrado avanzar y seguir adelante.
La asociación ATRA y Obesidad, con sede en la Casa de las Asociaciones de Salamanca y unos 120 socios, centra sus esfuerzos en informar y acompañar a quienes se sienten perdidos tras el d i a g n ó s t i c o . “Nosotros no somos profesionales de la enfermedad”, aclaran, pero su labor de guía a través de la “escuela de padres” y charlas de prevención en institutos es fundamental.
Su recomendación principal es la detección precoz: “Si ves humo, vete a cortarlo antes”. Desde el colectivo insisten en que la recuperación es posible: “Si se hace como Dios manda, con un psicólogo, con especialista... de forma integral, se sale”, asegura.
Para quienes necesiten ponerse en contacto con ellos, pueden hacerlo a través del número de teléfono 622 92 74 74, o en su despacho ubicado en la Casa de las Asociaciaciones (Gran Capitán 53, Despacho 26)