Una charla en la parroquia de San Andrés analiza el origen, el simbolismo y el recorrido histórico de la obra el Tríptico del Zarzoso, conservada en el Museo del Prado
Hoy 3 de dicimebre, en la sala parroquial de la parroquia de San Andrés, se ha llevado a cabo la exposición y charla «Tras la huella del Tríptico del Zarzoso», impartida por la investigadora y divulgadora Charo García de Arriba. Al encuentro asistieron alrededor de una veintena de personas, que pudieron conocer de primera mano la historia, el significado y los detalles artísticos de esta destacada obra vinculada a la provincia de Salamanca.
Durante su intervención, García de Arriba subrayó la importancia de dar a conocer el Tríptico del Zarzoso no solo por su procedencia provincial, sino también por su extraordinario estado de conservación. La obra mantiene unidas sus tres tablas originales, se encuentra en perfecto estado y sin repintes, y presenta un contenido iconográfico excepcional, especialmente llamativo en la representación de las escenas navideñas.
La conferencia, titulada «El maestro que pintaba nacimientos. Tras las huellas del Tríptico del Zarzoso», ya fue ofrecida el pasado domingo en El Cabaco y podrá escucharse nuevamente el próximo 5 de enero, a las seis de la tarde, en los salones parroquiales de Tamames. La charla estuvo acompañada de material audiovisual y de una reproducción en madera del tríptico, realizada por el pintor Moisés Cristeto, que permitió a los asistentes apreciar con mayor detalle los elementos del original.
El Tríptico del Zarzoso, datado en el siglo XV, permaneció entre 1455 y 1965 en el Convento de Porta Coeli, en El Zarzoso, fundado en 1444 por Gómez de Benavides. En 1965, debido a la precaria situación económica del convento, las monjas vendieron la obra al anticuario madrileño Lucas el Cojo por tres millones de pesetas. Posteriormente, la obra pasó a manos de la familia coleccionista Várez Fisa, que la cedió al Museo del Prado, hasta que en 2015 el Estado la adquirió definitivamente por cerca de cuatro millones de euros, asegurando su conservación y exhibición pública en la sala 52a del Museo del Prado.
La charla se estructuró en tres bloques: los nobles de la zona en torno a 1455, el contenido iconográfico del tríptico y el viaje del posible autor, apoyándose en las investigaciones de Mireia Castaño, publicadas en 2021. Gracias a estos estudios, se ha planteado que el autor pudo proceder de Colonia, lo que explicaría detalles poco habituales en la pintura española de la época, como la representación del rey Baltasar como figura negra, un rasgo propio de esa ciudad, donde se conservan las reliquias de los Reyes Magos.
La obra está vinculada a las familias nobles de los Zúñiga y los Osorio, y se cree que pudo ser encargada por Elvira de Zúñiga o por su hijo Fernando de Zúñiga y Osorio, posiblemente con motivo de celebraciones nupciales y para uso devocional privado. En el tríptico se representan escenas como el Nacimiento de Jesús, la Epifanía de los Reyes Magos y la Presentación en el Templo, además de los escudos heráldicos de los Zúñiga y los Osorio, duques de Béjar.
Las escenas navideñas están cargadas de simbolismo: María y José aparecen vestidos según la moda nobiliaria de la época, para informar sobre como vestían en aquella época los nobles; los ángeles portan diademas de perlas con una cruz, un rasgo recurrente en las obras del maestro; y elementos como la vela apagada, que simboliza que la luz divina emana del Niño Jesús y hace innecesaria cualquier otra fuente de luz, o las pateras fuera, que indican que María no necesitó ayuda en el parto. Muchos de estos elementos se basan fielmente en el libro de las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia, concretamente en sus "Visiones del viaje a Tierra Santa de 1371".
Aunque el autor no destaca como gran retratista, sí sobresale por su extraordinaria atención al detalle, cuidando minuciosamente cada elemento de la composición, incluso los aparentemente secundarios.
Este proyecto nace con el objetivo de reivindicar la memoria artística de la zona y devolver simbólicamente la obra al lugar que la custodió durante siglos. Moisés Cristeto será el encargado de realizar una copia fiel del tríptico, mientras que el marco, de gran valor artístico, será reproducido por un reconocido tallista zamorano especializado en imaginería de Semana Santa. De este modo, el original permanece en el Museo del Prado para el disfrute universal, mientras que su memoria regresa al territorio que lo conservó durante más de cinco siglos.