El obrador, con una receta heredada a lo largo de más de ocho generaciones, ofrece el dulce en cuatro tamaños y con rellenos de nata, crema o trufa, manteniendo el proceso artesanal y la clásica sorpresa.
Con la llegada del Día de Reyes, los hogares de la provincia se preparan para recibir una de las tradiciones gastronómicas más arraigadas de la Navidad. En este contexto, obradores con solera como el de 'Pastelería Teresiana', en Alba de Tormes, trabajan a pleno rendimiento para que no falte el postre por excelencia de estas fechas en ninguna mesa.
Lo que distingue a los roscones de 'Pastelería Teresiana' este establecimiento es su fidelidad a un método de trabajo que ha perdurado en el tiempo tras más de ocho generaciones. La creación de cada roscón sigue una secuencia meticulosa que requiere tiempo y precisión:
Es en este último paso donde se introduce uno de los elementos más simbólicos: la tradicional sorpresa. Este pequeño objeto se oculta en las entrañas de la masa antes de cerrar el dulce, aportando ese "toque de intriga" indispensable al momento de degustar el roscón en familia.
Para adaptarse a las necesidades de cada familia y reunión, 'Pastelería Teresiana' ha diversificado su oferta tanto en dimensiones como en gustos. Los clientes pueden adquirir este producto en cuatro formatos diferentes: extragrande, grande, mediano y pequeño.
En cuanto a los sabores, el obrador ofrece las opciones más demandadas por el público: de nata, crema, trufa y sin relleno.