Este viernes, 2 de enero, se conmemora la efeméride mundial, una fecha idónea para repasar la evolución del cuerpo municipal desde la vigilancia de fuentes y los templetes de tráfico hasta las grandes cumbres de Estado.
La celebración este viernes, 2 de enero, del Día Internacional del Policía ofrece el marco perfecto para echar la vista atrás y analizar la transformación de uno de los servicios esenciales de la ciudad. La Policía Local de Salamanca, que en la actualidad cuenta con una plantilla formada por 230 efectivos, ha sido testigo y parte activa de la modernización de la capital del Tormes durante los últimos 175 años.
Lejos de los medios tecnológicos y la flota de vehículos actual, los orígenes del cuerpo fueron mucho más modestos. La institución se fundó el 15 de octubre de 1849 mediante un edicto del entonces alcalde, Don Bernabé López González. El documento fundacional establecía una estructura mínima: "Pongo como primer jefe al cabo D. Francisco Pilo y 6 guardias más".
Aquel primer cuartel se ubicó en el propio Ayuntamiento, dando inicio a una tradición que se mantiene vigente: la presencia permanente de agentes en la Casa Consistorial. El protocolo de la época exigía pasar revista diariamente a los integrantes antes de que comenzaran a recorrer la ciudad a pie para prevenir actos delictivos.
A mediados del siglo XIX, las prioridades eran muy distintas a las actuales. En 1860, la mayoría de las casas de Salamanca carecían de agua corriente, obligando a los ciudadanos a desplazarse al río o a alguna de las 12 fuentes existentes. La mediación de los guardias municipales resultaba crucial para que el abastecimiento se realizara en orden y sin altercados.
El cuerpo también vivió hitos históricos como la llegada del primer tren en 1877, un evento que contó con la presencia del rey Alfonso XIII y donde la Policía Local garantizó la seguridad. Décadas más tarde, el archivo histórico nos deja imágenes entrañables, como la Cabalgata de Reyes de 1940. El desfile partía del antiguo cuartel militar de Caballería (hoy El Corte Inglés) escoltado por agentes de la guardia municipal en sus bicicletas reglamentarias.
La regulación del tráfico ha sido una de las competencias que más ha evolucionado. Desde que en 1901 se matriculara el primer coche en Salamanca, la circulación fue en aumento. Hasta 1975, los vehículos circularon por el interior de la Plaza Mayor, que funcionaba incluso como parada de autobuses al no existir aún la estación.
Antes de la tecnología actual, los agentes dirigían el tráfico desde unos característicos templetes situados en la calzada. Esta labor generó una tradición navideña: en diciembre, los conductores dejaban a los pies de estas estructuras regalos como turrón, dulces y refrescos para los agentes. Esta costumbre se recuerda hoy con la celebración del Día del Guardia Urbano.
La modernización llegó en 1967 con la instalación del primer semáforo de la ciudad en la Puerta Zamora, junto a la iglesia de San Marcos. El contraste con la actualidad es notable: hoy la capital cuenta con 1.300 semáforos repartidos por todo el casco urbano.
Los actuales 230 efectivos de la plantilla son herederos de una historia de profesionalización que ha permitido a Salamanca acoger eventos de talla mundial. Destaca la visita del Papa Juan Pablo II en 1982, donde los agentes garantizaron el desarrollo de los actos, o la Cumbre Iberoamericana de octubre de 2005.
En aquella ocasión, con la presencia de la mayoría de presidentes y jefes de Estado iberoamericanos, la Policía Local de Salamanca fue felicitada por el trabajo realizado, proyectando al mundo la imagen de una ciudad segura y organizada.