Desde que Donald Trump llegó al poder en enero de 2017, su política exterior ha estado marcada por una serie de decisiones y enfoques que alteraron de manera significativa la postura tradicional de los Estados Unidos. La política exterior de Trump se sustenta en la premisa de "America First" (Estados Unidos primero), una filosofía que busca anteponer los intereses de Estados Unidos por encima de cualquier otra consideración. Trump expresa una y otra vez que su objetivo es proteger a los trabajadores estadounidenses, crear empleos y mejorar la competitividad económica de su país. Este enfoque se traduce en políticas que priorizan la reducción de la participación de Estados Unidos en acuerdos internacionales y la renegociación de tratados que considera desfavorables para el país.
Un ejemplo de esto fue su decisión de retirarse del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático en 2017. Trump argumentó que el acuerdo imponía restricciones injustas a la economía estadounidense, mientras que otros países, como China, no enfrentaban las mismas presiones. Esta decisión fue vista como un retroceso en la lucha global contra el cambio climático, pero también fue coherente con su postura de desafiar los acuerdos multilaterales que consideraba perjudiciales para los intereses estadounidenses.
Trump también centró su política exterior en renegociar acuerdos comerciales internacionales, con un enfoque claro en reducir el déficit comercial de Estados Unidos y fortalecer su industria manufacturera. La guerra comercial con China fue uno de los momentos más significativos de su mandato, donde Trump impuso aranceles a productos chinos por valor de miles de millones de dólares, acusando a China de prácticas comerciales desleales, como el robo de propiedad intelectual y la manipulación de divisas.
Además, Trump renegoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), reemplazándolo por el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA), que según él representaba un trato más justo para los trabajadores y las empresas estadounidenses. A través de estas medidas, Trump intentó recuperar el control de la economía global y dar prioridad a los intereses nacionales de Estados Unidos.
A pesar de su enfoque proteccionista y nacionalista, la política exterior de Trump también implicó un ajuste significativo en las relaciones de Estados Unidos con sus aliados tradicionales, como los miembros de la OTAN y la Unión Europea. Trump constantemente criticó a los aliados europeos por no cumplir con sus compromisos de defensa, exigiendo que aumentaran su gasto en defensa para aliviar la carga de Estados Unidos. Esta postura tensó las relaciones con países europeos, que vieron las demandas de Trump como un cuestionamiento de la solidaridad transatlántica.
Además, la relación de Trump con México y Canadá fue marcada por confrontaciones y amenazas, especialmente en relación con la construcción de un muro en la frontera sur de Estados Unidos y la inmigración ilegal. Su retórica y políticas migratorias contribuyeron a un clima de tensión con estos países vecinos, aunque, a pesar de todo, Trump logró mantener ciertos acuerdos comerciales beneficiosos para Estados Unidos.
El bloqueo de Trump a Venezuela se explica por una combinación de presión política, intereses estratégicos y discurso interno. Por un lado, busca debilitar al gobierno de Nicolás Maduro, al que EE. UU. acusa de autoritarismo y violaciones de derechos humanos. Por otro, las sanciones también sirven para enviar un mensaje regional contra gobiernos aliados de Venezuela y para reforzar apoyo político interno, especialmente entre votantes duros contra el socialismo. Aunque se justifica como una medida para promover la democracia, en la práctica el bloqueo tiene fuertes efectos económicos y humanitarios sobre la población venezolana.
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Trump también ha cambiado radicalmente la postura de Estados Unidos hacia Asia y el Medio Oriente. En el caso de Corea del Norte, adoptó una postura de confrontación directa con Kim Jong-un, aunque luego sorprendió al mundo con una serie de reuniones cumbres y un enfoque de diplomacia personal que fue visto como un intento de desescalar la amenaza nuclear. Aunque no se lograron avances sustanciales, la imagen de un presidente estadounidense dispuesto a negociar con un régimen que históricamente fue considerado un enemigo de la nación fue uno de los puntos más controversiales de su política exterior.
En cuanto al Medio Oriente, Trump adopta una postura más agresiva en su apoyo a Israel, reconociendo a Jerusalén como la capital de Israel en 2017 y trasladando la embajada estadounidense allí. Además, retiró a las fuerzas estadounidenses del acuerdo nuclear con Irán en 2018, lo que tensó aún más las relaciones con la República Islámica y aumentó las preocupaciones sobre el riesgo de un conflicto en la región.
En paralelo a su enfoque internacional, Trump también implementa políticas migratorias que afectan tanto a la política exterior como a la percepción global de Estados Unidos. Su administración toma una postura más estricta en cuanto a la inmigración, tanto legal como ilegal, impulsando políticas como la separación de familias en la frontera y la detención de solicitantes de asilo. Estas medidas no solo provocan una reacción negativa dentro de Estados Unidos, sino que también dañan la reputación del país en el extranjero, al ser percibido como un lugar menos acogedor para los migrantes y refugiados.
A modo de resumen, se puede decir que Trump va por libre, que es una mezcla de político y empresario y que nunca podremos adivinar hasta qué punto está dispuesto a llegar con sus amenazas si algún oponente tan loco como él se da, de verdad, por ofendido. No olvidemos que siempre lleva el maletín con el botón rojo.