OPINIóN
Actualizado 15/10/2024 10:51:23
Enrique Arias Vega

Pedro Sánchez tiene en cartera una ley sobre libertad de expresión que, entre otras lindezas, pretende denunciar a falsos periodistas. La calificación como tales corresponderá a un comité ad hoc que, en el fondo, intentará silenciar aquellas voces más críticas con el Gobierno y que fueron precisamente las que destaparon presuntos casos de corrupción, como el de Koldo o Begoña Gómez.

Que existen falsos periodistas es una verdad incontrovertida, En este mundo de eclosión de redes virtuales, cualquiera puede ponerse a escribir o grabar lo que quiera, sin prueba alguna, para difamar o crear estados de opinión artificiales. De eso, a controlar en una especie de orwelliano Ministerio de la Verdad lo que es cierto o no, con criterios políticos e intenciones bastardas, media un abismo.

Pero también hay otros falsos periodistas o periodistas con torticeras intenciones de los que apenas se habla y que han tenido protagonismo con el caso del español Pablo González Yagüe, también conocido por su original nombre ruso de Pavel Alekséyevich Rubtsov. El tal, con carnet oficial de prensa y doble nacionalidad, efectuó efectivos trabajos periodísticos, pero sobre todo espió para Putin, señalando personas e instalaciones de interés para los servicios de inteligencia de Moscú. La tapadera de González era tan efectiva que su detención como espía en Polonia movilizó acciones para obtener su libertad, en la que participaron parlamentarios de Bildu y otros partidos y asociaciones de la prensa. Ahora, la verdadera identidad de Rubtsov se ha revelado en el canje de espías entre Estados Unidos y Rusia, en la que se ve a nuestro hombre recibido cordialmente por el jerarca del Kremlin y otros fieles, con los honores correspondientes a los héroes de la patria.

Pero dejemos este caso evidente de espionaje y centrémonos en la búsqueda de falsos periodistas sin las aviesas intenciones del rusoespañol. Si la ley de Sánchez hubiese estado en vigor, gran parte de los últimos escándalos que le afectan habría permaneció en silencio, como ya sucede ahora con esa prensa aduladora del poder que minimiza los casos de corrupción de allegados y conmilitones del jefe y los reduce a pie de página cuando no los calla del todo. Por eso, la caza de brujas de una prensa falaz más que ventajas para los ciudadanos supone una merma de la libertad de expresión que acaba perjudicándonos a todos.

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