OPINIóN
Actualizado 19/03/2024 07:55:11
Francisco Delgado

Durante las dos últimas semanas la USAL nos ha ofrecido un rosario de crisis institucionales, que aún están por aclarar; sobre todo para los que ya no estamos en activo dentro de ella, nos falta, como suele ocurrir con este tipo de cadenas de acontecimientos, información sobre motivaciones y objetivos perseguidos que expliquen:

- Que al día siguiente de la Ceremonia del Acto de nombramiento de Doctor Honoris Causa a D. Miguel de Unamuno, el pasado jueves 7, el Rector D. Ricardo Rivero dimita precipitadamente, sin que la mayoría de colegas entienda claramente sus motivos “personales”.

- Que antes de una semana, la Vicerrectora designada para sustituirlo, Dª María José Rodríguez Conde, renuncie al cargo, también sin motivos bien aclarados

- Que D. Juan Manuel Corchado Rodríguez, candidato a Rector, por segunda vez, salte a la prensa la semana pasada con una noticia que ha generado grandes críticas, cuando no directamente humor, noticia sobre la que nos vamos a detener, pues está dentro de la amplia problemática que está planteando ya el uso de la IA en numerosos campos.

Lo que El País ha informado los días pasados sobre el candidato a Rector, D. Juan Manuel Corchado se resume en lo siguiente: “Juan Manuel Corchado, especializado en inteligencia artificial y ciberseguridad, se ha convertido en uno de los científicos con más impacto mundial, pero con unas cifras un tanto sospechosas. Exactamente, son 45.000 menciones a su trabajo. No obstante, la mayoría de estas citas las había redactado él mismo. Por ejemplo, en un artículo sobre la covid que el catedrático publicó, hay hasta 100 menciones a sus trabajos anteriores, con una temática totalmente diferente a la del escrito.”

Es decir siguiendo la técnica de los algoritmos de la que J.M. Corchado es experto, El País descubre numerosos artículos científicos cortos, llenos de autocitas, que incrementan sospechosamente su nivel de impacto científico.

Así, una de las fórmulas que se utilizan en el campo científico para medir el grado de influencia de un trabajo científico, a través de las publicaciones y de las citas al autor, puede quedar invalidado si se confirmara que el propio autor haya sido el que multiplicara su nombre y las citas, buscando básicamente el ranking de prestigio.

El mayor problema que plantea en la actualidad la IA es que hay excesivas tareas hechas hasta ahora por técnicos o expertos que ya se realizan a través de la IA. Estos días, yo mismo, como escritor, he tenido la experiencia de ver cómo mi Editorial me proponía la portada de mi próximo libro confeccionada mediante IA; ni que decir tiene que actividades como la de diseñar una portada sufren un drástico cambio pasando de las manos y conocimiento de un experto diseñador a imágenes que proceden de archivos anónimos.

Una máquina nunca podrá suplantar la subjetividad y creatividad de un artista o experto, creando una nueva obra.

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