OPINIóN
Actualizado 11/03/2024 07:54:39
Jesús Garrote

Dijo Sébastien Faure: “ Cualquiera que niegue la autoridad y luche contra ella es un anarquista”. Bajo esa premisa quizá soy un poco anarquista.

Llevo una semana en Marruecos para firmar el convenio del verano para “Llenando escuelas” de la Casa Escuela Santiago Uno y “Protección a la infancia, energía y agua” de la Fundación Mil Caminos y Energías sin Fronteras.

A mí me importan los beneficios a los niños de allí y a los de Santiago Uno que van. Tengo paciencia y acepto ciertos protocolos. Lo que me cabrea son los egos y las normativas ineficaces e injustas.

Cuando compramos comida y ropa a Hadiya de 11 años en el zoco no tenemos facturas tan legales como las del supermercado del rey, el Marjane. Cuando le piden a un inmigrante que viene en patera un certificado del orientador para poderlo matricular en la FP es una ley estúpida. Así se pueden escribir varios libros de ejemplos de leyes y protocolos para favorecer a los ricos y a los explotadores.

No soy un exaltado que vaya en contra del sistema. Llevo una vida dedicada a la educación y a la integración social. No entiendo que seamos una población tan domesticada que cree y se polariza con unos gobernantes demostradamente incapaces y acomodados. Consiguen dividir a la población que los sufre.

Procuro cumplir las normas pero no me emociona, no son un fin en sí mismo. Creo más en el sentido común de las personas de la calle e incluso en su solidaridad.

Cada vez más normas, cada vez más leyes, cada vez más burocracia y cada vez más corrupción, léase caso mascarillas, y cada vez más genocidios.

Con todo esto espero que mis hijas y mis alumnos mejoren las leyes. No que las cumplan a pies juntillas sólo por el miedo a las multas o a la cárcel.

Yo convivo con muchos menores etiquetados de infractores y visto en ellos acciones heroicas por sus compañeros y por su familia. También he visto estudiantes aparentemente brillantes humillar y reírse de alguien vulnerable.

Hay muchas víctimas de las leyes internacionales, educativas, sanitarias y territoriales. Los paraísos fiscales siguen en auge y el reparto de la riqueza está a favor de unas minorías que no lo merecen más.

Este panorama no es lejano, se vive cada día, lo aceptamos y somos cómplices. No basta con el sufragio universal, para mí la opción a votar ya no la considero una oportunidad. Mi día a día intento elegirlo a favor de los que más me importan y compensar alguna pequeña injusticia. Lucho contra algunas leyes.

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