OPINIóN
Actualizado 23/02/2024 08:57:11
Álvaro Maguiño

Creo que tuve buena letra durante tres días. Días gloriosos, probablemente de penosa elocuencia, pero de brillante solvencia. Días que aproximo, que retrotraigo buscando los fallos en ellos. Hesíodo versando sobre los últimos días de la Edad Dorada, pensando en la capitulación de la humanidad ante el surgimiento de las necesidades. Y mis letras, que no llegan a la mímesis, ni suplen un fonema, sino que solo recuerdan con tristeza estar encadenadas en cuatro líneas paralelas. En eterna iteración. Cíclica, sin duda, aspirando a la eternidad, pero sin llegar a ella.

He crecido agarrando el lápiz al igual que se apunta con un dardo hacia una diana. Con más fuerza que decisión y con más deseo de acertar que propia precisión. Tiro al simple. Y obteniendo como premio de consolación una ampolla en el corazón con la identidad del Guadiana. De vez en cuando recuerdo mis papeles cuadriculados llenos de tachones y pienso las vocaciones pasadas de mis erres, de mis eses, de mis eles y de mis zetas. Han pasado de ser trazos rococós a simples curvas parabólicas o líneas de asombrosa verticalidad no atribuibles a una persona de “espalda gacha”. Esas letras que escribían la palabra “guerra” con espanto, que exploraban “circunloquio” en continuo juego y soplan los restos de “caireles”. Estas letras que ignoran lo “abstruso”, toman el “zapatismo” como un simple sustantivo y confían en el “romanticismo”, aunque no en los “discursos supresores”. Y, sin embargo, terminó llegando el día en que el contenido superó al continente, la hora en la que la forma se vio superada, los últimos minutos en los que el signo olvidó el significado. He crecido observando cómo mis compañeras y compañeros de espera construían su lenguaje y daban forma a sus letras. Hoy he decidido hacer un ejercicio que rehúye de la grafología para poder acercarme verdaderamente a sus dueños. Sus palabras esconden la personalidad desbordante de un corazón que bombea sangre y hace patente la existencia de la bondad. En aquellos límites, en los filos de sus aes se han clavado todos los suspiros de una vida que no les corresponde vivir. Una vida de complicaciones atoradas, de enrevesadas frustraciones y anhelos latentes. Unas aes que denotan resistencia, pues no se han roto en el camino de pensarse, posicionándose a la vanguardia de un sentimiento. Mis compañeros de espera agarran el lápiz con una declaración de intenciones: saben que acertarán. Escriben con la certeza de que atravesarán la niebla del mismo modo en el que lo hace la luz. Y son el reflejo de unos días cargados de expectativas, pero también de promesas incumplidas. Son las letras de los que toman un abrazo de despedida como una carta de amor. Veo ángulos de 90º y trepo por ellos sabiendo que es prácticamente imposible dominar las líneas rectas. Son altas, no tienen pérdida. Pasen y vean, corresponden a vivencias azules en el parque de juegos. Pasen y vean, son las huellas del saber querer y ser queridos. Las marcas que demuestran la validez de todo amor, toda elocuencia y toda Gracia. Dueños de letras sangrantes, amantes, suplicantes, denunciantes. Con la mudez parlanchina de un recuerdo bello.

Escríbeme las cosas sentimentales a mano, por favor. Quiero ver tu compromiso.

Etiquetas

Leer comentarios
  1. >SALAMANCArtv AL DÍA - Noticias de Salamanca
  2. >Opinión
  3. >Tosquedad