OPINIóN
Actualizado 22/01/2024 12:44:58
Francisco Delgado

Las reflexiones que desarrollo a continuación se basan en los últimos resultados de las encuestas del C.I.S. (Centro de Investigaciones Sociológicas) sobre el grado de preocupación que manifiesta la población española en los diversos temas que componen el panorama actual de la situación del país: economía, paro, problemas políticos generales, inmigración, comportamiento de los partidos políticos, nivel general de calidad de vida, sanidad, etc.

Lo primero que llama la atención, en un primer análisis de estos resultados es el sorprendente divorcio que aparece entre lo que le preocupa a la población general y lo que les ocupa en sus a veces interminables desencuentros, al Gobierno y a la Oposición: Los porcentajes más altos de preocupación entre los encuestados se dan, por este orden en las siguientes materias: la crisis económica como la mayor preocupación ciudadana (37,3%); le siguen los problemas políticos(24,3%) y en tercer lugar el paro(23,1%). En cuarto lugar se sitúa el mal comportamiento de la clase política(14,8%) y en quinto lugar el Gobierno y los partidos( 13,1%).

Sin embargo, los temas que parecen ser los más importantes y generadores de inestabilidad en el conjunto de nuestra sociedad, como la situación política en Catalunya no inquieta a los españoles, dado que la ley de amnistía y el debate independentista ocupan los puestos 37 y 39, respectivamente, es decir, entre los más bajos del conjunto de cuestiones planteadas.

Otros asuntos en los que hay una abismal diferencia entre la clase política y su grado de preocupación en la ciudadanía son: el medio ambiente, el cambio climático y la igualdad de género. A la clase política le parecen temas primordiales, sea para dedicar medios a mejorarlos (los partidos de izquierda) o para negar la importancia o realidad de estos asuntos (los partidos de la derecha); mientras que la media de la población general no se distribuye dualmente en estos tres temas, ni dependiendo en los dos primeros de la ideología política.

Este análisis somero de los resultados del último CIS, hace concluir que la discrepancia de opiniones entre la clase política y la ciudadanía constituye un nuevo y grave problema añadido a los ya conocidos. ¿Por qué esta discrepancia significativa entre los gobernados y los gobernantes o los que aspiran a serlo?

Parecería que clase política y gobernados pertenecen a dos poblaciones de distintos países; la falta de opiniones no ya idénticas pero ni siquiera semejantes, entre ambos grupos, manifiesta un distanciamiento de facto que señala la inexistencia de vías de comunicación eficaces entre las bases de nuestra sociedad y los líderes. Sin esta comunicación siempre habrá un plus de desconfianza en la doble dirección, de ciudadanos hacia sus gobernantes y de gobernantes hacia la población general, incluso hacia los votantes de sus propios partidos.

Un diálogo directo, claro, sin ideas preconcebidas entre gobernantes y gobernados es el primer paso para una mayor coherencia entre lo que piensan los líderes y lo que opina la población de cada cuestión común. Y en consecuencia las políticas gubernamentales serían más coherentes y tendrían más apoyo.

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