OPINIóN
Actualizado 07/11/2023 09:58:38
Francisco Delgado

Hace unos cuarenta y tantos años, por la década de los ochenta, aparecieron los pantalones vaqueros con rotos, como una moda entre las generaciones jóvenes de todos los países occidentales, que con enorme rapidez se expandió por todo el mundo.

Mi interés por descubrir el sentido de este explosivo éxito de ventas de una prenda de vestir que remitía a los pantalones de los campesinos y ganaderos americanos me ha llevado a investigar el posible sentido social o ideológico de estos vaqueros con rotos, pues obviamente desde el principio carecían y carecen de todo sentido práctico y estético. Solo he encontrado en esta búsqueda una débil teoría de que su aparición nació de algunos grupos de rockeros ingleses, allá por la década de los 70-80 que lo propusieron como un símbolo de enfrentamiento a la sociedad capitalista de consumo obsesivo. Pero los hechos confirmaron que muy poco después de su aparición como símbolo contestatario se trasformó en un producto de consumo más, una moda más diseñada con astucia y eficaz marketing por las grandes empresas textiles.

El mundo de la moda fagocitó el endeble mensaje contestatario inicial y lo hizo producto apetecible de uso y consumo de masivo éxito.

La pregunta es: ¿cómo es posible que una prenda de vestir nada elegante ni útil haya resistido casi medio siglo sin pasar de moda? ¿Esos rotos artificiales hechos por las máquinas, que no cubren partes de las piernas de los y las portadoras tienen alguna relación con los pobres campesinos sin medios económicos para comprarse unos nuevos pantalones?

La respuesta es que no hay la menor relación en el plano de la lógica. Pero sí puede haber una relación simbólica en el plano de los deseos inconscientes, que el psicoanálisis aplicado estudia en los movimientos sociales: puesto en palabras (nunca conscientes ni pronunciadas) los vaqueros con rotos señalarían un deseo colectivo entre la gente joven de que ese sistema de producción y consumo que marca sus vidas se rompiera, se fragmentara.

Desde el punto de vista de la política global de occidente ( y parte de oriente) en estas cinco últimas décadas estamos asistiendo al declive del conjunto social y político, de un modo tan evidente que los pilares que sostenían hasta ahora esta sociedad se están resquebrajándose sin pausa; después de las dos guerras mundiales y unos cuantos años de recuperación de todo lo destruido, la tercera guerra mundial aparece por el horizonte como una catástrofe inevitable: ni los niveles tecnológicos, sanitarios, económicos alcanzados, ni los supremos valores de la democracia, la cultura, o las religiones, consiguen frenar ese fantasma de una tercera guerra mundial. Las instituciones se rompen o debilitan a un ritmo que podríamos compararlos metafóricamente con unos malos pantalones confeccionados con prisas y engañosamente. Nos sentimos casi desnudos de protección empobrecidos antes de empezar la vida adulta y sin posibilidad alguna de cambio a mejor.

Sí, los vaqueros rotos han sido una señal anunciadora de los cimientos rotos sobre los que vivimos con angustia y temor al derrumbe generalizado.

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