OPINIóN
Actualizado 24/10/2023 08:01:25
Francisco Delgado

Vivimos en un mundo de cambios continuos, no solo los que la naturaleza impone según sus leyes, sino también los que creamos continuamente los humanos con nuevas tecnologías, nuevas conductas y cambios en las relaciones.

Además de lo continuo de estos cambios, su rápido ritmo durante los siglos XX y XXI está siendo tan vertiginoso que la mayoría de los adultos en algún momento de su vida comprueban que se perciben a sí mismos tan sobrepasados ante tanta novedad en todos los campos, que no pueden metabolizar tanto cambio; como defensa frente al temor a lose cambios, a veces se aíslan demasiado, o intentan frenar el tiempo que corre empujándoles, con agresividad o con los recuerdos y afectos fijados en tiempos pasados: hay muchas teorías en la actualidad, que niegan lo obvio, y otras que idealizan tiempos pasados como sistemáticamente mejores que los actuales.

Pero ¿y los niños/as? ¿Cómo reaccionan ante un mundo físico y social cambiante cada día? Es imposible dar una sola respuesta al modo cómo reacciona la infancia ante los numerosos cambios que percibe cada día.

Voy a poner el ejemplo de los cambios y novedades que hemos vivido en nuestro país, en los últimos meses, en el fútbol, rey, hasta ahora, de todos los deportes.

En los últimos años, pero sobre todo en estos últimos meses el fútbol con equipos femeninos ha estado en el centro del mundo deportivo; más omnipresente, desde que hace unos meses el equipo español de fútbol consiguió ganar la Mundial de fútbol, llevándose la preciada copa. Desde ese día las mujeres tienen un protagonismo en los medios que no habían tenido nunca en el mundo del fútbol.

El hecho de que las niñas y los niños vean ahora con frecuencia a mujeres en escenas deportivas, en partidos de fútbol y victoriosas frente a otras rivales, tiene como consecuencia que estas mujeres deportistas han pasado a ser también figuras ideales o modelos para miles de niñas. En muy breve tiempo la niña actual puede soñar con ser una buena jugadora de fútbol, incluso una campeona, puede pedir a sus padres comenzar entrenamientos en los equipos del colegio, vestirse una camiseta como la de sus heroínas o acudir a un partido de fútbol para ver o acompañar a sus amigas. La figura de la mujer jugando con todas sus capacidades físicas y psicológicas se ha normalizado en un periodo de breves semanas. Si una niña, hace cinco años, hubiera expresado su deseo de jugar al fútbol y ser jugadora profesional, la mayoría de la gente de su entorno hubiera reaccionado dudando de su identidad femenina, de su rol de futura mujer. En el presente ya, la mayoría de la población aceptaría como normal este deseo.

Pero no solamente las niñas y a las mujeres adultas se han enriquecido con una imagen posible y deseada de deportista valiosa y exitosa, sino que los niños y los varones adultos han aprendido y tienen que aceptar que la imagen de la mujer ha sufrido un positivo cambio, en el sentido de manifestar y poner en juego aptitudes psicofísicas, que hasta el presente estaban “reservadas” al mundo masculino.

Incluso no sería utópico imaginar que en un futuro no lejano, podrá haber desafíos entre equipos masculinos y femeninos, incluso, quizás, equipos mixtos, en los que la identidad de género haya pasado a ser muy secundaria en las exigencias del deporte del fútbol.

En numerosos campos de profesiones y oficios hace ya años que, felizmente, coexisten mujeres y hombres desempeñando multitud de funciones que durante siglos han estado “reservadas” a los varones. Y esto ha influido radicalmente en las pautas de relación entre hombres y mujeres.

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