OPINIóN
Actualizado 05/02/2022 09:41:06
Francisco Aguadero

Quedan cosas por venir y hacer, claro que sí. Las sociedades están en constante evolución y cambio, más o menos acelerados, de los grandes elementos que la componen y entre ellos el trabajo. La manera de trabajar y el contexto de relaciones que ello genera es una constante de la vida de las personas y de las organizaciones.

Vivimos en un momento asombroso y apasionante. En una época de incertidumbres y miedos por doquier y, en este contexto, el trabajo es uno de los factores clave de la sociedad que está intentando encontrar su futuro, reinventándose en esta encrucijada que le viene dada por la globalización, las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y la pandemia del coronavirus como acelerador de los cambios. El uso generalizado de internet ha estimulado y hecho posible el surgimiento de una sociedad virtual, paralela a la real, que incrementa la virtualidad de la vida y la deslocalización de recursos.

La globalización del trabajo es ya una realidad cotidiana que no tiene vuelta de hoja. Estamos inmersos en diferentes modalidades de trabajo presencial, a distancia o mixto, donde la virtualidad va ganando terreno. El escenario más probable del trabajo, tras la pandemia, será un modelo híbrido, en el que el teletrabajo y la oficina en casa representen más del 50% del tiempo total trabajado, aunque, obviamente, dependerá de cada sector, tipo de trabajo y circunstancias, tanto del trabajador como de la empresa en cuestión.

Las experiencias y problemas que generan estas nuevas formas de trabajar, producen nuevas estructuras organizativas en las empresas e instituciones, que conllevan cambios en los estilos de liderazgo e innovaciones en los modelos de gestión y dirección de las organizaciones. En alguna ocasión hemos dicho que el futuro ya no es lo que era.

En el caso que nos ocupa, el futuro del trabajo es ya, hoy. Lo que viene es lo que ya está pasando, porque el mundo laboral de hoy es otro, distinto al que muchos hemos conocido y vivido. La nueva realidad laboral castiga a los trabajadores poco formados y, en parte, también a la clase media que, desde el punto de vista laboral, representa a los trabajadores cualificados, amenazados por esas tecnologías que hacen posible que las máquinas puedan realizar más de la mitad del trabajo que ellos, los de la clase media, realizan.

El mundo ha cambiado mucho. Hoy, quien no esté cualificado, profesionalmente, o no tiene trabajo o, si lo tiene, apenas gana dinero para vivir dignamente. Formarse seguirá siendo la clave en el futuro del trabajo y, la formación permanente, hasta la jubilación, una necesidad.

La reforma laboral que el día 3 de febrero de 2022 ha ratificado el Congreso de los Diputados, en una sesión de infarto con traiciones y error de voto incluidos, era una actualización necesaria para la modernización del mercado laboral, acorde con los nuevos tiempos. Hay que referirse a la iniciativa gubernamental para hacer posible el diálogo social entre los agentes sociales (sindicatos y patronal) y el Gobierno, para elaborar y consensuar, acorde con los requerimientos y las directrices de la Unión Europea, una reforma de hondo calado para la vida de los trabajadores y de las organizaciones.

Acuerdos de esta importancia son un bien escaso en este país y ponen de manifiesto el valor de la democracia social. Estamos ante la primera reforma laboral española pactada con la patronal y los sindicatos.

Entre los fines y objetivos de la reforma están: eliminar el abuso de la temporalidad; reducir la dualidad del mercado laboral, cerrando la brecha excesiva entre las condiciones de trabajadores temporales y fijos; dar flexibilidad a las empresas a la vez que se refuerza la seguridad de los trabajadores, lo que en la Unión Europea se llama flexiseguridad; reducir el paro juvenil; regulación de la subcontratación, con nuevos y más exigentes requisitos; reequilibrio de las partes en la negociación colectiva; establecer un mecanismo de flexibilidad interna de las empresas, nueva herramienta, con un diseño parecido a los ERTE aplicados durante la Covid y que serán una alternativa a los despidos en casos de crisis de la empresa.

En definitiva, un marco laboral estable y consensuado que conviene a los trabajadores, empresarios e instituciones, así como a la economía y a la sociedad en su conjunto. El aspecto modernizador de las nuevas relaciones laborales que contiene el Real Decreto-Ley aprobado, logrará mejorar la seguridad laboral para el trabajador, un aumento de la calidad del empleo y la flexibilidad que permita incrementar la productividad y la competitividad de las empresas y de nuestra economía.

En el juego político, para unos, esta norma aprobada se queda corta y, para otros, resulta excesiva. Para los más, resulta difícil entender que algunos grupos políticos voten en contra de una reforma laboral, pactada entre los actores principales, como son los trabajadores y la empresa, los sindicatos y la patronal. Una vez más, esos partidos centran el debate y toman decisiones por intereses partidistas, en lugar de hacerlo pensando en el interés de los ciudadanos.

Para mí, la reforma laboral es la Ley más importante de los últimos tiempos, por su incidencia positiva en la vida de millones de personas que viven pendientes de su contrato de trabajo y de su sueldo, amén de los beneficios para las empresas, la economía y el desarrollo del país.

Les dejo con el Nuevo Mester de Juglaría y su Canto de segadores

https://www.youtube.com/watch?v=9ZEGLS9YMJc

Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández, 4 de febrero de 2022

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