Emilio de Justo entregado y con mucha verdad en su presentación en La Glorieta | Foto: Miguel Hernández


TOROS
Actualizado 11/09/2021
M. Fuentes

La pureza de Emilio de Justo salvó de la quema una tarde en la que la corrida de Montalvo no funcionó. Antonio Ferrera fue pitado y sí quedaron detalles de mucha torería de Diego Urdiales ante el quinto de la tarde.

Emilio de Justo salvó de la quema la tarde. Se conoce esa coloquial expresión como hacer que una cosa o una persona no se vea afectada por una circunstancia que se considera negativa. Fue negativa la nota que se llevó el encierro de Montalvo que empañó la tercera de abono porque Salamanca hoy estaba predispuesta a ver torear, a ver torear bien. Por eso De Justo salvó de la quema la tarde, porque es el extremeño un torero que ha visto muy de cerca a la soledad sin soltar los trastos cuando nadie le hacía cuentas y ha adquirido como suya una capacidad de recomponerse y no rendirse. Menos mal que no lo hizo, porque ahora le brota más que nunca ese concepto tan suyo basado en la seguridad y la impecable estética. De revelación a realidad. Tuvo paciencia y coraje desde que salió por chiqueros el imponente tercero que no humilló en el saludo capotero pero obedeció después a los toques medidos de Emilio de Justo tras un buen puyazo. Fue noble 'Limpiador' cuando le ofreció el extremeño la diestra. Obedecía con ritmo cuando seguía por el pitón derecho. Con la zurda protestaba y la faena se iba diluyendo cuando empezó a quedarse corto el de Montalvo. Estocada entera y oreja.

El segundo de De Justo, sexto de la tarde, flojeaba y el animal fue devuelto. A estas alturas seguimos sin saber cuáles fueron otras razones que llevaron al presidente a sacar el pañuelo verde. Salió entonces el sexto bis que se partió el pitón al rematar en el burladero y le acusó el golpe, por lo que fue también devuelto por inválido. Todo era entonces un caos en la Glorieta cuando salió el segundo sobrero y De Justo se empeñó en salvar de la quema aquel infortunio queriendo siempre encontrarle el pulso perfecto a 'Hermoso', y apostó por una faena de pura técnica iniciando por abajo con la muleta ganando terreno. Mucha emoción en todo que hacía. Con la muleta en la derecha, asentó zapatillas trazando siempre muletazos en línea recta. Tiempos y distancias. Muy seguro De Justo buscando siempre el dominio sin perder nunca la colocación. Más humillaba por la derecha el de Montalvo y llegaron las mejores series en redondo, técnicamente perfectas. Se frenaba el animal y el torero le dio entonces seguridad y aplomo para seguir citando. Apostó a pies juntos como colofón, erguido. Toreo de altos vuelos. La faena ya había llegado arriba y la gente esperó para premiar el extraordinario toreo que atesora con otra oreja y salvar así de la quema lo que parecía imposible de remontar.

No pudo cuajar Diego Urdiales la tarde que seguro traería en la cabeza porque su primero fue un manso rebrincado sin opciones. Sí llegaron esas pinceladas de torería ante el segundo. Surgió su concepto de verdad y empaque ante 'Zapatillo' para gozar de esos naturales que quedaron cincelados, un trincherazo propio de un cartel de toros, su naturalidad para marcar el camino con muletazos profundos y su seguridad en los cites. De Antonio Ferrera aún resuenan los pitos que escuchó cuando se desentendió sin miramientos del cuarto y eso hizo que se olvidara la labor de oficio y conocimiento que aplicó al abreplaza.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca. Feria de la Virgen de la Vega, tercera de abono. Deslucido encierro de Montalvo. Devueltos el sexto y el primer sobrero, también de Montalvo.

Antonio Ferrera: ovación tras aviso y bronca.

Diego Urdiales: silencio y ovación.

Emilio de Justo: oreja y oreja.

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