Enrique Ponce


TOROS
Actualizado 06/07/2021
Fermín González

Es, posiblemente, uno de los momentos más emocionante en la historia del toreo, la despedida, y saber hacerlo en ese punto crucial de la carrera de un torero no es empresa fácil

Una de las mayores grandezas del toreo: saber elegir el momento de su despedida de los públicos y plazas, en las que, durante un tiempo pudo ser, o fue el héroe, que consiguió vencer al toro y convencer al publico.

Es, posiblemente, uno de los momentos más emocionante en la historia del toreo, la despedida, y saber hacerlo en ese punto crucial de la carrera de un torero, no es empresa fácil tomar tal decisión. Tan solo el propio torero, debe encontrar ese punto de equilibrio entre él publico y el toro, y cuando ha de atravesar por ese alambre milagroso sobre los dos abismos.

El torero se resiste a una retirada total de los ruedos, al aplauso, a la emoción, a los trofeos, a colgar su terno grana y oro para siempre, a decir adiós a lo que más quiso y amo en su vida, aunque en no pocas ocasiones esa vida estuviese marcada con dolor, injusticia, incomprensión, responsabilidad e incertidumbre. (Si volviera a nacer, seria otra vez torero)- se dice a sí mismo. ?Pero; no son pocos los toreros que, incluso, cuando no se les ha echado de menos, y los públicos no lo han demandado, deciden volver. Y: ¡Cuando vuelven de nuevo, ya no es lo mismo!.

Ser gente, en esto del toro, es una extraña y añeja expresión taurina paradójica y reveladora. Porque nadie puede ser de todos. Pero en el toreo, como bien saben los aficionados cabales, siempre hay algún torero que es todos los toreros. Y, aunque este no haya sido figura, (no es el caso del que hablo) o ídolo de multitudes, se le considera paradigma de lo ideal, arquetipo que raras veces se hace realidad. Son toreros, que no tienen problemas de estilos, son toreros singulares, de íntimos sentimientos, y su sello se imprime directa y plenamente en la gente, pues con ser, les basta y les sobra para estar. En ellos se obra el misterio de ser gente; tal y como ha ocurrido en el caso de Enrique Ponce Martínez.

Relatar esto de un torero, pudiera no parecer extraño, pero si lo es de Ponce, que tras una carrera tan longeva como la suya, no han sido muchos los percances, aunque en ellos si lo tuvo retirado algún tiempo. Ahora ha dicho ?por el momento me voy del toro- también se ha ido del entorno intimo familiar, cuando se pensaba que el mismo, y después de tantos años era un matrimonio, sólido y en buena sintonía, parece ser que ya, no era tal. Tiene todo el derecho a plantear su vida como le venga en gana; y a buen seguro tendrá el tiempo suficiente de reflexión con aquellos que elija.

"Ponce-ficado" el escalafón: y rebasado los treinta años de su alternativa, volverá en su día para despedirse de sus plazas, y seguidores y volvería a decir el porqué de semejante apelativo, que servidor -recurriendo a otras épocas de la tauromaquia, a estos toreros se les bautizaba con el que, hay "Papa" en los ruedos-. Por qué; la verdad taurina de los últimos años es que Ponce es la máxima figura del escalafón. Por lo tanto hemos de considerar, su decisión de volver, porque simplemente lo ha querido así, y tomara buena nota, de su momento y lugar. De sobra es sabido, que él público de toros, cualquiera que sea su grado de admiración que haya sentido por una figura consagrada, este mismo público, no tendrá piedad en vapulearlo, si no demuestra con su actitud él porque de su vuelta.

Los negros nubarrones de cualquier tarde, pueden caer sobre el reaparecido entonces los que antaño le aplaudieron con frenesí, comienzan a caer en sentimentalismos, las decepciones sustituyen a las esperanzas y comienzan a sonar silbidos, luego indiferencia, y, en el toro siguiente recriminaciones, insultos, amenazas y gritos de la plebe injusta y cruel.

Vives un momento, horas, días, meses, años quizá. Cuanto más te resistes a interrumpir tu acción con mayor estruendo acabas. El aplauso es como el perfume de la flor; dura menos que la flor misma. Las despedidas, si no son la apoteosis del adiós de un torero. ¿Qué son?... (Guerrita fue un sabio, Guerrita no se despidió).

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