OPINIóN
Actualizado 08/06/2021
Alfredo Pérez Alencart

El escritor venezolano Joaquín Marta Sosa

Debo gratitud a Joaquín Marta Sosa por haber tenido la deferencia de dedicarnos, a mi esposa y a mí, este entrañable poema, máxime en tiempos como estos. Marta Sosa (Nogueira, Portugal, 1940) es poeta, narrador, ensayista, profesor titular de la Universidad Simón Bolívar de Caracas y miembro de la Academia Venezolana de la Lengua. Abogado, Magíster en educación. Con posgrado en ciencias políticas en el Instituto de Estudios Políticos de Madrid. Su obra poética es vasta, y ha escrito sobre temas literarios, estéticos, educacionales y sociopolíticos. Es compilador de Navegación de tres siglos: antología básica de la poesía venezolana, 1826-2013 (2003) y de Poetas y poéticas de Venezuela (antología 1876-2002) (Madrid, 2004). En poesía ha publicado Desde Anunciación (1964); Proverbiales (1969); Para la memoria del amor (1978); Sol Cotidiano (1981); Aprendizajes del padre (en el poemario colectivo Linajes, 1994); El Asesino del Ring (en el poemario colectivo Vecindarios, 1994); Cartas de conquista (en el poemario colectivo Cortejos, 1995); Contra el sol (en el poemario colectivo Invocaciones, 1996); Dicen los atletas (1997); Oscuro sol de los puertos (1998); Territorios Privados (1999); Las manos del viento (2001); Domicilios del mar (2002); El río solitario (2004); Amares (2007); Gangia (2010); Campanas de Nogueira (2010); Urbasa (2014) y Memorial de la caída (2016). Sus poemas han sido traducidos al italiano, al alemán, portugués y coreano. Fue director de El Diario de Caracas y es columnista habitual del diario El Nacional en Venezuela.

IMAGEN IMPACIENTE

[para Jaqueline y Alfredo Pérez Alencart]

Este mar, y no tan a su gusto,

con impaciencia brama,

nos impide el llanto,

y los ojos que nos vieron

resbalan ahora por la pared del obituario,

por las fotos de prensa

que hacen de tu vida esta noticia apenas.

Estás aquí, al fondo estás,

gritando las que fueron tan personales

tan tuyas, impaciencias,

como el mar muerto

en las olas que truenan y tronaron.

Toco tus brazos en mis ojos.

Sólo tu voz se apaga decidida,

lo demás ni siquiera alcanza a los misterios

de esa resurrección que no precisa de la muerte:

de este lado es así,

del otro no me importa.

Jacqueline Alencar y Alfredo Pérez Alencart, con la laguna de Apoyo al fondo (Catarina, Nicaragua. Foto de Humberto Avilés)

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