Miguel Marcos, médico internista en el Hospital de Salamanca | Foto: Lydia González


LOCAL
Actualizado 05/12/2020
María Fuentes

Asegura que "las vacunas que se están desarrollando están mostrando, de momento, parámetros adecuados de seguridad y eficacia"

El perfil de Twitter de Miguel Marcos supera los 32.000 seguidores. El médico internista del Hospital Universitario de Salamanca, profesor de universidad e investigador del Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca se ha convertido durante estos meses marcados por la pandemia en un referente informativo desde esta red social. Su primera publicación a este respecto fue premonitoria: en febrero anunció que, sin medidas de control, sería alta la gran cantidad de contagios. No se equivocó.

¿Cómo fueron esos meses iniciales de la pandemia en el Hospital de Salamanca?

La situación durante el pico de la primera ola fue terrible por el volumen y la intensidad del trabajo, por la gravedad de los pacientes, por la enorme mortalidad y por la sensación de impotencia que teníamos. La primera quincena de marzo estábamos en una situación de tensa espera, dado que era evidente lo que estaba ocurriendo en Italia. Podíamos dudar de lo que ocurría en China, pero no de Italia. Y efectivamente, llegó a España. A mediados de marzo los pacientes comenzaron a inundar, literalmente, el Servicio de Urgencias, y posteriormente el resto del hospital, se proclamó el estado de alarma y la situación puso a prueba nuestra capacidad de respuesta. El sistema de salud, gracias a sus profesionales, respondió con un enorme esfuerzo, capacidad técnica, imaginación y trabajo en equipo.

Fue uno de los encargados de organizar los grupos Covid de su hospital, ¿Qué fue lo más duro?

Como médico, sufrimos una enorme sensación de impotencia al enfrentarnos a una enfermedad muy grave en la que no disponíamos (ni disponemos todavía) de medicamentos claramente capaces de frenarla. Como compañero, recibir las llamadas de otros médicos que comenzaban con síntomas o incluso tenían que ingresar en situación de gravedad, supuso una carga emocional muy importante, además de la dificultad añadida que suponía para la organización del trabajo el goteo continuo de bajas. Esto ha sido un trabajo en equipo de todo el sistema sanitario y no podemos olvidar que parte de ese equipo ya no está con nosotros.

¿Nos faltó ver imágenes de realidad para que la gente se concienciara realmente de la dureza que se estaba viviendo en los hospitales?

Supongo que casi nadie se lo planteó durante la primera ola porque la situación ya era suficientemente dura desde el punto de vista psicológico tanto en los hospitales y centros de salud como en los domicilios. Poco se hubiera conseguido en ese momento porque la población, en su inmensa mayoría, cumplió de manera ejemplar el confinamiento. Tal vez sí hubiera hecho falta recordarlo durante la desescalada del verano, sobre todo para evitar los mensajes triunfalistas de que habíamos vencido al virus.

¿La desescalada fue demasiado rápido? Qué ha fallado para que esta segunda ola sea tan agresiva?

Probablemente sí realizamos una desescalada demasiado rápida y, sobre todo, sin una información clara a la población de la necesidad de prevenir la segunda ola y sin tomar medidas que podrían haber retrasado o atenuado su aparición. Durante el mes de julio ya era evidente el aumento del porcentaje de PCR positivas sobre el total de pruebas realizadas, pero pese a ello se tardó en reaccionar. No resulta extraño porque el mensaje oficial en ese momento es que no hay segunda ola. Fernando Simón, por ejemplo, no tuvo problema en afirmar: "si es la segunda ola, no lo parece"

¿Cuánto tiempo puede estar un paciente ahora en UCI?

Aunque la medida fue de 2 o 3 semanas, durante la primera ola hubo pacientes que estuvieron hasta dos meses en UCI. No es cierto que la enfermedad ahora sea más leve, y tenemos casos igual de graves que en marzo o abril, por lo que también hay pacientes con estancias muy prolongadas en cuidados críticos. Es una enfermedad, en todo caso, con una gran variabilidad entre pacientes y cada caso puede evolucionar diferente.

En esta segunda ola ha variado también la edad, ¿qué está pasando con los jóvenes? Muchos los culpan directamente de la situación actual en la ciudad.

Aunque no podemos analizar en detalle todavía esta segunda ola, la edad de los pacientes es parecida a la de la primera. Respecto a los estudiantes, no cabe duda que en Salamanca ha habido un importante número de casos en este colectivo. El virus no se mueve solo, lo movemos nosotros, y todas las situaciones que favorecen la movilidad y concentración de personas (centros de trabajo, ocio nocturno, apertura de universidades y de colegios, etc.) favorecen en mayor o menor medida la transmisión comunitaria. Y aunque los protocolos sean claros y de acuerdo a la evidencia científica y la mayoría de estudiantes cumplan con las medidas preventivas, con que un pequeño porcentaje de ellos no lo haga ya supone un perjuicio enorme para todos y el riesgo de brotes, como se ha visto por ejemplo en los colegios mayores.

¿Es real el desánimo y el desgaste de los sanitarios?

El cansancio y el desánimo son reales y muy preocupantes. Estamos corriendo una maratón pero nos echamos el sprint en marzo, por lo que ahora mismo estamos agotados. Nadie está preparado para seguir corriendo por tiempo indefinido por un camino tan difícil de transitar y es normal flaquear y perder fuerzas emocionales y físicas. Todo ello con el problema añadido de que no sabemos exactamente cuánto va a durar. Como consecuencia de todo esto faltan energías para hacer protocolos, actividades de investigación, etc. Vamos a seguir en la brecha, por supuesto, pero la capacidad que tenemos para afrontar esta segunda ola está reducida.

Hace unos días salieron de nuevo a la calle para manifestaros y rechazar el decreto de la Junta por el que el Gobierno regional autoriza la movilidad de los trabajadores sanitarios según disponga la Administración. ¿Están a la altura las instituciones públicas?

Ahora mismo en cualquier hospital o centro de salud hay que atender a los pacientes normales que aparecerían en este momento del año, a los pacientes con problemas acumulados de la primera ola y, además, a los pacientes de la segunda ola. Y aunque los sanitarios van a seguir trabajando y prestando la mejor atención posible, a nadie se le escapa que donde se atendía a 100 pacientes no se puede atender a 150 durante un tiempo indefinido. Sería esperable por tanto que hubiera un mejor trato para el personal sanitario que permita, por lo menos, reducir la sensación de desánimo y de abandono por parte del sistema que podemos llegar a tener.

El avance de las vacunas contra el Covid da al menos esperanza entre tantos malos datos. ¿Recuperaremos la normalidad a mediados del próximo año?

Algunas de las mejores noticias, si no las mejores, desde marzo, han sido los comunicados con resultados positivos de los ensayos a gran escala de las vacunas de Pfizer, Moderna y AstraZeneca/Oxford. Las vacunas que se están desarrollando están mostrando, de momento, parámetros adecuados de seguridad y eficacia y serán una pieza clave para conseguir superar cuanto antes esta situación. Es difícil emitir un pronóstico pero coincido con los expertos que auguran que en el segundo semestre de 2021 podremos estar recuperando la "antigua normalidad".

¿Qué mensaje le mandaría a la ciudadanía?

El mensaje principal en este momento es que necesitamos mantener las medidas preventivas para conseguir reducir la transmisión comunitaria y, sobre todo, evitar una tercera ola. Ya nos relajamos en verano y estamos sufriendo las duras consecuencias. No nos puede ocurrir lo mismo y hay que asumir que tendrán que ser unas Navidades diferentes a las de otros años. En particular, hay que asumir que juntarse para comer (y por tanto sin mascarilla) en un espacio cerrado como puede ser el salón de una casa con varias personas con las que no vives habitualmente supone un riesgo importante de transmisión del virus.

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