CARTAS DE LOS LECTORES
Actualizado 03/12/2020
Enviado por Enrique Payo León

El morbo vírico de España ha infundido el terror en los eventos de masas. Si no en todos, en el caso de la cultura es evidente. No ha sido menos en los centros educativos de enseñanzas musicales, caso que nos concierne, en los que no solo el público sino las agrupaciones camerísticas han tenido que lidiar con la distancia de seguridad sanitaria. Ni que decir de los grupos numerosos como orquestas, bandas y coros.

En este contexto se ve inmerso el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León (COSCYL), en Salamanca. No ha querido quedarse atrás y ha asumido una importante inversión en material audiovisual. Su canal de YouTube, COSCYL TV, apunta a ser una plataforma que albergue recursos de calidad notable, dando a conocer el trabajo que se desarrolla en las aulas, por fin, fuera de los muros del centro. Desde el primer vídeo disponible, de diciembre de 2018, se aprecia una enorme evolución en materia técnica, centrada sobre todo en estos últimos meses desde el comienzo de la pandemia.

Si nos preguntamos cómo se han adaptado los conciertos del centro a la nueva realidad, debemos analizar varios factores. En primer lugar, la cuestión de aforo y presencialidad. El patio de butacas se ha diseminado en infinitos lugares, pasando de albergar espectadores en carne y hueso a ser ubicación de las cámaras de vídeo que retransmiten el concierto on streaming. Aun así, se mantiene un mínimo de público, que ingenuamente trata de evitar perder el carácter humano de los conciertos, un interesante reto para el músico. En el auditorio del COSCYL se admite ahora un aforo de 15 personas, sin duda muy inferior a las 400 butacas de que dispone. Llamativo, dado el aforo máximo de otros recintos, como las 45 personas en los autobuses urbanos de la ciudad.

Sin embargo, el factor más relevante es la forma en que se desarrollan ahora los conciertos; pongámonos técnicos por un momento. Adelantábamos que el COSCYL ha realizado una fuerte inversión en material técnico. Por suerte, el centro ha sabido comprender la igual importancia entre imagen y sonido en una producción audiovisual. Así, se ha hecho con equipo tanto de sonido como de vídeo. Aunque hay detalles que pulir, en línea general el resultado es casi sobresaliente. Algunas de las mejoras posibles son el buen diseño y enfoque de la iluminación o la composición de planos de vídeo mejor encuadrados, para lo que se requieren algunos conocimientos técnicos avanzados. En cuanto al sonido respecta, la calidad del equipo aporta una naturalidad y nitidez muy profesionales. Sin embargo, están cometiendo el error de afrontar todos los conciertos de la misma manera, cuando cada cambio de agrupación requiere el pertinente ajuste en el sistema de sonido. No tiene la misma sonoridad, poniendo un ejemplo, una guitarra sola que un trío de violín, violonchelo y piano.

El último aspecto que vamos a analizar es la programación del auditorio del centro. Este cambio en el desarrollo de los conciertos ha hecho que, con un calendario de eventos equivalente al del pasado año, la oferta parezca mucho mayor. La nueva realidad virtual supone un mayor aprovechamiento de las sesiones musicales. Esto ha gustado tanto a los alumnos como, por ejemplo, a sus familiares, que ya no tienen que recorrer el país para escuchar los conciertos. Bien es cierto que la programación es equivalente solo de forma cuantitativa a la de años anteriores, pues entrando en detalle se aprecia una inclinación de la balanza hacia los conciertos de docentes respecto a los de alumnos; no olvidemos que es un centro de educación en el que deben primar los segundos. Y es que si a alguien ha parecido gustar más que a nadie esta nueva realidad es a los profesores del centro. En las últimas semanas se ha podido ver un aumento en los conciertos de docentes: concierto de piano, de guitarra, el concierto de Santa Cecilia por varias agrupaciones, concierto de trío clásico, etc. Sin embargo, esto va a repercutir positivamente en la educación de los alumnos. La ilusión por el escenario se ha vuelto a despertar en los profesores, que pueden ahora compatibilizar su labor docente con la actividad concertística sin moverse del centro. Más aún, los estudiantes tendrán a su disposición, en el canal de YouTube del conservatorio, el mejor ejemplo que pueden tomar para su aprendizaje: el de sus maestros.

El COSCYL va por muy buen camino, tiene profesores que están dando todo de sí para ello, pero si quiere llegar a la matrícula de honor necesita algo más de trabajo. No se trata de asumir más carga en una agenda ya suficientemente ocupada, sino de delegar tareas. En los años que corren, con avances tecnológicos cada vez más sofisticados, se hace necesaria la contratación de personal cualificado para las tareas que hemos tratado. Quizás hasta hoy no merecía la pena, dado que no se realizaban este tipo de actividades; pero ahora, sin duda alguna, la figura del técnico audiovisual se hace ineludible en un centro de educación musical. Un puesto muy rentable, por cierto, ya que puede aprovecharse para impartir la inexcusable asignatura de sonido e imagen, que otorga a los alumnos las herramientas audiovisuales que vienen reclamando desde hace mucho tiempo.

Con todo esto, pese al caos que marcó el final del curso pasado, debemos felicitar al COSCYL por su rápida reacción en este que acaba de empezar, y por haber trabajado con tanto empeño para mitigar los efectos de la pandemia, no solo en un sector tan golpeado por sus consecuencias, sino en la educación que forma a quienes en un futuro lo mantendrán vivo. Desde luego, ventilar el centro está acarreando una renovación de aires que promete ser muy fructífera.

Enrique Payo León, estudiante del Máster de Música Hispana (investigación musical) en la Universidad de Salamanca

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