OPINIóN
Actualizado 14/10/2020
José Amador Martín

El otoño es una estación privilegiada para fotografiar. Además de paisajes generales, las hojas muertas son uno de los símbolos que mejor sintetizan el ambiente otoñal.

Todos los manuales de fotografía aseguran que las mejores horas para fotografiar son las de la mañana y las de la tarde, a sabiendas de que la mayoría de las fotos se hacen en verano. En otoño no hace falta seguir al pie de la letra esas recomendaciones porque la luz de esos meses reúne las mejores características de la luz natural y vespertina a lo largo de casi todo el día. A medida que la estación avanza, el sol se eleva menos en el cielo, haciéndose su trayectoria cada vez más horizontal. El tiempo que dura la luz lateral es por lo tanto más largo confiriendo volumen a los objetos que la reciben. Las claves de estas fotos residen en la nitidez y la iluminación.

La luz otoñal se caracteriza en primer lugar por su tonalidad, más cálida que la del verano. Al estar el sol más bajo en el horizonte, la capa atmosférica que deben atravesar los rayos es mucho más importante que en verano. Si tuviéramos un fotocolorímetro, aparato que traduce en grados Kelvin(K) la temperatura de la luz, comprobaríamos que a medida que el sol se aproxima al horizonte, la temperatura de color baja de los 5000-5500 K de mediodía a los 3000 K de por la tarde o incluso 2000 antes de la puesta de sol. Los objetos iluminados con la luz de otoño aparecen de un color rojizo.


La abundancia de la luz cálida se suma a los colores, también cálidos, de la vegetación. La producción de clorofila disminuye o se detiene completamente al tiempo que otros pigmentos de las hojas imponen sus colores entre los que predominan amarillos, ocres y rojizos, adecuados a la imagen del otoño.

Además de la luz el impacto producido por un color determinado está influenciado por los colores de su entorno. Nuestro ojo tendrá la impresión de que aquel amarillo de una hoja está tiñendo de rojo si está próximo a una superficie azul a la vez que el azul parecerá más violeta (un color colorea su entorno inmediato de su complementario). Por eso es importante observar las relaciones de tonalidad es para crear contrastes más acentuados o, por el contrario, buscar la armonía entre ellos.

La calidez de la luz no es el único atractivo otoñal. Las mañanas, además de ser frescas son también más húmedas y, al amanecer, el campo puede estar invadido por una bruma que desaparece con los primeros rayos de sol, pero que dota las imágenes de un cierto de misterio.

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