OPINIóN
Actualizado 23/08/2020
Carlos Javier Salgado Fuentes

Esta semana hemos recibido desde las instituciones señales que han evidenciado lo que los datos sobre contagios por covid ya venían apuntando cada vez de forma más nítida, esto es, que la segunda gran oleada del coronavirus ya está a la vuelta de la esquina, habiendo decretado la Junta una reducción de los aforos para intentar frenar los contagios (que registran ya un ritmo diario similar al de hace tres meses), y con Fernando Simón reconociendo que la evolución es mala y hay zonas en España que ya puede considerarse que están fuera de control en lo que concierne al virus.

En el caso de la provincia de Salamanca, cabe apuntar que entre el 15 y el 20 de agosto se han confirmado un total de 231 casos nuevos por covid, lo que no hace sino corroborar el crecimiento paulatino del número de casos nuevos en nuestra provincia, que había registrado 174 positivos confirmados entre el 10 y el 14 de agosto, cifra que a su vez superaba los 122 registrados del 5 al 9 de agosto.

Desgraciadamente, toca reconocer que gran parte de los malos datos y evolución que se vienen registrando en las últimas semanas en España se deben a que, como sociedad, hemos fallado. Y es que ha habido una relajación bastante generalizada en lo que concierne a tener permanentemente presentes las medidas necesarias para frenar el virus.

De hecho, se podría decir que las lamentables y fatales consecuencias de la primera oleada de covid respondían en buena medida a la falta de previsión y la improvisación frecuentemente desatinada de las medidas tomadas por los gobiernos tanto central como de las comunidades autónomas. Sin embargo, esta segunda oleada parece estar más relacionada con la falta de tomarse en serio el virus y la propia situación por parte de capas importantes de nuestra sociedad, más que por la mala praxis de nuestra clase política.

En este aspecto, cabe preguntarse por qué, siendo conscientes de las consecuencias del virus en forma de miles de fallecimientos en el país, así como sabiendo también el daño sufrido por nuestra economía debido a la pandemia, no hemos sido más cuidadosos como sociedad de cara a evitar el temido repunte de los casos.

Y es cierto que la mayoría de nuestros paisanos han hecho caso de las medidas decretadas por las autoridades sanitarias, pero ello no evita que una parte nada desdeñable de la sociedad haya preferido hacer caso omiso de las mismas (dándose incluso manifestaciones anti-mascarillas), poniendo en riesgo a todos, a los que cumplen y a los que no.

Ahora, desgraciadamente, el fantasma de la segunda oleada ya asoma las orejas en el horizonte, y lo hace sin que se haya conseguido aún una vacuna con todas las garantías testadas por las autoridades sanitarias internacionales. De modo que, hagamos entretanto todo lo posible para frenar al virus, y que Dios nos pille confesados, pues se avecinan curvas.

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