OPINIóN
Actualizado 02/06/2020
Francisco Delgado

Todo el conjunto de experiencias ligadas a la pandemia por el Covid19, han dado lugar secundariamente a un aumento alarmante de los problemas de salud mental. El Director general de la OMS ha notificado hace semanas que un gran porcentaje de la población requerirá algún tipo de ayuda psicológica, especialmente el colectivo de sanitarios que han estado en primera línea de la epidemia y la población infantil. Las encuestas que se han efectuado en varios países hablan de porcentajes que requerirán ayuda psicológica y/o psiquiátrica, en torno a la mitad de la población de los sanitarios y similar porcentaje en los niños.

Síntomas relacionados con la ansiedad, como inquietud generalizada, dificultades en el sueño, temor al contagio, fobias a salir a la calle de nuevo y otros relacionados con la depresión, como sentimientos de tristeza y duelo ante la pérdida de seres queridos, o ante la pérdida de empleo o pérdidas económicas, se han incrementado significativamente. También patologías mentales previas a la pandemia, como el alcoholismo y muchos casos de neurosis, psicosis y trastornos de la personalidad, han agravado su sintomatología.

La semana pasada el Dr. Rojas-Marcos, Jefe de Salud Mental en Nueva York declaraba en la prensa española que el tratamiento más apropiado para hacer frente a este aumento de problemas de salud mental en la población por las experiencias durante el coronavirus, es la psicoterapia de grupo. Lo razonaba diciendo que siendo una patología que ha nacido como consecuencia de experiencias colectivas de la pandemia, el hablar en un grupo en el que todos han compartido experiencias similares, ayudaría a los pacientes a integrar sus propias vivencias, al escuchar otros puntos de vista semejantes.

La psicoterapia de grupo tiene una serie de dispositivos que le hacen aumentar la eficacia terapéutica sobre otros tratamientos. El grupo se constituye en una red de confianza, en el que la regla de la confidencialidad de todo lo hablado en la sesión y otras normas destinadas a crear la seguridad del grupo, da lugar a que cada individuo se perciba único, a la vez que perteneciente a un grupo de semejantes.

El problema en nuestro país es la escasa implantación de las psicoterapias de grupo tanto en el ámbito de la sanidad pública como en el ámbito privado. El motivo principal es el bajo número de psicólogos y psiquiatras con esta especialización. Excepto en los grandes hospitales de las mayores ciudades españolas, en muchas ciudades e instituciones públicas no aparece esta posibilidad terapéutica, que además de tener una alta eficacia, es mucho más rentable en costes, por el mayor número de personas atendidas y los recursos menores en personal y tiempo que la psicoterapia de grupo requiere.

Quizás el marcado individualismo de nuestra cultura ha sido el mayor obstáculo para la expansión de este tipo de psicoterapia. Pero las circunstancias especiales que aún nos rodean son una ocasión óptima para que las psicoterapias de grupo tengan un papel importante en la atención de este gran incremento de problemas de salud mental derivados de esta grave pandemia.

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