OPINIóN
Actualizado 25/01/2020
Eutimio Cuesta

Desde el alto del cerro de la Carrallano, oteo, en todas las direcciones, los puntos aproximados donde, antiguamente, estuvieron ubicadas unas aldeas: Sotrobal, Araúzo, Fresnillo, Melardos, San Mamed, Garcigrande, Valverde, Gómez Velasco, Carabias, Valeros?, y que hoy se catalogan como fincas, dehesas o cotos redondos. Aldeas que, paulatinamente, se han ido despoblando, y los cimientos de sus casas y de sus iglesias han quedado sepultados por la acción del tiempo, del desuso y del trajín del arado.

La despoblación de esos pueblos se dio por diferentes motivos, pero nos vamos a centrar en los principales. Cuando se llevó a cabo la repoblación de la tierra de Alba, en 1224, hubo que edificar pueblos nuevos, pues los ya existentes eran insuficientes para albergar las oleadas de familias, que venían a establecerse a nuestras tierras. Una característica de la ubicación de estas nuevas aldeas era la proximidad y, por consiguiente, el estrechamiento de los términos. Vale cualquier ejemplo para confirmar esta realidad: Fresnillo distaba de Tordillos media legua y de Santiago, tres cuartos de legua; tal ocurre con Sotrobal, a una distancia similar de Macotera y de La Nava; otro tanto, con Melardos, de Santiago de la Puebla y Alaraz... A este problema, le sigue el más definitivo: las cargas fiscales que tienen que soportar. Se decía que, de cada puño de sementera, tenía que producir cinco, que se distribuían así: un puño, para el clero; un puño, para el monarca; un puño, para el señor; un puño, para los pájaros y el quinto, para el vasallo labrador. Éste, con su parte, tenía que alimentar a su familia y su ganado, y, además, apartar la simiente para la próxima sembradura. Y la cosecha dependía del cielo, y venían años de extrema sequía, de nieblas y tormentas, como sucedió en 1502, en que no se cogió un grano de cereal ni de uva, porque la piedra y el granizo arrasaron panes y viñedos; y, entonces, el campo no era, lógicamente, tan productivo como ahora. Antaño, la huebra de buena calidad daba cinco o seis fanegas; la de media calidad, cuatro y la de tercera calidad, dos o tres.

Esta situación, sobre todo, en el siglo XVI, fue insostenible, y la gente empobrecida, perseguida por la miseria y el hambre, se vio forzada a abandonar y buscar nuevos horizontes, también inciertos. La situación la describe, con toda su crudeza, la novela picaresca "El Lazarillo de Tormes", "tiempos en que había más ingenio que bienes de la tierra". Y de la situación, no fue ajena la Corte, pues el 17 de septiembre de 1544, desde Valladolid, el príncipe Felipe (Felipe II) escribe a su padre, Carlos V, y le dice: " la gente común, a quien toca pagar los servicios, está reducida a tan extrema calamidad y miseria, que muchos andan desnudos, sin tener de se cubrir..."

Y se ve obligada a llevar una vida andariega, de allá para acá, siempre a la búsqueda de un nuevo horizonte donde poder mejorar, donde probar su suerte, es que, cuando la miseria acosa, obliga a este estilo de vida itinerante.

Y estas son las razones de que varias aldeas de nuestro entorno, se fuesen vaciando, quedándose sin gente; sus términos, en algunos casos, se anexionaron a las aldeas vecinas, como ocurrió con Fresnillo, que engrosó el término de Tordillos; Sotrobal, el de La Nava; Melardos, el de Santiago y Valeros, el de Gajates; el resto se utilizó para pagar servicios a grandes señores, que prestaron su apoyo al monarca en sus andanzas bélicas.

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