OPINIóN
Actualizado 02/11/2019
Tomás González Blázquez

Diagnóstico: Éxitus. Salida. Cierre de la historia clínica. El último diagnóstico. Hacerlo no suele conllevar gran dificultad pero rubricarlo nunca deja de conmover. La mayoría previsibles o acompañados, pero no me han faltado los repentinos. Casi todos en la ancianidad, mas algunos pronto, "temprano levantó la muerte el vuelo"? Por causas naturales siempre, menos aquella carretera maldita y aquella soga desesperada.

Si cada acto médico significa una concesión de la intimidad de la persona fundada en la confianza, entrar en la presencia de la persona muerta, ya sin voluntad por sí misma, sin capacidad de decisión, supera la frialdad de la necesidad administrativa de un certificado. Alguna vez el cadáver estará solo, otras muy rodeado. Aún caliente o modificado por el paso de las horas o incluso días. De rostro conocido en el que se identificaron sonrisas y dolores, o visto por primera y última ocasión. Como el golpe de ataúd en tierra, "es algo perfectamente serio" el estruendoso silencio al depositar el fonendoscopio sobre el pecho. Las pupilas, desmayadas, no obedecen a más luz, es otra la que impera.

Estar allí, cuando, parafraseando el prefacio de Difuntos, se ha deshecho la morada terrenal, involucra en el tránsito y recuerda al testigo que también habrá de morir. Que, sin saber ni el día ni la hora, dentro de los años que Dios quiera, será otro quien se cuele en su partida, decida sus causas inmediata, intermedia y fundamental, y las acredite con número de colegiado. El contacto no cotidiano, pero sí frecuente, con la muerte, y la relación diaria con su proximidad y con sus consecuencias, permite normalizarla pero no convertirla en una rutina laboral más.

No es la muerte la enemiga del médico; muy mala si lo fuera, porque sólo concede aplazamientos. Tampoco es su fracaso, ni su aliada, ni el descanso para el que sufre, ni la dignidad robada. Simplemente es una salida. Éxitus. ¿Éxito? En cualquier caso, un camino completado. Desde la búsqueda, "aunque la certeza de morir nos entristece", una pregunta que necesita pronunciarse, salir, morir. Desde la fe, una respuesta: "la vida no termina, se transforma".

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