OPINIóN
Actualizado 25/09/2019
José Amador Martín

El otoño es esa estación romántica, melancólica y armoniosa que todos los fotógrafos se apresuran a capturar a su llegada. Y no es para menos, su luz, sus colores y la energía que desprende, son el combustible ideal para potenciar la creatividad de cualquier artista visual. En las horas del otoño todo recobra la calma, es un seno en el que se alojan las mil semillas que son promesas de vida.

Todo cae al caer las hojas, mientras regresa el árbol a su raíz. Y el hombre a su ser, a su latir secreto. Mientras hay un desmoronamiento fuera, una luz, una hoguera se enciende en el adentro. En esta hora del otoño la creación entra en un sueño y pasa horas y horas en la sombra, en la penumbra, en la oscuridad, acurrucada en el secreto abrazo de la tierra. La vida queda enterrada, y revivirá al calor de la primavera.

Los colores del otoño

La llegada del otoño podría interpretarse como el inicio de un período gris y de menor actividad. Pero también puede verse como una explosión de matices cromáticos, que curiosamente provienen de una menor luz ambiental Parte de la irresistible atracción que sentimos hacia este mundo natural proviene, sin duda, de las sensaciones cromáticas que nos transmite. Los colores del medio natural impresionan vivamente nuestro arsenal de recuerdos, y direccionan nuestra conducta emocional hacia el medio ambiente. El otoño, al igual que la primavera expresa su evolución a través de una transformación cromática inimitable. La disminución otoñal de temperatura y luz se convierte, sorprendentemente, en una manifestación sutil e insospechada de nuevos colores. Si algo identifica el otoño, es el esperado cambio en la tonalidad de las hojas, de tantos y tantos árboles de hoja caduca. El brillante verde estival torna hacia coloraciones amarillas, marrones, violáceas o púrpura, signo del inicio de una menor actividad vegetal. Curiosamente, la transición hacia esta diversidad cromática la causa la menor cantidad de luz ambiental.

La vida es como un silencio otoñal, todo el árbol se vuelve otoño. Se vuelve silencio. Es la tierra habitada por el silencio que alumbrará la vida. El silencio se hace evidencia del corazón, por tanto evidencia del amor. La vida se reúne y se congrega en el seno del silencio para después renacer.

El otoño es sementera; es paciencia con cierta impaciencia. Es despojo, desapego, transparencia, se caen las hojas y el bosque se vuelve transparente. Cuando se caen las palabras, cuando se detienen los deseos, cuando cesan las expectativas, el alma se vuelve transparente de la trascendencia que le habita.

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