OPINIóN
Actualizado 09/02/2019
Tomás González Blázquez

Inconfundible UDS:

Seis años cumplo sin faltar a esta epístola en torno a tu aniversario, al 9 de febrero de tu fundación en 1923, hace ya noventa y seis inviernos. Nació esta columna sin más números que los que no tiene la Calle de la Fe cuando tú ya habías dejado de jugar, allá por 2013. Cómo me habría gustado traer aquí crónicas de tus partidos, matices de tus asuntos, vertientes de tus polémicas y perfiles de tus protagonistas? pero no. Reservártela cada febrero es lo mínimo que, en mi cortísima capacidad, puedo hacer por tu nombre y por tu historia, sobre todo ahora que poco importa a unos cuantos, con mayor alcance mediático, difuminar lo que significas de patrimonio común para los salmantinos que te alentamos y los foráneos que contemplaron tus gestas en tantos campos de España.

Porque tú, la Unión, el Salamanca, que por ambos nombres respondías, fuiste. Claro que sigues viva. En la memoria, en el cariño, en el palmarés, en el recuerdo, en la admiración. Y claro que ya no juegas. Ni el Salamanca cesa al entrenador, ni su presidente dimite, ni es propiedad de un mejicano, ni un grupo de sus aficionados hace tal cosa antes de un partido o grita no sé qué tras un gol visitante? Llamar a las personas, a las instituciones, a los hechos, por su nombre, contribuye sin duda a informar. Otorgar a alguien el nombre de otro, sin embargo, confunde, engaña y, entonces, deforma y desinforma.

No somos pocos los que, todavía, sabemos y repetimos que el Salamanca entró en proceso de liquidación el 18 de junio de 2013. Quién sabe si dentro de unos años seremos una minoría, querida Unión, los que aceptemos que viviste noventa hermosos años y, como le ha pasado a otros clubes de fútbol, tu tiempo terminó. A fuerza de afirmar lo que no es con insistencia, y de ocultar lo que es con obstinación, pretenden abrir paso al negacionismo de lo innegable y a la construcción de una continuidad imposible. Pero tú no te lo mereces, Unión. Ni nos los merecemos los que queremos conservar las nueve décadas del Salamanca como un sentimiento compartido por todos los que abrazamos tu escudo. Nunca tuvimos necesidad de taparlo con pegatinas los que lo respetamos como lo que es. Y tú sigues siendo de todos, sigamos ahora a un equipo, a otro o a ninguno. Extender la confusión sobre ti resulta una extraña manera de amarte. ¿No será posible que dejen de "quererte" así, como si existieras aunque ya no existes, como si "el Salamanca" no fueras tú sino cualquiera que pasara por aquí?

Yo no te confundo con nadie, querida y añorada Unión. Sería como someter mi razón a la propaganda. Sería como avergonzarme de mi dolor cuando te marchaste. Sería como decir que nunca fui niño, que nunca canté tus goles, que nunca lloré por ti?

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